Las acciones de IBM sufrieron una caída de más del 25% tras la publicación de resultados preliminares que no cumplieron con las expectativas del mercado, lo que provocó una de las mayores pérdidas diarias en la historia reciente de la compañía. Este desplome supera incluso las cifras registradas durante el denominado “Lunes Negro” de 1987.
El martes 14 de julio, IBM informó que los ingresos correspondientes al trimestre finalizado en junio ascendieron a 17.200 millones de dólares, lo que representa un crecimiento de 1% en comparación con el mismo periodo del año anterior.
La compañía estadounidense admitió que la cifra se ubicó por debajo de las previsiones de los analistas, quienes estimaban ingresos cercanos a 17.860 millones de dólares. La empresa también anticipó ganancias ajustadas por acción de 2,93 dólares, cuando el consenso de los expertos se situaba en 3,02 dólares.
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La advertencia de la empresa sobre su desempeño se atribuyó a cambios en los hábitos de gasto de sus clientes corporativos, quienes han reorientado sus inversiones. El director ejecutivo de IBM, Arvind Krishna, señaló en una carta dirigida a los inversionistas: “En las últimas semanas de junio, vimos cómo los clientes reorientaban su gasto trimestral de capital hacia la compra de servidores, almacenamiento y memoria para asegurar una infraestructura con suministro limitado ante los aumentos de precios previstos”.
Resultados trimestrales y advertencia de IBM
La publicación de los resultados de IBM generó una reacción en cadena en el sector tecnológico. El martes se registró una venta masiva de acciones de empresas de software, en la que compañías como Microsoft, ServiceNow, Salesforce e Intuit sufrieron caídas de entre 3% y 5%. Esta tendencia reflejó una creciente preocupación sobre el futuro inmediato del sector, especialmente por la influencia de la inteligencia artificial y la migración del gasto hacia nuevas infraestructuras tecnológicas.
El cambio en las prioridades de inversión se vinculó al auge global por desarrollar infraestructuras de inteligencia artificial. El aumento de la demanda de servidores, chips de memoria y soluciones de almacenamiento elevó los precios y generó escasez en el suministro. Ante esta coyuntura, muchos grandes clientes de IBM aceleraron sus compras de hardware para adelantarse a los incrementos de precios previstos.
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Impacto en el sector tecnológico y reacción de los mercados
Este desplazamiento del gasto corporativo afectó especialmente a los productos tradicionales de IBM, como las computadoras centrales y el software asociado, que habitualmente ofrecen mayores márgenes y procesan millones de transacciones diarias para sectores como la banca y las aerolíneas. La empresa reconoció que “numerosos acuerdos importantes” no se habían cerrado en el periodo estimado, lo que contribuyó a la reducción de ingresos y márgenes.
Además, la compañía observó que varias organizaciones priorizaron el gasto en ciberseguridad debido a los recientes avances en las capacidades de ataque impulsadas por la IA. Esta tendencia limitó el crecimiento de las áreas tradicionales de negocio de IBM, que confiaba en una mayor demanda de software y servicios asociados a su infraestructura principal.
Efectos en el negocio principal de IBM
El contexto actual generó incertidumbre entre los inversionistas y analistas del sector tecnológico. Chris Beauchamp, analista jefe de mercado de IG Group, consideró: “Este es un momento difícil para IBM y las acciones de software... la gran pregunta será cuánto tiempo durará el cambio hacia la infraestructura y la ciberseguridad”. El especialista añadió: “Unos pocos meses más podrían ser soportables, pero si pasa más tiempo, volverán a surgir serias dudas sobre las acciones de empresas de software”.
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El temor entre los inversores en software se relacionó además con la posibilidad de que las herramientas de inteligencia artificial capaces de automatizar tareas rutinarias representen una amenaza para el sector, afectando la demanda tradicional de productos y servicios.
El desempeño de IBM durante el segundo trimestre ilustró cómo la transformación digital y la carrera por la inteligencia artificial están modificando las dinámicas de inversión y el panorama competitivo para los gigantes tecnológicos estadounidenses.