El auge de la inteligencia artificial está marcando una nueva etapa en la industria tecnológica, donde directivos de grandes empresas la utilizan como argumento para justificar despidos masivos.
Según Paul Osterman, un destacado profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT por sus siglas en inglés, y especialista en recursos humanos, la IA se ha transformado en el “escudo” perfecto para los CEO que buscan reducir plantillas bajo el pretexto de la innovación y la eficiencia.
Este fenómeno cobra actualidad, ya que en 2026 el número de empresas que recurre a este discurso crece tanto como el debate sobre el verdadero impacto de la automatización en el empleo.
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El tema importa hoy porque, tras cada anuncio de recortes, suele encontrarse la misma narrativa: la tecnología avanza y las compañías deben adaptarse. Sin embargo, detrás de esta justificación tecnológica se esconden estrategias de marketing y ajustes postpandemia que poco tienen que ver con la adopción real de sistemas inteligentes.
IA y despidos: una tendencia en Silicon Valley
Durante los últimos dos años, firmas como Wix, Cloudflare, Block, Meta, Snap, Atlassian y Cisco han implementado recortes de personal masivos, señalando a la inteligencia artificial como el motor del cambio.
Por ejemplo, Wix despidió al 20% de su plantilla y su CEO argumentó que la IA exigía una organización más ágil. Cloudflare, en un comunicado interno, subrayó que el uso de IA en la empresa creció un 600% en tres meses y, acto seguido, eliminó más de mil puestos de trabajo.
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El caso de Cisco es ilustrativo: la compañía anunció 4.000 despidos el mismo día que sus acciones subieron un 13% en bolsa. El CEO, Chuck Robbins, justificó la medida diciendo que la empresa necesitaba reenfocar inversiones en áreas de mayor valor a largo plazo, haciendo hincapié en la IA como motor de la reestructuración.
El “AI Washing”: una estrategia de imagen empresarial
Paul Osterman, desde el MIT, define este fenómeno como AI Washing: el uso de la inteligencia artificial como justificación para decisiones impopulares que, en realidad, responden a problemas de gestión o a la necesidad de recortar gastos tras la sobrecontratación de la pandemia. Según Osterman, “la IA es la cobertura perfecta: da la impresión de que el despido no es una decisión de la directiva, sino una evolución inevitable”.
Esta estrategia evita que los CEO reconozcan errores de gestión o exceso de contrataciones. El experto en IA Andrew Ng coincide en que muchos recortes actuales se deben a ajustes tras años de crecimiento artificial impulsado por la pandemia, y que la IA sirve como excusa para suavizar el mensaje ante inversores y empleados.
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El impacto real de la IA: ¿transformación o destrucción de empleo?
El discurso dominante sostiene que la IA elimina puestos de trabajo, pero la realidad es más compleja. Según el informe “State of the Workplace 2026” de Productivity Lab, la IA no elimina empleo de forma directa, sino que transforma las tareas y amplía la demanda de nuevas competencias.
El estudio revela que, aunque la automatización acelera procesos, también incrementa la carga de trabajo y la presión sobre los empleados, quienes dedican más tiempo productivo incluso los fines de semana.
Durante la pandemia, muchas tecnológicas crecieron de forma desmesurada, triplicando plantillas y apostando por proyectos de alto riesgo, como el metaverso de Meta. Al normalizarse el mercado y desaparecer el crecimiento acelerado, las empresas enfrentan la necesidad de ajustar cuentas y reducir costes. La IA aparece entonces como el argumento perfecto para justificar recortes sin asumir responsabilidades por la gestión previa.
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El “AI Washing” permite a las compañías presentar los despidos como una consecuencia inevitable del progreso tecnológico, en lugar de reconocer que la reorganización responde a una mala planificación o a la necesidad de mantener la rentabilidad ante los inversores.
El verdadero desafío será lograr que la innovación sirva para crear valor social y laboral, en lugar de convertirse en una simple coartada para el ajuste de plantillas en las grandes empresas.