La influencia de la inteligencia artificial (IA) está alterando el plano educativo en países como Estados Unidos, impactando en cómo los jóvenes y sus familias deciden qué carreras universitarias elegir y qué instituciones considerar, ante la incertidumbre sobre el valor real de una titulación en un mercado laboral transformado.
En Estados Unidos, la fecha límite del 1 de mayo, conocida como “Día de la Decisión Universitaria”, marca cada año el momento en el que estudiantes deben formalizar su ingreso, pero ese proceso está marcado por una gran dosis de incertidumbre.
Las dudas sobre el retorno de la inversión educativa se agudizan con los crecientes costos de matrícula, sumado a la dificultad de predecir qué especializaciones brindarán mayores oportunidades laborales frente a la automatización.
Cómo la tecnología ha aumentado la incertidumbre sobre qué carrera elegir
La irrupción de la inteligencia artificial ha difuminado las certezas tradicionales respecto a la utilidad de ciertos títulos. Brianna Angelucci, asesora universitaria del grupo Access to College Experts, observa que padres y alumnos enfrentan “más confusión que nunca antes” al organizar sus trayectorias académicas.
CNN recogió testimonios que ilustran esta inquietud: antiguas “apuestas seguras” como la informática ya no garantizan estabilidad, mientras que las áreas STEM, ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, surgen como opción para minimizar riesgos ante la automatización.
Este cambio se refleja en las decisiones de familias como la de Kate Hilgenberg, residente en Nueva York, quien declaró que prefiere que sus hijos se orienten hacia disciplinas científicas y técnicas.
“Me alegra mucho que mis hijos se estén orientando hacia los campos STEM, porque siento que son áreas menos susceptibles de ser absorbidas por la inteligencia artificial”, dijo a CNN.
Para profesiones creativas, como la ilustración, la percepción es opuesta: “No permitiría que mi hijo fuera a la universidad para formarse como ilustrador, pues la IA está acaparando ese terreno por completo”.
De qué forma impacta el componente económico en la decisión
La preocupación financiera influye en los acuerdos familiares para costear la universidad. Hilgenberg impone límites estrictos en el apoyo económico y deja en manos de sus hijos la decisión de endeudarse.
Otras voces, como la de Lucy Hughes, madre en Carolina del Norte, priorizan el desarrollo de competencias que aseguren “ingresos económicos”, aunque eso implique orientar a sus hijos lejos de carreras vocacionales. “Si mis alumnos quisieran ser maestros, yo les diría: ‘No, no voy a pagar por eso’; ¡y eso que yo fui maestra!”.
Asimismo, la opción por títulos de dos años, programas de formación profesional o la carrera militar, surge como vía más “resistente a la IA”, y menos costosa.
Mary Akkerman, madre de Dakota del Sur, dijo que las alternativas técnicas o de comunidad se han normalizado, brindando trayectorias laborales más rápidas y previsibles en un contexto de incertidumbre. “Constantemente me enfrento a la idea de ‘qué tiene valor’”, confesó, tras visitar más de 30 campus junto a sus hijos.
Por qué todavía vale la pena estudiar en la universidad
El título universitario continúa ofreciendo beneficios. Según el College Board, quienes se gradúan de una carrera de cuatro años ganan en promedio un 60% más que quienes solo cursaron la secundaria y presentan menos riesgo de desempleo incluso en recesiones económicas.
No obstante, el rendimiento varía según la especialidad elegida, sumado a la forma en la que el sistema educativo logre adaptarse a las exigencias del mercado laboral reformulado por la inteligencia artificial.
A la incertidumbre tecnológica se suma la parte económica. El precio promedio de la matrícula y cuotas universitarias para 2025-2026 en universidades públicas de cuatro años para estudiantes de fuera del estado aumentó un 3,4%, llegando a 31.880 dólares anuales, mientras que en privadas sin fines de lucro el incremento fue del 4%, alcanzando los 45.000 dólares al año, según el College Board.