En el escenario actual de los servicios financieros digitales en Colombia, más de 410 fintechs gestionan diariamente la información económica y bancaria de empresas y personas. Sin embargo, solo una minoría de estas plataformas puede demostrar, con evidencia verificable, que protege estos datos bajo estándares internacionales de seguridad.
La brecha entre la rápida adopción tecnológica y la capacidad real de certificar la protección de los datos plantea riesgos directos para los usuarios y el sector.
Cómo es la actualidad de seguridad de las fintech en Colombia
De acuerdo con el Finnovista Fintech Radar Colombia 2025, Colombia alberga más de 410 fintechs locales, lo que la posiciona como uno de los mercados más dinámicos de América Latina. Esta proliferación de plataformas responde a la demanda de soluciones ágiles para pagos, gestión contable, conciliaciones bancarias y automatización de nóminas.
Sin embargo, este crecimiento ocurre en un entorno de alta vulnerabilidad. En el primer semestre de 2025, Colombia registró 7.100 millones de intentos de ciberataques y la Policía Nacional recibió 62.299 denuncias por delitos informáticos. Cada operación digital expone información financiera sensible que, en muchos casos, no cuenta con mecanismos robustos de protección.
La mayoría de las fintechs operan con controles internos cuya eficacia no ha sido auditada por terceros independientes. Solo unas pocas, como Payana, han logrado obtener la certificación ISO/IEC 27001:2022, un estándar internacional que acredita la correcta gestión de la seguridad de la información.
Esta plataforma, que automatiza pagos y facturación para más de 1.500 empresas en la región, es parte de un grupo reducido de fintechs que pueden demostrar con una auditoría externa cómo protegen los datos que gestionan.
La norma ISO 27001 no es solo un distintivo para mostrar en el sitio web. Exige un sistema de gestión de seguridad de la información que cubre todos los procesos críticos de la empresa, desde la dispersión de pagos, la integración bancaria y la operación de agentes de inteligencia artificial, hasta la evaluación de la seguridad de sus proveedores.
Esto genera un efecto cascada: empresas de sectores como la construcción, manufactura y salud ya incorporan este requisito al seleccionar soluciones tecnológicas que manejarán información financiera.
Quienes no cuentan con la certificación quedan excluidos de estos segmentos, ya que la protección de los datos sensibles no puede quedar a merced de una promesa comercial, sino que debe ser comprobable por terceros independientes.
El impacto de una brecha de seguridad en una fintech puede ser devastador. En 2025, el costo promedio global de un incidente de este tipo alcanzó los USD 4,44 millones, según cifras de IBM. Para los usuarios y empresas, esto se traduce en la posible filtración de datos bancarios, robo de identidad, manipulación de cuentas y pérdida de confianza en los servicios digitales.
En Colombia, la respuesta regulatoria comienza a fortalecerse. El Congreso aprobó en primer debate un proyecto de ley que contempla multas de hasta el 5 % de los ingresos operacionales para las empresas que incumplan con la protección de datos personales. Esta medida busca incentivar la adopción de estándares internacionales y la transparencia en la gestión de datos financieros.
Cuál es el papel de la IA en la seguridad de las fintech
El auge de los agentes de inteligencia artificial en la gestión financiera ha elevado el nivel de exposición de los datos. Los sistemas como los de Payana, respaldados por tecnología avanzada, no solo procesan información sino que ejecutan pagos reales y mueven dinero de las compañías. Cada transacción que pasa por estos agentes accede a datos sensibles de nómina, facturación y cuentas bancarias.
A diferencia de las plataformas que funcionan con reglas estáticas, los sistemas basados en IA aprenden de los datos, anticipan errores y pueden tomar decisiones autónomas.
Esta capacidad, aunque ofrece eficiencia, amplifica la necesidad de controles de confidencialidad, integridad y disponibilidad de la información. Si la infraestructura tecnológica que soporta estos procesos no está certificada, la seguridad de los datos queda expuesta a vulneraciones y fraudes.