Un ingeniero de datos logró desarrollar un tratamiento experimental basado en ARNm para su perra con cáncer tras apoyarse en herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT.
El caso, ocurrido en Australia, ha llamado la atención de la comunidad científica luego de que uno de los tumores del animal se redujera a la mitad tras la aplicación de la vacuna, aunque sin evidencias concluyentes de cura.
El protagonista es Paul Conyngham, quien decidió explorar alternativas luego de que los tratamientos convencionales no ofrecieran resultados para su perra Rosie, diagnosticada con un cáncer de células cebadas, uno de los más comunes en la piel de los perros.
La inteligencia artificial como punto de partida
Sin formación en biología ni veterinaria, Conyngham utilizó ChatGPT como asistente de investigación para orientarse en el campo de la inmunoterapia. A partir de sus consultas, identificó posibles caminos de tratamiento y fue dirigido al Centro Ramaciotti de Genómica, donde comenzó a trabajar con especialistas.
Allí pagó cerca de 3.000 dólares para secuenciar el ADN del tumor de su mascota, un procedimiento poco habitual para particulares. Con los datos obtenidos, recurrió a distintas herramientas de inteligencia artificial para identificar mutaciones relevantes.
Entre ellas utilizó AlphaFold, desarrollado por Google DeepMind, con el objetivo de modelar la estructura de proteínas y entender mejor el comportamiento del tumor.
Del análisis a un tratamiento experimental
Con la información procesada, Conyngham identificó posibles fármacos, aunque se encontró con obstáculos regulatorios cuando el fabricante de uno de ellos se negó a facilitarlo para uso experimental.
Fue entonces cuando, junto a investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur, exploró la posibilidad de desarrollar una vacuna de ARNm personalizada.
El proceso incluyó la elaboración de un documento técnico de más de 100 páginas para obtener aprobación ética, requisito indispensable para realizar pruebas en animales. Una vez aprobado, el equipo liderado por el profesor Pall Thordarson fabricó la vacuna en un plazo aproximado de dos meses.
Aplicación y primeros resultados
Para administrar el tratamiento, Conyngham contactó con la especialista Rachel Allavena, de la Universidad de Queensland. Tras un viaje de varias horas, Rosie recibió la primera dosis en diciembre.
Semanas después, los investigadores confirmaron que uno de los tumores se había reducido significativamente. Además, se observaron mejoras en el estado general del animal, como mayor energía y mejor apariencia del pelaje.
Sin embargo, los resultados no fueron uniformes: otro tumor de mayor tamaño no respondió al tratamiento, lo que evidencia las limitaciones actuales del enfoque.
Un caso sin validación clínica
Pese a los avances, los expertos subrayan que se trata de un caso aislado, sin ensayos clínicos controlados ni evidencia suficiente para considerar este tratamiento como una solución generalizable.
El propio Conyngham reconoció que no se trata de una cura definitiva, aunque considera que el procedimiento ha permitido mejorar la calidad de vida de su mascota.
Investigadores como Martin Smith han destacado el valor del caso como ejemplo del potencial de la llamada “ciencia ciudadana”, donde personas con conocimientos técnicos pueden contribuir al desarrollo de soluciones innovadoras.
Implicancias y próximos pasos
El caso también abre interrogantes sobre el futuro de la medicina personalizada y el rol de la inteligencia artificial en la investigación biomédica. Según especialistas, el desarrollo de tratamientos similares para humanos requeriría años de ensayos clínicos y una inversión considerable.
En paralelo, el equipo de la UNSW ya trabaja en una segunda vacuna dirigida al tumor que no respondió, utilizando nuevamente datos genéticos y herramientas de IA.
Más allá de sus limitaciones, el caso de Rosie muestra cómo la combinación de conocimientos técnicos, colaboración científica y herramientas de inteligencia artificial puede acelerar procesos que tradicionalmente tomaban años. Sin embargo, también deja claro que estos avances aún requieren validación rigurosa antes de su aplicación masiva.