El avance de la inteligencia artificial (IA) ha provocado un crecimiento inédito en la demanda eléctrica, obligando a empresas tecnológicas, autoridades y proveedores de energía a replantear la infraestructura energética para garantizar resiliencia y sostenibilidad.
De acuerdo con Fortune, más del 75% de las organizaciones han incorporado IA en sus operaciones, lo que incrementa la presión sobre las redes eléctricas debido, en particular, a la proliferación de centros de datos. Este escenario exige inversiones sustanciales y el desarrollo de soluciones que minimicen el riesgo de saturación, aumenten la eficiencia y contribuyan a la reducción de emisiones contaminantes.
El auge de la demanda energética por la inteligencia artificial
La adopción masiva de IA sitúa al sistema energético ante desafíos críticos. Fortune señala que la Agencia Internacional de la Energía prevé que la inteligencia artificial podría representar hasta la mitad del crecimiento de la demanda eléctrica en Estados Unidos hacia finales de la década.
En estados donde proliferan los centros de datos, el consumo de energía alcanza niveles equivalentes al de ciudades pequeñas. Operadores y empresas tecnológicas deben invertir en sistemas eléctricos avanzados para evitar saturaciones y mantener la continuidad de sus servicios.
Según estimaciones recogidas por Fortune, si esta tendencia continúa, la IA podría elevar la productividad y el producto interno bruto (PIB) global en 1,5% en 2035, cerca de 3% en 2055 y hasta 3,7% en 2075. Sin embargo, este potencial solo puede materializarse si el sector logra integrar infraestructuras resilientes y sistemas inteligentes que acompañen el desarrollo de la tecnología.
Desafíos estructurales y riesgos para la red
El crecimiento acelerado de los centros de datos revela serios cuellos de botella en la red eléctrica estadounidense. Fortune advierte que, en varias regiones con alta concentración tecnológica, el sistema ya opera cerca de su límite y las solicitudes para conectar nuevas instalaciones pueden enfrentar años de retraso.
Las líneas de transmisión originales no contemplaban cargas tan elevadas. Las redes locales experimentan dificultades para adaptarse al volumen y rapidez que demanda la expansión de la IA, lo que incrementa el riesgo de apagones y subidas de precios si no se moderniza la infraestructura.
Aamir Paul, presidente de Schneider Electric para Norteamérica, subraya que, sin modernización y gestión avanzada, aquellos estados con muchos centros de datos podrían sufrir restricciones de suministro y aumentos en los costes energéticos. Las autoridades y compañías del sector deben trabajar conjuntamente para evitar periodos costosos de inactividad digital y pérdidas de productividad.
Soluciones y estrategias empresariales para la resiliencia
Ante este panorama, empresas como Schneider Electric impulsan la transformación mediante la digitalización, la automatización y nuevos modelos de servicio energético. Desde 2020, la compañía ha invertido más de USD 440 millones en Estados Unidos y proyecta sumar USD 700 millones hasta 2027, con el objetivo de ampliar su producción avanzada, investigación y personal técnico.
Un ejemplo destacado es la planta de Lexington, Kentucky, que fue completamente rediseñada tras 65 años con herramientas digitales, automatización, producción flexible apoyada en tecnología 5G y gestión basada en gemelos digitales. Como resultado, la fábrica redujo un 26% sus costes energéticos, disminuyó un 30% sus emisiones netas de CO₂ y logró emplear un 20% menos de agua.
Schneider Electric fomenta la convergencia de electrificación, automatización y procesamiento local de datos para optimizar el uso energético en la industria. En el sector sanitario, Penn Medicine adoptó un modelo de servicio energético gestionado por la compañía en su centro Pavilion, integrando sistemas inteligentes de gestión de edificios y plataformas de monitoreo eléctrico impulsadas por IA. Esta estrategia permitió disminuir costes, recortar emisiones y fortalecer la fiabilidad operativa, todo sin inversiones iniciales elevadas.
La experiencia de Compass Data Centers en Texas, resaltada por Fortune, muestra la eficacia de probar y diseñar componentes de distribución y refrigeración de energía directamente en fábrica. Esta medida permitió reducir hasta en un 50% el consumo energético en las operaciones reales de sus centros de datos.
Impacto económico, ambiental y perspectivas a futuro
El desarrollo de infraestructuras resilientes y la adopción de inteligencia energética transforman la relación entre los centros de datos y la red eléctrica. Según Fortune, las alianzas entre operadores y proveedores de energía, a través de programas de respuesta a la demanda, facilitan que los centros de datos reduzcan su consumo en momentos críticos, ayudando a estabilizar los flujos y a minimizar el riesgo de apagones.
Estas iniciativas no solo sostienen la productividad digital, sino que también generan ahorros económicos y reducen de forma considerable las emisiones de dióxido de carbono. Los modelos avanzados de energía inteligente permiten a las empresas programar sus tareas más exigentes durante horas de baja demanda, optimizar los algoritmos para reducir la potencia requerida y favorecer el procesamiento local de datos. Esto aligera la carga en los grandes centros y extiende los beneficios a otros sectores.
Fortune destaca que el progreso hacia la optimización energética y la sostenibilidad exige inversiones constantes, innovación tecnológica y cooperación a nivel global dentro del ecosistema energético y digital. Si bien los ejemplos recientes muestran una integración más eficiente, los desafíos estructurales requieren respuestas urgentes.
A medida que la inteligencia artificial sigue ampliando su impacto, el sistema energético está obligado a evolucionar y crecer en paralelo, incorporando más capacidad, tecnología avanzada y una coordinación estrecha entre quienes generan, gestionan y consumen energía.