En la búsqueda de soluciones eficientes para tareas complejas, la ciencia y la tecnología han desarrollado robots y sistemas de inteligencia artificial cada vez más avanzados. Sin embargo, varias especies animales continúan superando a las máquinas en trabajos fundamentales, gracias a sus capacidades sensoriales y su adaptabilidad.
Perros, ratas y hurones siguen siendo protagonistas en campos donde la precisión, la rapidez y el vínculo emocional resultan decisivos.
Ratas gigantes africanas: expertas en desminado
Un reportaje de la BBC muestra cómo la ONG APOPO ha logrado transformar el desminado gracias al entrenamiento de ratas gigantes africanas, conocidas como “HeroRATs”. Estos roedores poseen destrezas que resultan inalcanzables para los detectores de metales y los robots actuales.
Pueden revisar un área del tamaño de una cancha de tenis en veinte minutos, mientras que un equipo humano requeriría días para lograr lo mismo, según la especialista Cynthia Fast. En tanto, las HeroRATs son lo suficientemente ligeras para no detonar las minas, pero lo bastante grandes para abarcar grandes superficies.
El trabajo de estos animales ha permitido limpiar más de 120 millones de metros cuadrados de campos minados en Angola, Azerbaiyán y Camboya, entre otros países. Su método consiste en identificar el olor de explosivos como el TNT y señalar el lugar exacto rascando el suelo, lo que facilita la intervención segura de los técnicos humanos.
A pesar de su eficacia comprobada, algunas comunidades demoraron en confiar en ellas, aunque experiencias como partidos de fútbol en terrenos ya despejados lograron cambiar la percepción pública.
Hurones: aliados inesperados en la ingeniería
Los hurones también han demostrado una versatilidad difícil de igualar por la robótica. Emily, una hurona entrenada en Inglaterra, trabaja junto a James McKay en la detección de bloqueos en desagües y en el tendido de cables de fibra óptica. Gracias a su tamaño y curiosidad natural, los hurones pueden adentrarse en túneles, cavidades y espacios reducidos donde los humanos y las máquinas no logran acceder.
Su utilidad no es nueva: desde la época romana, los hurones han sido empleados para la caza y el control de plagas. En tiempos recientes, adquirieron notoriedad por su participación en proyectos científicos como el acelerador de partículas Fermilab.
Felicia, una hurona británica, fue utilizada en 1971 para limpiar tubos estrechos, demostrando que la naturaleza puede ofrecer soluciones creativas a desafíos tecnológicos.
Perros: olfato, asistencia y vínculo humano
El olfato de los perros supera cualquier avance tecnológico conocido. Estos animales pueden detectar enfermedades como cáncer, malaria, párkinson y COVID-19, gracias a sus 300 millones de receptores olfativos.
Claire Guest, directora científica de Perros de Detección Médica en Inglaterra, explica al medio británico que los perros logran distinguir olores a niveles imperceptibles para los humanos y rastrear pistas durante horas.
Además de su capacidad sensorial, los perros sobresalen como asistentes médicos de alerta. Identifican cambios fisiológicos en sus dueños y pueden anticipar episodios médicos antes de que ocurran.
Lauren, una joven con trastornos neurológicos, destaca que su perra Mabel no solo le avisa cuando puede enfermarse, sino que también le brinda seguridad y compañía. El vínculo emocional es irremplazable: Lauren afirma que nunca cambiaría a Mabel por un robot, ya que la conexión afectiva es fundamental para su bienestar.
A pesar del avance de la robótica, en muchos campos los animales siguen siendo insustituibles. Sus habilidades físicas, sensoriales y emocionales los mantienen en la vanguardia de tareas donde la vida y la seguridad humanas dependen de una respuesta precisa y, muchas veces, de la empatía que solo un ser vivo puede ofrecer.