El físico británico Stephen Hawking dejó una advertencia sobre lo que sería el futuro de la humanidad, basándose en sus conocimientos del universo: “No creo que la humanidad sobreviva en los siguientes mil años, al menos sin que nos propaguemos en el espacio”.
Esta afirmación, respaldada por décadas de estudio y reflexión, sintetiza una preocupación fundamental sobre la fragilidad de la especie humana ante los riesgos que enfrenta dentro de los límites del planeta Tierra.
Por qué Hawking no cree que la humanidad sobreviva más de mil años
La frase de Hawking sobre la supervivencia humana no se trata de una predicción apocalíptica carente de matices, sino de una advertencia fundamentada en riesgos concretos.
Según el fallecido científico, la permanencia exclusiva en la Tierra expone a la especie a peligros de magnitud significativa. Entre las amenazas identificadas se encuentran el cambio climático, los conflictos armados a gran escala, pandemias, impactos de asteroides y la posibilidad de que tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial o las biotecnologías, generen consecuencias incontrolables.
El argumento central de Hawking reside en que la acumulación de estos riesgos, sumada a los límites de los recursos planetarios, hace que la continuidad de la vida humana en un solo mundo sea insegura a largo plazo. Para él, la expansión hacia el espacio aparece como una medida de contingencia razonable y no como una simple fantasía de ciencia ficción.
Hawking no limita su advertencia a amenazas naturales. Señala que el desarrollo de armas, el avance tecnológico sin control y el impacto ambiental representan riesgos generados por el propio ser humano.
La inteligencia artificial, en particular, ejemplifica para él esa doble capacidad: puede ofrecer avances sin precedentes, pero también convertirse en un peligro existencial si se desarrolla al margen de regulaciones y marcos éticos.
La acumulación de capacidades tecnológicas no siempre va acompañada de la reflexión necesaria sobre sus consecuencias. Según Hawking, el progreso sin cautela ni responsabilidad incrementa la vulnerabilidad de la civilización. Por ello, su llamado no es un rechazo a la innovación, sino un pedido enfático de gobernanza y previsión.
Cuál creía que era la solución para la humanidad
Para Hawking, la exploración y eventual colonización de otros planetas constituye una prioridad. Establecer bases en la Luna, en Marte o en estaciones orbitales permitiría diversificar los lugares donde habita la humanidad. Esta diversificación funcionaría como un seguro colectivo ante eventos que puedan poner en peligro la vida en la Tierra. En palabras del propio físico, “un solo planeta no alcanza para garantizar la continuidad humana durante miles de años”.
La propuesta de Hawking no implica abandonar la Tierra ni desentenderse de sus problemas. Por el contrario, considera la colonización espacial como una estrategia complementaria a la acción en el propio planeta.
La cooperación internacional, la planificación ética y el desarrollo tecnológico responsable son, en su visión, condiciones indispensables para que la expansión al espacio contribuya a la supervivencia humana.
La insistencia de Hawking en la necesidad de pensar más allá de los límites terrestres consolidó un mensaje que va más allá de la ciencia. Su vida, marcada por una enfermedad neurodegenerativa y una intensa actividad intelectual, refuerza la credibilidad de sus advertencias.
El físico británico no ofreció un veredicto definitivo sobre el destino humano, sino una hoja de ruta: reducir riesgos en la Tierra, desarrollar capacidades tecnológicas responsables y asegurar una presencia sostenible más allá del planeta.
El mensaje de Hawking mantiene su vigencia. Años después de su fallecimiento, la exploración espacial continúa avanzando con nuevas misiones y proyectos internacionales, como el plan en el que Elon Musk insiste sobre Marte. Sin embargo, el debate sobre la vida fuera del planeta sigue generando escepticismo y fascinación.