Descubren que la espuma de jabón y la IA tienen una conexión matemática inesperada

Este avance podría servir para diseñar materiales que conserven su forma pero reaccionen ante los cambios del entorno

Ingenieros de la Universidad de Pensilvania descubren una relación matemática entre la estructura de la espuma de jabón y la inteligencia artificial. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un hallazgo reciente de ingenieros de la Universidad de Pensilvania ha revelado que la espuma de jabón tiene una conexión matemática con la inteligencia artificial y su habilidad de aprender.

Esta coincidencia, descubierta a través de simulaciones y análisis microscópicos, desafía décadas de suposiciones científicas y abre nuevas preguntas sobre el comportamiento de sistemas complejos.

El extraño concepto matemático detrás de la espuma

A simple vista, la espuma generada por el jabón, la crema de afeitar o el café parece un material sencillo y estable. Basta presionarla para que se deforme y luego recupere su forma, dando la impresión de que su estructura interna permanece inmutable.

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No obstante, los científicos observaron un fenómeno inesperado al analizar la espuma a nivel microscópico. Las burbujas que la componen no permanecen fijas. Por el contrario, intercambian posiciones y ajustan sus contactos de forma constante, aun cuando la apariencia externa de la espuma parece estática.

Las burbujas de la espuma intercambian posiciones constantemente, mostrando un comportamiento dinámico a nivel microscópico que desafía décadas de teorías físicas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante años, la física describió la espuma como un sistema “atascado”, similar al vidrio. Se suponía que las burbujas quedaban congeladas en una configuración desordenada, solo alterada si se aplicaba una fuerza externa. Pero al observar imágenes reales, los investigadores notaron una reorganización continua, contradiciendo las teorías tradicionales.

John C. Crocker, uno de los autores del estudio, reconoció que el comportamiento de la espuma no encajaba en los modelos matemáticos previos. Las ecuaciones predecían quietud, pero los datos mostraban actividad.

La explicación clásica imaginaba a las burbujas como pequeñas esferas rodando por un “paisaje de energía” hasta encontrar el punto de menor energía, donde se quedarían inmóviles. Sin embargo, las simulaciones realizadas por el equipo de Pensilvania mostraron que la espuma no busca un único punto óptimo.

En cambio, se mueve dentro de regiones extensas donde miles de configuraciones distintas presentan prácticamente la misma energía. No existe una única forma “correcta” de acomodar las burbujas; existen muchas soluciones igualmente válidas. Así, el material parece estable al tacto, pero en su interior es inquieto y dinámico.

Científicos plantean que el principio descubierto podría aplicarse en otros sistemas complejos, como el citoesqueleto celular en biología, donde la reorganización es clave para la integridad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuál es la conexión entre la espuma y la IA

El hallazgo más insólito surgió al comparar este comportamiento con los algoritmos de aprendizaje profundo (deep learning) que impulsan la inteligencia artificial moderna. Estos algoritmos navegan un paisaje matemático buscando reducir errores mediante una técnica conocida como descenso de gradiente.

Durante mucho tiempo se creyó que el objetivo era encontrar el punto más bajo posible, es decir, la solución óptima. Sin embargo, los modelos actuales demuestran que lo más efectivo es mantenerse en zonas planas del paisaje matemático, donde muchas soluciones funcionan casi igual de bien.

Esta estrategia permite que la inteligencia artificial sea flexible y capaz de generalizar, evitando fallos ante datos inesperados.

Robert Riggleman, coautor del estudio, explicó que esta “imprecisión controlada” es la clave para que los sistemas de IA aprendan y se adapten. Las burbujas en la espuma utilizan exactamente el mismo principio: no buscan la perfección, sino la amplitud y flexibilidad, permitiendo que el sistema siga cambiando sin colapsar.

Este avance matemático abre posibilidades para diseñar materiales adaptativos que conserven su forma pero reaccionen dinámicamente ante los cambios del entorno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué implicaciones tiene este hallazgo

El descubrimiento no solo altera la comprensión sobre la espuma. Los investigadores sospechan que esta misma matemática podría estar presente en otros sistemas complejos, especialmente en biología. Un claro candidato es el citoesqueleto celular, el armazón que da forma a las células y que requiere reorganización constante sin perder integridad.

Si esta regla se confirma en otros contextos, podría tratarse de un principio universal: sistemas estables que solo existen si nunca se quedan completamente quietos en su interior. La posibilidad de aplicar este conocimiento a materiales adaptativos, que mantengan su forma pero reaccionen a los cambios del entorno, también aparece en el horizonte.

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