Una mujer de 45 años sufrió graves quemaduras en Córdoba tras la explosión de un teléfono celular que estaba cargando dentro de un vehículo. El hecho ocurrió en la ruta E-53, a la altura del kilómetro 7, durante la noche del domingo.
La víctima viajaba como acompañante en un Renault Sandero cuando, según informó la Policía de Córdoba, se produjo un foco ígneo dentro del habitáculo a raíz de la explosión del teléfono conectado a la carga.
La situación provocó que el conductor, de 43 años, perdiera el control del automóvil, que despistó y terminó colisionando contra una alcantarilla en un desagüe pluvial.
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Como consecuencia, la mujer fue asistida por un servicio de emergencias y trasladada de inmediato al Instituto del Quemado, donde permanece internada en estado reservado. El conductor del vehículo, un hombre de 43 años, fue derivado al Hospital Municipal de Unquillo y, según se informó, se encuentra fuera de peligro.
Las autoridades se encuentran investigando las circunstancias precisas que originaron el incendio dentro del auto. Y buscan determinar cómo se produjo el foco ígneo que llevó al despiste y al posterior impacto, así como la secuencia que derivó en las lesiones de la acompañante.
En enero pasado, se produjo otro accidente similar en Córdoba, de carácter doméstico. Un adolescente de 16 años sufrió quemaduras en el 60% de su cuerpo a raíz de la explosión de un celular gamer mientras lo cargaba en el patio de su casa.
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Los riesgos de las baterías de los celulares
Cargar un celular en el auto es una práctica habitual, ya que la mayoría de los vehículos cuentan con puertos USB o tomas de corriente de 12 voltios. Para que la carga funcione correctamente, el motor debe estar encendido.
Sin embargo, esta acción puede implicar riesgos si se abusa del sistema o si el voltaje aportado por el vehículo no es suficiente para el dispositivo, lo que puede ocasionar sobrecalentamiento del aparato y, en casos extremos, accidentes como el ocurrido en Córdoba.
No se recomienda convertir la carga de dispositivos móviles en el automóvil en una práctica constante, sobre todo si el nivel de combustible es bajo o si se busca evitar un consumo innecesario de energía.
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Las baterías de los teléfonos móviles pueden explotar o incendiarse debido a la composición química de sus componentes, aunque los casos registrados son escasos en relación con el volumen de dispositivos que se comercializan a diario en todo el mundo. La probabilidad de que ocurra aumenta cuando el dispositivo es manipulado de forma indebida, expuesto a temperaturas extremas o cargado con accesorios incompatibles.
Los teléfonos modernos utilizan baterías de ion-litio, compuestas por óxido de litio, cobalto, grafito y una sal de litio con alquilcarbonatos. El elemento más reactivo de esta combinación es el litio: un metal alcalino inflamable que puede hervir ante excesos de temperatura y que reacciona incluso en contacto con el aire.
El riesgo concreto surge cuando el litio se mezcla con el dimetilcarbonato presente en la batería, lo que puede desencadenar un escape térmico: una reacción en cadena en la que el calor generado en una sección se propaga al resto del conjunto y deriva en combustión espontánea o explosión. Este proceso puede ser provocado por sobrecargas, sobrecalentamiento, daños físicos en la batería o defectos de fabricación que generan cortocircuitos internos.
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A pesar de este riesgo, las explosiones registradas corresponden a casos aislados vinculados a problemas de fabricación, maltrato físico del dispositivo o un uso inadecuado. Los modelos más recientes incorporan mecanismos de control térmico que apagan el teléfono de forma automática si detectan temperaturas excesivas en la batería.
Como recomendación general, se sugiere evitar la exposición prolongada al sol y las fuentes de calor directo, ya que permite reducir el riesgo de deterioro de los plásticos aislantes internos y de combustión del electrolito. El uso exclusivo del cargador recomendado por el fabricante, sin reemplazarlo por accesorios de mayor potencia o de origen desconocido, también contribuye a prolongar la vida útil del dispositivo.