
Vitalijus Markevicius, “Vitali” para quienes lo conocen, nacido en Kaunas, Lituania, volverá finalmente a casa. Pero la forma de su regreso no es la ideal.
El viernes 7 de este mes, el Tribunal Oral en lo Penal Económico N°3 autorizó que Vitali sea expulsado de la Argentina en los términos de la ley de extrañamiento, que establece que un extranjero puede ser echado del país a la mitad del cumplimiento de su condena si es que cometió un delito en territorio nacional. Había pasado los últimos tres años preso en el penal de Ezeiza, que fue notificado de su expulsión. La Dirección Nacional de Migraciones emitió la resolución para echarlo que fundamentó la decisión de la Justicia, de acuerdo al fallo al que accedió Infobae, con la firma del juez Alejandro Zabala.
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El mismo TOPE N°3 lo había condenado el 24 de mayo de 2019 a cuatro años y ocho meses de cárcel por el delito de tentativa de contrabando de estupefacientes con el fin de comercializarlos. Policías y aduaneros lo habían sorprendido casi un año antes en el aeropuerto de Ezeiza, cuando había llegado a bordo de un vuelo de Alitalia procedente desde Roma, con una escala en Málaga.
Ocultos en sus pantalones de jean, separados en dos valijas, Vitali llevaba 4,6 kilos de puro cristal de éxtasis, una cantidad notable para una droga especialmente potente y con un muy alto potencial de venta. Admitió ser el propietario de las valijas, presentó su ticket aéreo, según la condena de 2019.
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En sus casi tres años encerrado en la Argentina, Vitali fue representado por defensores oficiales que pelearon con vigor en diversas instancias, pidieron su excarcelación por el COVID que fue denegada y hasta presentaron recursos en la Corte Suprema.
Sin embargo, el contrabandista lituano siempre se negó a declarar. Podría haber negociado un juicio abreviado, podría haber entregado información que revelara una posible organización narco internacional, pero no lo hizo.
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Así, Vitali se va para no volver jamás, al menos por una vía legal. Se lleva de vuelta a Lituania todo lo que sabe: quién era el dueño de ese cristal, quién lo envió, para qué venía, si era socio o una simple mula. Y lo más grave de todo, quién era el comprador final. La maniobra que intentó no tenía mucho sentido, podría haberse realizado por correo y no en persona. En los últimos años, la Aduana y la PROCUNAR capturaron diversos paquetes de drogas sintéticas llegados desde Europa o Asia a destinatarios en Argentina, una maniobra simple que evita el costo de terminar con una mula presa que eventualmente delate a sus jefes.
Por otra parte, Vitali venía con más de cuatro kilos de cristal en una época en la que no tenía sentido que lo hiciera: en medio del mayor superávit de drogas sintéticas de la Argentina. En 2018, se secuestraron 56.350 pastillas de éxtasis en el país en procedimientos de fuerzas de seguridad de acuerdo con datos de la Subsecretaría de Lucha contra el Narcotráfico a cargo de Martín Verrier, que dependía de la secretaría de Seguridad y luego fue disuelta en la administración de Sabina Frederic y Eduardo Villalba. En 2015 se secuestraron poco más de 22 mil pastillas en todo el país: en 2016, la cifra ascendió, según el Ministerio de Seguridad en aquel entonces, a más de 139 mil.
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La cantidad generó un movimiento obvio, un dumping de precios feroz que volvió al éxtasis de alto poder, paradójicamente, la droga más barata en el menú de cualquier dealer porteño. El cristal que traía Vitali, una rareza en años anteriores, se volvió común. Se hablaba de rutas mixtas: escalas en Córdoba para salir a Chile. Pero con las grandes fiestas electrónicas fuera del mapa, el superávit parecía no tener mucho sentido.
También, en ese entonces había otros europeos furtivos en la Argentina con sus cargas en valijas, entre ellos compatriotas y posibles cómplices de Vitali. Linas Bieliauskas y Jurgina Grigaluniene, también oriundos de Kaunas y asistidos por defensores públicos, fueron condenados por el TOPE N°3 en diciembre de 2020, dos años después de que les encontraran 31 kilos de cocaína en una baulera.
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La causa de Bieliauskas cuenta tal vez todo lo que Vitali calló. Linas, según la investigación, había entrado en 23 ocasiones al país desde 2014 de acuerdo a registros de Migraciones. Los vínculos entre Linas, que recibió la pena de 5 años de cárcel, y Vitali Markevicius son muchos. Había dos valijas con marbetes a nombre de Vitali en la baulera con la droga. El pasaje que Markevicius utilizó para viajar al país el 16 de octubre de 2018 fue comprado en la misma agencia de viajes en donde la banda de Linas compró pasajes para venir a la Argentina con una cómplice colombiana, un dato marcado por Interpol en Lituania. Linas, por su parte, había adquirido gran cantidad de pasajes entre 2011 y 2018 con destino a Buenos Aires. El resto de la organización parece algo más normal, una pequeña banda de exportadores narco europeos que llegan a la Argentina para comprar y mover coca barata. Pero la llegada de Vitali con los pantalones cargados se corre un poco del guión usual de aquella época.
Tiempo antes, estuvo el hombre de Bélgica en La Quiaca.
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En octubre de 2016, Eric Gorgemans, oriundo de Bruselas, con antecedentes por traficar sintéticos en su país, apareció insólitamente en plena noche en La Quiaca con más de 39 mil pastillas de éxtasis en una valija, divididas en 24 planchas de plástico. Lo encontraron en el paso Villazón-La Quiaca en Jujuy, a bordo de un micro de línea que salió desde Bolivia. Un perro de Gendarmería le olió el material. Las pastillas tenían la forma de un pequeño fantasma azul. Ya eran conocidas en el mercado porteño: le fueron encontradas en su casa a uno de los tres presuntos dealers acusados por la tragedia de Time Warp.
De dónde partió y a quién debía abastecer, quién era el receptor final de esas 40 mil pastillas, fue otro interrogante para los investigadores.
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