
Tristemente, la noticia sobre su muerte no sorprendió. Ese 9 de diciembre de 2019, día en que Marie Fredriksson partió para siempre de este mundo, todos los que la querían y admiraban lloraron. Y mucho. Pero también se aliviaron sabiendo que la icónica cantante de Roxette, por fin, dejaría de sufrir. Llevaba ya 17 años luchando contra un cáncer cerebral por el que había tenido que someterse a los tratamientos más dolorosos. Y aunque hasta último momento intentó seguir subiéndose al escenario junto a Per Gessle, su compañero de banda, ya nada era lo mismo para ella. Ni siquiera podía recordar las letras de las canciones con las que había brillado en los ‘90. Y había quedado ciega del ojo derecho, tenía la movilidad de una pierna reducida y había perdido parte de la audición. Pero igual se aferró a los shows, como pudo, hasta que su cuerpo dijo basta.
Había nacido el 30 de mayo de 1958 en Össjö, un pueblito rural de Suecia, en el seno de una familia humilde. Gun-Marie Fredriksson, tal su nombre completo, era la menor de cinco hermanos. Y pasaba sus domingos cantando en la iglesia porque, según confesó en algún momento, eso la hacía sentir libre de las limitaciones que vivía en su hogar. Sin embargo, la repentina muerte de la mayor de sus hermanas, Anna-Lisa, quien falleció a los 20 años de edad en un accidente, la marcó para siempre. Su padre, Charles, se refugió en el alcohol. Y ella, siendo apenas una niña, tuvo que aprender a convivir con situaciones poco agradables para una criatura.
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“A veces me pregunto hasta qué punto nos ha influido el hecho de fingir que no pasaba nada. Nos convertimos en ese tipo de personas que piensan que es su obligación hacer que todo el mundo se sienta bien”, contó Marie muchos años más tarde en Listen to my heart, el libro de memorias que escribió con la periodista Helena von Zweigbergk. Y, tratando de explicar el origen de su entereza, agregó: “Tengo una fe muy fuerte desde chica y la vivo de una manera muy privada. Es mía y está dentro de mí. La fuerza que me da me ayudó a superar muchos momentos difíciles”.
A los 17 años, Fredriksson pudo comenzar a estudiar en la escuela de música pública de Svalöv, donde deslumbró con su inigualable voz y empezó a componer sus propios temas musicales. Y, ya graduada, se mudó a la ciudad de Halmstad donde formó parte de la banda punk Strul junto a su novio de entonces. El grupo solía tener invitados en casi todas sus presentaciones. Y así fue como, un día, se cruzó por primera vez con Per. Sin embargo, tras su ruptura amorosa, Marie siguió en la banda junto al guitarrista Martín Sternhufvud, con el que en 1981 grabó su primer single. La agrupación cambió luego su nombre por el de MaMas Barn, intercambiando los roles y pasando él a ser el vocalista y ella a ocupar los teclados.
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El destino quiso que, en el mismo estudio en el que la cantante grabó su disco con Sternhufvud a instancias de Finn Söjberg, el guitarrista de ABBA, estuviera ensayando Gessle. Y él, deslumbrado por la voz de Marie, le consiguió una audición con el productor de su banda de entonces. Así fue como Fredriksson logró su primer contrato con EMI. Y, en 1983, se convirtió en la vocalista del grupo de Per, grabando un álbum que llegó a los Estados Unidos un año más tarde con la banda renombrada como Roxette.
El resto es historia conocida. Tras un breve intento de seguir sus carreras en solitario, en 1986 Marie y Per se convirtieron en un dueto inseparable. El gran salto a la fama llegó de la mano de The Look. Pero siguieron hits como Dangerous, Pretty Woman, It Must have been love, Listen to your heart, Fading like a flower... Y los ‘90 encontraron a Fredriksson convertida en una verdadera estrella internacional. Sin embargo, pasar de la “sopa de leche” que comía en su infancia a los lujos que se presentaban frente a ella de manera tan repentina, tuvo sus consecuencias. “Bebía demasiado. Estrés, soledad, fiesta, grandes emociones en general. Era demasiado fácil beber en exceso”, relató luego en su libro.
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La salvó el amor. En su gira por Australia, la cantante conoció al músico Mikael Bolyos, con quien tuvo a sus dos hijos: Inez Josefin y Oscar Mikael. Estuvo casada desde 1994 hasta el día de su muerte. “De no haberlo encontrado, no sé si hubiera podido seguir mucho más tiempo en Roxette. No podía manejar el costo personal del tour. Estaba triste todo el tiempo y la pasaba muy mal con la prensa, cuando se suponía que siempre tenía que decir lo correcto, estar disponible, sonreír y ser feliz”, explicó.
Pero todo se desmoronó el 11 de septiembre de 2002. Volvía de correr con su marido cuando, de repente, se desmayó en el baño de su casa. El golpe le provocó un hematoma subdural por el que tuvieron que intervenirla. Y allí descubrieron que tenía un tumor cerebral, por el que los médicos le daban poca esperanza de vida. En ese momento, sus hijos tenían 9 y 5 años. Y su desolación fue absoluta. Pero se aferró a toda esperanza de salir adelante. Y se sometió a todas las intervenciones y tratamientos que estaban a su alcance con tal de poder seguir criando a sus niños.
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“Me extirparon el tumor y, al año siguiente, me sometí a una operación con el llamado bisturí gamma. Te fijan una corona de metal en la cabeza. Es importante que la radiación se haga en el lugar exacto del cerebro. Se requiere una precisión milimétrica. Por eso la corona se atornilló al cráneo. Todo se hizo mientras yo estaba despierta. Me pusieron una crema con anestesia, de las que usan los dentistas. Aún así, sentí cómo corría la sangre al mismo tiempo que las lágrimas. Ese fue el peor momento de todos los tratamientos a los que me he sometido. ¡Fue tan desagradable! ¡Como una corona de espinas!”. recordó en su autobiografía.
En 2006, Marie anunció feliz que se había curado. Pero la enfermedad volvió a aparecer con el tiempo. De todas formas, en 2011 ella decidió volver a los escenarios y a los viajes con Per. Y, en 2016, ambos anunciaron un tour para celebrar el trigésimo aniversario de la banda. Pero, para entonces, la cantante ya estaba demasiado débil y los médicos le recomendaron suspenderla. “Tristemente, mis días de giras se acabaron y quiero aprovechar la oportunidad para agradecerle a nuestros maravillosos fans que nos siguieron en esta travesía larga y tantas veces ventosa. Y sí, el viaje ahora se terminó. Pero, cómo nos divertimos, ¿verdad?”, les informó entonces a sus seguidores. Tres años después, finalmente, murió a los 61 años de edad.
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