Cuando los franceses bloquearon el Río de la Plata: prepotencia diplomática, la muerte de un litógrafo y el ofrecimiento de San Martín

Las desmedidas pretensiones de un diplomático francés desencadenaron un conflicto de proporciones durante el segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas. Francia decidió hacer uso de la fuerza para imponer sus exigencias y bloqueó el puerto de Buenos Aires. Tal fue el conflicto que hasta San Martín ofreció su ayuda

La flota francesa en el Rio de la Plata en plena acción. El 11 de octubre de 1838 ocupó la Isla Martín García luego de una elogiable resistencia de parte de la pequeña dotación que la defendía. (Justo Lynch, según "Iconografía Uruguaya" de Besnes Irigoyen. En Historia Naval Argentina)

Las relaciones diplomáticas entre nuestro país y el reinado de Luis Felipe de Orleans, el monarca francés que había ascendido al trono en julio de 1830, empezaron con el pie izquierdo. El detonante fue una ley de 1821 que establecía que los ciudadanos extranjeros que tuvieran propiedades en el país, que ejercieran el comercio, con más de dos años de residencia, podían ser convocados, en caso de necesidad, al servicio de la milicia.

La leva de extranjeros no era nueva: había comenzado en 1815 y comprendía a hombres de entre 16 y 60 años con más de dos años de residencia en el país.

Desde tiempo atrás, la diplomacia francesa venía solicitando al gobierno que los ciudadanos galos fueran eximidos, tal como ocurría con los británicos. Era cierto: en diciembre de 1825, cuando Gran Bretaña reconoció nuestra independencia y se celebró un acuerdo comercial, por el que los ingleses gozaban de libertad de tránsito, de culto, podían disponer de sus propiedades, los comerciantes quedaron exentos del pago de derechos de tonelaje, puerto y pilotaje, también quedaron eximidos del servicio militar.

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Cuando ocurrió el bloqueo, Juan Manuel de Rosas estaba transitando su segundo período como gobernador

Durante el segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas, que comenzó en 1832, las relaciones con Francia no mejoraron. La actitud del vice cónsul francés Aimé Roger no contribuyó para nada, y su actitud iba en consonancia con las pretensiones imperialistas de Francia en América.

Roger evaluó que un éxito diplomático lo posicionaría de la mejor manera en la corte de Luis Felipe. Sin tener las credenciales en orden, Roger, de temperamento arrogante y agresivo, exigió el fin del servicio militar para los franceses y solicitó la libertad de Pedro Lavié, un cantinero francés enrolado en la milicia, condenado a cinco meses a la cárcel por robo. Y también puso en la mesa el proceso y muerte de César Hipólito Bacle, un ginebrino nacionalizado francés que había llegado al país por 1825.

El litógrafo francés César Hipólito Bacle, que había llegado a Buenos Aires por 1825. Su caso fue uno de los detonantes del bloqueo (Wikipedia)

Bacle había sido un excelente litógrafo, caricaturista, tipógrafo, crítico literario e investigador científico, y en 1829, Rosas lo nombró director de Litografía del Estado.

Fundó el Boletín de Comercio, le tomó cinco años elaborar la Colección General de marcas de ganado de la Provincia de Buenos Aires y editó Trajes y costumbres de la Provincia de Buenos Aires. El mismo vendía lo que exhibía en su vidriera.

Cuando sus finanzas declinaron probó suerte en Chile, donde se lo nombró Impresor y Litógrafo del Estado. Con el ministro de Guerra Diego Portales hablaron de política y de una cuestión delicadísima: los emigrados argentinos.

Aimé Roger, el vice cónsul sin credenciales diplomáticas. Fue el que fogoneó la medida de fuerza (Wikipedia)

A su regreso de su viaje, Rosas ya estaba al tanto de sus opiniones. Bacle se condenó con una carta en la que se revelaba contenido comprometedor con el funcionario chileno. Se lo acusó de ponerse en contacto con los unitarios y de vender mapas secretos de las fronteras argentinas a Bolivia. Encarcelado, se lo condenó a muerte. Desesperado, le pidió ayuda al cónsul francés y logró que le conmutasen la pena. Luego de cinco meses preso en las peores condiciones, sometido a malos tratos, enfermó. Recuperó la libertad y falleció en su casa el 4 de enero de 1838 por una gastritis por una excesiva ingesta de opio. Su cadáver fue acompañado al cementerio por una multitud de franceses, que tomaron la muerte de su compatriota como un insulto hacia el gobierno de su país.

Sus bienes fueron embargados por Chile, al considerar que no había cumplido con su contrato de trabajo. La viuda y sus hijos quedaron prácticamente en la calle.

En el medio del conflicto con Francia, Rosas perdió a su esposa Encarnación. Tenía 43 años

Así fue como fue que Roger también apoyaba la reclamación de la viuda de Bacle y de paso en la lista incluyó al francés Pedro Gascogne a quien el gobierno le había clausurado todos sus negocios al negarse a contribuir con dinero para una fiesta en honor a Rosas. También exigía que fueran dados de baja los conciudadanos Martín Larré y Jourdan Pons, que estaban en la milicia, pero por su propia voluntad.

Lo primero que hizo Rosas fue pedir la lista de los franceses que permanecían detenidos. Se sorprendió al saber que había solo dos. El marinero Pedro Jusson, acusado de asesinar a Matías Cañete y Pedro Lavié.

Rosas ninguneó a Roger. Respondió que para atender dichos reclamos, exigió que fuera ante un diplomático con las credenciales correspondientes. Roger no las tenía porque reemplazaba al cónsul que se había ausentado de Buenos Aires.

Desde Europa, José de San Martín se puso a disposición de Rosas para lo que pudiera ser útil. (Retrato de Jean Baptiste Madou)

A las primeras reclamaciones diplomáticas, de fines de 1837 el ministro de Relaciones Exteriores Felipe Arana respondía cuando quería y a cuentagotas. Encima le hizo saber que discutiría los términos de la ley del servicio militar con un diplomático acreditado.

Roger, en un informe a su gobierno, echó más leña al fuego. Que Rosas era despótico, un tirano, y que el único camino que quedaba para resolver el entuerto era el de la fuerza.

París lo autorizó a usar dos naves del almirante Luis Francisco Leblanc, que estaban en Río de Janeiro. Roger respondió que dos naves no alcanzaban, que era necesaria una verdadera demostración de fuerza. Nadie se detuvo entonces en Francia en analizar cómo se habían dado los hechos, le creyeron a Roger a pie juntillas, pero aun así, le pidieron que intentara un último acercamiento con Buenos Aires.

Aprovechando el bloqueo, unitarios emigrados complotados con opositores en Buenos Aires, tramaron un golpe contra Rosas. En el cuadro, momento es que asesinado Manuel Vicente Maza. A la madrugada siguiente fusilarían a su hijo

El 7 de marzo de 1838 Rosas recibió a Roger durante dos horas. Ninguno dio el brazo a torcer. El encuentro terminó a los gritos. Que Francia se uniría a los enemigos de Rosas, amenazó Roger y el gobernador respondió que todo el país lo apoyaría y que los unitarios desaparecerían. El 13 de marzo, Arana le devolvió los pasaportes a Roger.

El 24 de marzo apareció frente a Buenos Aires la flota francesa. Traían tres pretensiones: la eximición del servicio militar a franceses, indemnización a ciudadanos perjudicados y reclamaban a Lavié, para que fuese juzgado y ver si en realidad era culpable.

Rosas no admitió negociar en una situación de fuerza. Decía que sentaría un precedente y cualquier país, en el futuro, se sentiría con derecho a hacer lo mismo.

Ante la negativa, Leblanc declaró el miércoles 28 de marzo de 1838 que bloqueaba el puerto de Buenos Aires y el litoral del río perteneciente a nuestro país. Los franceses estaban convencidos de que en dos semanas la cuestión quedaría zanjada, ya que la economía local sentiría fuerte el bloqueo.

Rosas ajustó el cinturón. Aplicó fuertes recortes, especialmente en sueldos de funcionarios, eliminó muchos, entre ellos el suyo. Cortó el apoyo económico a la Universidad de Buenos Aires, a la Casa de Niños Expósitos, a la Sociedad de Beneficencia y a los hospitales, y que cada uno se proveyera de los fondos con colectas para pagar sueldos, porque mientras durase el bloqueo, no podría girarle un peso más.

Hizo del bloqueo una causa nacional y fogoneó la xenofobia entre sus seguidores al hacer correr la versión de que Francia pretendía colonizarnos.

Para la actividad agrícola ganadera, el bloqueo fue un mazazo letal: recién se estaban recuperando de la increíble sequía de 1836.

Para colmo de males, la Confederación, desde principios de ese año, mantenía una guerra con Bolivia y miraba de reojo los movimientos de los unitarios, que no demoraron en aliarse a los franceses.

Rosas dispuso una importante baja de la tasa de ingreso de productos importados, estimulando el contrabando. Tanto comerciantes argentinos como extranjeros contribuyeron con un empréstito voluntario.

El 25 de mayo la ciudad apareció empapelada con carteles con la leyenda “¡Viva el 25 de mayo! ¡Muera el tirano Rosas!”. Su primo Anchorena fue a su casa a advertirle que había un plan para asesinarlo.

El gobernador había decidido someter a la legislatura la correspondencia oficial que mantenía con los franceses para acordar los pasos a seguir, y se conoció un plan para declararlo incapaz para gobernar y reemplazarlo por un triunvirato. Pero los legisladores no hicieron nada.

Desde su exilio, José de San Martín se enteró del bloqueo. En una carta del 5 de agosto de 1838 a Rosas escribió que si aquel lo creyera necesario, esperaría sus órdenes, y que tres días después dijo: “me pondré en marcha para servir a la patria honradamente, en cualquier clase que se me destine”.

San Martín describió el bloqueo en una carta del 10 de julio como “violento abuso del poder”. Criticó la actitud de los unitarios, unidos a los franceses: “…no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.

El 20 de octubre Rosas sufriría otro golpe, la muerte de su esposa Encarnación Ezcurra. Al regreso del entierro, el coronel Vicente González sugirió llevar un cintillo punzó en el quepi militar, arriba del crespón negro por el luto. Se popularizó tanto que su uso se generalizó y acompañó la divisa federal que se debía lucir en el pecho.

A comienzos de 1839 Rosas supo de un complot entre unitarios, franceses y algunos federales, que pasaría a la historia como la conjuración de Maza, que debía estallar en una acción combinada de insurrección en la ciudad y en la campaña bonaerense, al que se sumaría el desembarco de Juan Lavalle. Los conjurados terminaron derrotados en el combate de Chascomús, hubo fusilados como Ramón Maza y asesinados, como su padre Manuel Vicente, por la Mazorca.

El desgaste y el intríngulis político en que se vio envuelto Francia, que no veía ningún avance concreto con el bloqueo, la llevó a ser más práctica y el 29 de octubre de 1840 se firmó, a bordo del buque francés Bolonnaise un acuerdo entre el ministro de exteriores Felipe Arana y el vicealmirante Angel René Armand de Mackau. En ese acuerdo se estableció que el gobierno argentino reconocería indemnizaciones a franceses que hubieran sido perjudicados, y cada caso sería estudiado por media docena de árbitros. Francia levantaba el bloqueo, devolvía la isla Martín García, que la había tomado el 11 de octubre de 1838, y de ahí en adelante los ciudadanos franceses tendrían las mismas prerrogativas y derechos que cualquier otro extranjero.

Rosas salió como ganador y los unitarios, al ser ignorados por los franceses, quedaron librados a su suerte. No sería el fin de la historia. El país sufriría otro bloqueo, habría combates y mucha épica.

Fuentes: Historia de la Confederación Argentina, tomo II, de Adolfo Saldías; El gran bloqueo, por Antonio E. Castello; Historia Naval Argentina, de Teodoro Caillet-Bois.

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