Las intensas lluvias del jueves pasado pusieron a prueba la valentía civil, el compromiso animalista y la cooperación social en Villanueva, dentro del departamento mendocino de Guaymallén. En ese contexto, Celeste Yañez se convirtió en protagonista y heroína tras descender a una acequia repleta de barro y agua para rescatar a ocho perros. El operativo incluyó la colaboración de la ONG Salvando Patas, vecinos de la zona y los Bomberos del Cuartel Central, quienes lograron poner a salvo a siete cachorros y su madre.
Desde el momento en que conoció la situación, Celeste tomó la iniciativa de presentarse en el lugar de la emergencia, según relató a Radio Nihuil: “Me desperté, vi la noticia y dije hay que hacer algo”, explicó, y añadió que pidió a su pareja que la acompañara pese a las malas condiciones climáticas. También describió su impresión al llegar, al ver a los vecinos, los Bomberos y a Brunela de Salvando Patas: “Nunca pensé que los cachorros y la mamá estaban tan adentro de la acequia”.
La peligrosidad del operativo fue patente, y el personal especializado expresó su preocupación por el riesgo que implicaba ingresar varios metros bajo el asfalto, considerando la inestabilidad de la estructura que cubría la acequia. En ese marco, un vecino aportó un mameluco blanco, y los bomberos aseguraron una cuerda a los tobillos de Celeste para poder sacarla en caso de necesidad.
La propia protagonista detalló en la entrevista: “No lo dudé ni un segundo, los vi por primera vez por un lado de la acequia. Estaba lleno de barro, agua, y mucha desesperación porque los perritos todavía ni abrían sus ojitos”. Ante la incertidumbre y el miedo, sostuvo: “Soy muy creyente, empecé a rezar un montón porque tenía mucho miedo. Nunca había estado dentro de una acequia, se dificulta la visión por la oscuridad, había bichos, arañas, de todo”.
El proceso de rescate resultó arduo y emocionalmente demandante y requirió la utilización de un secador de pisos para alcanzar a los cachorros y separarlos de su madre en condiciones de alto estrés. Así lo describió la rescatista: “Era mucha la distancia y sacárselos a la madre, ella lloraba, me miraba y parecía que me hablaba. Yo los tenía que sacar con el secador y verlos pasar por el agua era difícil. Yo lloraba, les hablaba y le pedí a Dios que me ayudara, y gracias a Él los pude sacar”.
El tramo final planteó nuevas complicaciones: “A lo último ya no se podía pasar, yo estaba medio atascada. Si no hubiese sido por el barro y que me tenían atada con la soga de los pies, no podría haber salido, estaba bastante complicado”.
Durante el diálogo, Celeste subrayó el impacto emocional que tiene a largo plazo este tipo de voluntariado: “Fui rescatista, pero afecta mucho a la salud mental, las chicas de Salvando Patas son increíbles. Son chicas que estudian, trabajan y dedican todo su tiempo a los animales”.
“Creo que hoy está todo muy feo, hay mucha crueldad. Es importante que estemos todos unidos y llenos de empatía. No hablo solo sobre los animales, sino que en todo hay que mirar para el costado y tratar de ayudar”, concluyó la protagonista.
El conmovedor rescate de un perro, en Chubut
Entre llamas, cenizas y destrucción, un grupo de brigadistas fue el artífice de un milagro: salvaron a un perro encadenado rodeado por el fuego.
Los especialistas relataron que encontraron al perro exhausto, deshidratado y rodeado de cenizas, encadenado en una vivienda arrasada. Tras asistirlo, detallaron a ADNSUR: “Le dieron agua, lo mojaron para bajarle la temperatura corporal y lo retiraron de la zona de peligro, en una maniobra tan urgente como conmovedora”.
El impacto a nivel humano de los incendios quedó reflejado en varios testimonios. En diálogo con Diario Río Negro,Rocío Brizuela, vecina de la comunidad mapuche Lorenzo Pulgar Huentuquidel, relató el dramático momento en que debió abandonar su hogar junto a su madre, una mujer de 67 años que enfrenta un cáncer de mama y padece una discapacidad visual.
“Ayer estábamos trabajando en el lago donde no hay señal. Cuando volvíamos a casa, nos sorprendió una columna de humo. Llegamos, cargamos la camioneta y salimos con mi mamá y los animales que alcanzamos a cargar”, describió. Brizuela lamentó la pérdida de su vivienda y animales, y manifestó la angustia por la desaparición de una de sus perras tras la evacuación. “Dos caballitos murieron calcinados y me falta un perro. Estoy llamándolo con la esperanza de que vuelva”, expresó.