Investigadores y activistas reclamaron al G7 que endurezca la legislación contra la deforestación en el Gran Chaco

Los biodiversidad en Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil se ve amenazada principalmente por el avance de la frontera agrícola

Yaguareté en Iberá - Matías Rebak / Fundación Rewilding Argentina
Yaguareté en Iberá - Matías Rebak / Fundación Rewilding Argentina

Mientras los líderes de los países más importantes del planeta están reunidos de manera presencial en el G7 después de casi un año y medio de confinamiento por la pandemia, investigadores, legisladores y activistas aprovechan la ocasión para recordarles lo importante que es el financiamiento de la lucha contra la crisis climática y de biodiversidad que afecta al planeta.

En Cornualles, en el suroeste de Inglaterra, siete personas fueron detenidas por tener granadas de humo, pintura y megáfonos, en la localidad de Hayle, a unos 6 kilómetros de donde se hospedan los líderes del G7. Con caretas y la imagen del Titanic hundiéndose, los activistas exigen acciones decisivas por parte de los mandatarios.

A menos de 24 horas de que un reporte internacional indicara que las crisis climática y de biodiversidad deben abordarse en conjunto y mientras todas las miradas se concentran en la destrucción de la Amazonia brasileña, investigadores, legisladores y activistas están dando la señal de alarma sobre la rápida pérdida de los bosques en el olvidado Gran Chaco.

La producción de soja es la causa principal de desforestación en el biodiverso bosque que se extiende por Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil y es hogar de especies en peligro como el águila coronada, el yaguareté y el armadillo gigante. La mayor parte se exporta al Reino Unido y Europa para alimentar gallinas, cerdos y otros animales de granja que terminan en los estantes de los supermercados.

El gobierno del Reino Unido buscó hacer que las medidas severas contra la deforestación fueran el pilar de su liderazgo climático, y redoblar los esfuerzos para poner fin a la destrucción forestal está entre las prioridades de la agenda de la cumbre de líderes del G7. Las fechas límites para la reforma de las cadenas de suministro estarán bajo especial escrutinio. Mientras algunos países del G7 se comprometieron a legislar nuevas medidas para que supermercados y empresas de bienes de consumo más responsables de atacar el desmonte en su cadena de suministro, otros, como Japón, Canadá y Estados Unidos, no avanzan tan rápido.

Y, en algunos casos, la legislación que se está considerando en materia de deforestación se queda corta. Investigadores y activistas del Reino Unido y Argentina dicen que algunos resquicios en la ley ambiental británica, que actualmente se está debatiendo en la Cámara de los Lores, significa, que la deforestación impulsada por el Reino Unido continuará en el Gran Chaco y en todas partes.

El Gran Chaco está desapareciendo más rápidamente que la Selva Amazónica. Imágenes satelitales muestran que, entre 2010 y 2018, se talaron más de 29.000 kilómetros cuadrados del Gran Chaco para la actividad agrícola y ganadera, un área equivalente al Canal de la Mancha.

“El Gran Chaco está entre los bosques que más rápido están desapareciendo, y esta deforestación libera cantidades enormes de carbono a la atmósfera —dijo el profesor Tobias Kuemmerle de la Universidad Humboldt de Berlín, Alemania, que dirige la nueva investigación sobre el carbono almacenado en el Gran Chaco—. Esto se realiza para producir commodities agropecuarias, como soja, maíz o carne vacuna, que en su mayor parte termina en Europa y el Reino Unido. Será difícil estar a la altura de las promesas de reducir el cambio climático si no se aborda el papel fundamental que las importaciones agrícolas desempeñan en el impulso de la deforestación y las emisiones de carbono. Si tomamos en serio la protección del clima, esto tiene que cambiar”.

“Al ser el país anfitrión del G7 y la COP26, el mundo está mirando al Reino Unido para que continúe con su liderazgo climático —dijo Lord John Randall of Uxbridge—. Mientras examinamos la histórica ley ambiental, que tiene el poder de disminuir drásticamente el rol que el Reino Unido tiene en la deforestación y sus efectos sobre las comunidades indígenas, es imperativo que no haya ningún vacío legal. Deberíamos buscar que las empresas se hagan responsables lo que provocan. Pero no debería terminar ahí. Las finanzas pueden tener un papel fundamental para modificar la dirección de las cadenas de suministro, y su inclusión en las leyes de debida diligencia serviría mucho para ajustar el impacto de esta legislación”.

Nuevas investigaciones muestran que los bosques del Chaco actualmente almacenan 4,65 gigatoneladas de carbono. Estudios adicionales muestran que las emisiones de carbono de la conversión de bosques en campos agrícolas y tierras de pastoreo en el Chaco son similares a las de la Amazonia. Esto se suma a los efectos devastadores que la pérdida forestal del ecosistema tiene sobre pueblos indígenas y comunidades locales y sobre la biodiversidad.

Las plantaciones de soja son la principal causa de deforestación
Las plantaciones de soja son la principal causa de deforestación

Un reciente estudio sometido a revisión de pares halló que al menos el 28% de la deforestación en el Gran Chaco argentino que tuvo lugar entre 2008 y 2017 fue ilegal, en violación de las ley de bosques de ese país. La ley ambiental del Reino Unido solo ataca la deforestación ilegal; sin embargo, especialistas dicen que es casi imposible distinguir la soja legal de la ilegal una vez que los porotos machacados se embarcan para exportación y que, al ignorar la deforestación legal en el Reino Unido, las leyes harán poco para detener la ola de destrucción.

“La normativa que se está considerando en el Reino Unido solamente propone excluir las commodities provenientes de la deforestación ilegal —dijo Manuel Jaramillo, Director de Conservación y Desarrollo Sustentable de la Fundación Vida Silvestre Argentina—. Durante los últimos trece años, en la región argentina del Gran Chaco, aproximadamente la mitad de la deforestación se dio en áreas donde está prohibida”.

Ana di Pangracio, Directora Ejecutiva Adjunta de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (Farn), indicó: “La ley británica debería apuntar a frenar toda la deforestación. Tal como está, la normativa es interesante, pero debemos pedir más para asegurar la deforestación cero”.

Entre especialistas forestales e integrantes de diversos partidos políticos, preocupa que la ley ambiental del Reino Unido tampoco logre responsabilizar a las instituciones financieras por la deforestación que están financiando cuando proveen de fondos a las cadenas de suministro. Intensificar estas reglas de debida diligencia aseguraría que los fondos del Reino Unido hagan su parte en la promoción de una transformación positiva de nuestras cadenas de suministros desde arriba.

La producción sojera es la base de las economías de la región, y Argentina —el tercer exportador de soja del mundo— es particularmente dependiente de ese cultivo. En años recientes, el aumento del valor de la soja, junto con las innovaciones tecnológicas que hicieron posible su cultivo en el árido suelo del Chaco, ha llevado a que los productores talen los bosques para hacer lugar a los campos sojeros. En los últimos años, los incendios intencionales —como los que se hacen en Brasil e Indonesia para tener más tierras de cultivo— han sido responsable por un incremento de la pérdida forestal.

Las investigaciones muestran que mantener los bosques intactos da trabajo y preserva medios de vida. Se estima que hay trece millones de personas empleadas en el sector forestal formal. Además, los estudios revelaron que la desforestación ilegal en realidad desangra la economía, ya que cuesta al país anfitrión un mínimo de cuatro mil dólares por hectárea solo en las tres vías principales para la pérdida: evasión fiscal, pérdida de la función del ecosistema y conflicto con las comunidades forestales.

Un grupo de ONG argentinas están presionando para proteger el Chaco porque sostienen que “detener la conversión ambiental en el Gran Chaco le permitirá a la Argentina lograr un desarrollo sostenible e inclusivo”. Están llamando a que el sector privado evite la deforestación y la conversión del ecosistema en campos sojeros, priorizando el mejor uso de áreas que ya fueron taladas en un modo que sea legal e incorpore tecnologías para reducir los efectos negativos sobre el ambiente.

“Además de contribuir al calentamiento global, la desforestación tiene un impacto enorme sobre las poblaciones locales indígenas y campesinas que fueron expulsadas de sus tierras en forma violenta”, dijo el profesor Gastón Gordillo de la Universidad de Columbia Británica de Canadá, que es argentino y estudió el Gran Chaco en profundidad.

Muchos de los grupos indígenas y locales afectados viven apartados y carecen de los recursos y el respaldo global que tienen los grupos amazónicos. Completamente dependientes de los bosques, las comunidades ayoreas, muchas de las cuales están incomunicadas, sufren la mayor amenaza.

Amparo ante la Corte

Esta semana, Greenpeace Argentina amplió la acción de amparo presentada el año pasado ante la Corte Suprema de Justicia para proteger al yaguareté. La medida cautelar solicita “el inmediato cese provisional” de cualquier tipo de actividad de desmonte, al advertir “la pérdida de 7.811 hectáreas de bosques nativos en la provincia entre los meses de noviembre de 2020 y abril de 2021, encontrándose vigente el fallo de la Justicia chaqueña que suspendió los desmontes. Paralelamente, y contrariamente a lo establecido por dicho fallo judicial, el gobierno provincial convocó a la realización de audiencias públicas durante el mes de junio del presente año para autorizar Cambios de Uso de Suelo (desmonte) en 8 fincas”.

Los científicos estiman que en Argentina el territorio del yaguareté quedó recluido en los últimos dos siglos a tan solo un 5% de la superficie original y en la región chaqueña está al borde de la extinción. A pesar de haber sido declarado Monumento Nacional no se está protegiendo su hábitat, que es continuamente arrasado por las topadoras para ampliar la frontera agropecuaria, lo que pone en serio peligro su subsistencia. Al violar la Ley de Bosques, el gobierno del Chaco es cómplice de este ecocidio, que implica más cambio climático, inundaciones, enfermedades, desalojos de campesinos e indígenas y pérdida de biodiversidad”, advirtió Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace.

Algunos datos:

El Gran Chaco

-El Gran Chaco es una región interior de Sudamérica de 110 millones de hectáreas que abarca Argentina, Bolivia y Paraguay. La palabra “chaco” significa “tierra de caza” en lengua quechua.

-Los bosques secos del Gran Chaco son una de las mayores extensiones continuas de vegetación autóctona que quedan en Sudamérica, sólo superada por la gran selva amazónica.

Deforestación

-El Gran Chaco ha sufrido una de las tasas de deforestación más rápidas de la Tierra, con una pérdida estimada de 8 millones de hectáreas de bosque entre 2000 y 2012.

-Más de 14,2 millones de hectáreas fueron sustituidas por tierras de cultivo y pastoreo en 1985-2013.

-En 2010-2018, solo la parte paraguaya del Gran Chaco perdió más de 2 millones de hectáreas de vegetación nativa, mientras que la parte argentina perdió más de 1 millón de hectáreas.

-Al menos el 28% de la deforestación en el Gran Chaco argentino en 2008-2017 fue ilegal, según un estudio reciente. Incluso en medio de la pandemia del COVID-19, la deforestación se aceleró en partes del Gran Chaco.

Del monte al plato

-La producción mundial de soja se ha multiplicado por más de diez desde la década de 1960, y se ha duplicado desde el año 2000, hasta alcanzar unos 350 millones de toneladas.

-El Reino Unido importó 1,9 millones de toneladas de soja de América Latina en 2019.

-El 65% del total de las importaciones británicas, con tres cuartas partes procedentes de Argentina y Paraguay.

-Más del 40% de la soja importada en el Reino Unido en 2019 vino sin ninguna certificación de abastecimiento responsable de Argentina, Paraguay o Brasil.

-Alrededor de tres cuartas partes de la soja importada en el Reino Unido se utiliza como alimento para animales para producir carne, productos lácteos y huevos que se venden a los consumidores en supermercados y restaurantes.

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