Tiene cáncer de vejiga y de colon, está desempleado y en pleno tratamiento teme que lo desalojen de su casa

Pablo Quiñones es plomero pero, por su estado de salud, los médicos le aconsejaron que deje de trabajar. Hasta ayer, caminaba 20 kilómetros por día para hacerse la radioterapia y ahorrarse los $64 del pasaje de colectivo. Sin dinero, hace meses que dejó de pagar el alquiler y podría quedar en la calle

Pablo Quiñones tiene 43 y fue diagnosticado con cáncer de vejiga y de colon.
Pablo Quiñones tiene 43 y fue diagnosticado con cáncer de vejiga y de colon.

Pablo Quiñones (43) es plomero y papá de tres hijos de 13, 11 y 9 años. En pareja desde hace una década con Cristina Chavez (57), la historia del hombre que vive en el barrio La France recorre todos los portales y canales de televisión de Córdoba.

Todo comenzó, cuenta a Infobae, con un dolor de estómago. Tenía unas puntadas que lo hacían “ver las estrellas”. Corría el año 2018 y, después de varios estudios en el Hospital Córdoba, le detectaron cáncer de vejiga. Fumador desde los 19, Quiñones se sorprendió al saber que el tabaquismo es el factor de riesgo más importante para ese tipo de cáncer. “Lo único que pensaba era: cómo le voy a decir esto a mi familia. Tardé varios días, estaba muy quebrado”, dice el hombre oriundo de Salsipuedes.

Al principio, los médicos no se ponían de acuerdo acerca del tratamiento. Mientras tanto, cada mes y medio, Quiñones se sometía a una cistoscopía (N. de la R.: un procedimiento que le permite al médico examinar el revestimiento de la vejiga y de la uretra) a través de la cual fulguraban parte del tumor y tomaban muestras de tejido para una biopsia.

“En total fueron tres cistoscopías. Un día nos llamaron y nos dijeron que lo mejor era operarlo y sacarle la vejiga. Ahí decidimos hacer una interconsulta en el Hospital Oncológico de Córdoba”, cuenta a este medio la pareja de Pablo, Cristina Chavez.

Cristina Chavez y Pablo Quiñones están en pareja desde hace una década. Ella es cuidadora de adultos mayores y niños; y él es plomero. Actualmente, los dos están desempleados.
Cristina Chavez y Pablo Quiñones están en pareja desde hace una década. Ella es cuidadora de adultos mayores y niños; y él es plomero. Actualmente, los dos están desempleados.

En junio pasado, Quiñones comenzó a sentir los mismos dolores que hace dos años atrás. Hizo una consulta y se enteró de que tenía cáncer de colon. “Fue un golpazo. Nunca les había contado a mis hijos del otro cáncer. Esta vez decidí contarle solo al mayor”, dice.

Hasta ese momento, cuenta Pablo, cuando le salían “changuitas” de plomero iba y las hacía. “Trabajaba con dolor, pero me llevaba unos pesos”, explica. Un mes más tarde, antes de comenzar con la quimio oral (N. de la R.: toma cuatro comprimidos por día) y la radioterapia, el médico le prohibió que siguiera trabajando.

A partir ahí, a los problemas de salud se le sumaron los económicos. Su pareja, Cristina Chavez, que hasta el 20 de marzo cuidaba adultos mayores a domicilio, también había tenido que dejar de trabajar. En pandemia, sin ingresos y con un tratamiento oncológico en puerta, Pablo se sintió al borde de un abismo.

“Decidí que lo mejor era ir caminando al hospital. El boleto de colectivo me costaba $32 de ida y $32 de vuelta. Además de no tener dinero, el poco que tenía necesitaba gastarlo en comida porque me dieron una dieta especial”, cuenta.

Sin trabajo y sin dinero para pagar el boleto de colectivo, durante las últimas tres semanas, Pablo caminó 20 kilómetros a diario desde su casa hasta el hospital para hacerse la radioterapia.
Sin trabajo y sin dinero para pagar el boleto de colectivo, durante las últimas tres semanas, Pablo caminó 20 kilómetros a diario desde su casa hasta el hospital para hacerse la radioterapia.

Durante las últimas tres semanas, sin importar si hacía frío o calor, si llovía o le dolía el cuerpo, el hombre de 43 años caminó 20 kilómetros por día para cumplir con la radioterapia.

“Me levantaba bien temprano, me bañaba y salía. La caminata de ida me demoraba dos horas, pero la de vuelta siempre me costaba mucho más. Salía del Hospital a las 11 de la mañana y llegaba a mi casa entre las 14 y 15. De ahí directo a la cama”, cuenta Quiñones.

Para hacerle frente a la situación económica, Pablo y Cristina improvisaron un almacén en su casa y comenzaron a vender mercadería (huevos, bebidas con y sin alcohol, galletitas, fideos) a los vecinos que, conociendo la situación, les compran para ayudarlos.
Para hacerle frente a la situación económica, Pablo y Cristina improvisaron un almacén en su casa y comenzaron a vender mercadería (huevos, bebidas con y sin alcohol, galletitas, fideos) a los vecinos que, conociendo la situación, les compran para ayudarlos.

Para sobrevivir, Pablo y Cristina improvisaron un almacén en su casa y comenzaron a vender mercadería a los vecinos que, conociendo la situación, les compran para ayudarlos. Con lo que van juntando pueden costear los gastos de comida y pagar los servicios. “Es muy sorprendente y emocionante toda la solidaridad que nos han mostrado en el barrio”, sostiene Cristina.

Si bien Cristina logró cobrar una cuota del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), hace varios meses ella y Pablo adeudan el pago de alquiler y desde la inmobiliaria les dieron un ultimátum. “Si para septiembre no pagamos, nos desalojan”, Quiñones.

Gracias a un conocido, la historia de Pablo Quiñones llegó a los medios de Córdoba y, desde el martes, se intervino para que el hombre pudiera ir a hacerse la radioterapia en remise. “Ahora llego en 15 minutos”, dice. Hace una pausa y agrega: “Pero no me arrepiento de las caminatas: las hice por mi vida”.

Para fines de agosto, Pablo tiene previsto terminar el tratamiento de rayos.
Para fines de agosto, Pablo tiene previsto terminar el tratamiento de rayos.

La pregunta que muchos se hacen: ¿Cómo es posible que este hombre haya podido hacer semejante esfuerzo físico durante un tratamiento oncológico? En comunicación telefónica con Infobae, el médico oncólogo clínico, Martín Alonso, y Director del Registro de Tumores de la provincia de Córdoba (RPTC) explica que eso depende del metabolismo de cada persona. “Las radioterapias suelen tolerarse muy bien. Sin embargo, algunos pacientes pueden tener problemas llegando al último término”, dice acerca del tratamiento que dura de cuatro a seis semanas.

Por las noches Quiñones reza. Como lo hizo durante las tres semanas que caminó ida y vuelta al hospital, el hombre de 43 años le pide a Dios que le de fuerzas. “Yo sé que el panorama es complejo porque ambos cánceres están en un estadío muy avanzado, pero yo quiero seguir viviendo”, cierra.

* Para colaborar con Pablo Quiñones se le puede hacer una transferencia a su CBU 0200902911000001537358 o comunicarse con su pareja Cristina Chávez al +549.351.633.6596

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