Con un capital de un millón de pesos fuertes, Juan Ramón Borges fundó en 1885 la empresa que, desde entonces, lleva su apellido. Dedicada a la venta de productos para el sector agropecuario y a la fabricación de cajas de seguridad, instaló su local de ventas en la calle Victoria (hoy Defensa), en las cercanías del Cabildo. Pasaron 135 años y el fundador mutó a bisabuelo del actual dueño. La compañía, que nunca dejó de fabricar cajas fuertes, debió adaptarse a los paradigmas del mundo moderno: la bioseguridad como regla.
Con el coronavirus como matriz transversal a todo, Borges innovó con un dispositivo sanitario. En su compromiso por atacar la propagación del contagio, creó una cabina sanitizante y preventiva para ser instalada en los ingresos a lugares cerrados como bancos, oficinas u otros ambientes de circulación masiva. “La cabina tiene dos tubos de rayos UV germicidas con un alto poder desinfectante. La combinación del alcohol en gel que la persona se pone en las manos antes de entrar, los tubos UV y los rociadores de ácido hipocloroso al 0,05 %, generan una efectividad muy alta para eliminar el virus. Luego de pasar por esta cabina, la persona está libre de patógenos por hasta diez horas”, explicó el empresario Lisandro Borges, responsable de la firma e ideólogo de la iniciativa.

El desarrollo está inspirado en países del primer mundo, que enfrentan un impacto más severo de la pandemia. La irradiación de rayos UV del tipo germicida (de longitud de onda 253.7 nanómetros) afecta la estructura molecular de microorganismos como virus, bacterias, hongos, levaduras, protozoos y otros patógenos: los elimina. Luego, a través de un sistema de aspersión, rocía microgotas de tamaño menor a 30 micrones, de un solución de ácido hipocloroso al 0,05%, validado por la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos y por la Organización Mundial de la Salud (OMS),
De la cabina sanitizante se desprende una segunda propuesta y solución: Uvis. El nombre supone un homenaje a la tecnología UV. Es un gabinete esterilizador con medidas comparables a las de un microondas que combina el principio óptico para desinfectar artículos de forma segura y eficiente. Ya no está pensado para puestos de acceso a lugares concurridos: su uso es casero y práctico.
“La idea es poder esterilizar lo que quieras. La computadora, las llaves, los anteojos, el control remoto, el celular o cualquier objetivo que consideres que puede estar infectado en tu casa. Solo tenés que ponerlos en el receptáculo, esperar 25 segundos y sacarlos”, explicó el emprendedor, que agregó que el gabinete utiliza la misma tecnología que emplean los odontólogos o los hospitales para desinfectar los instrumentos y herramientas.

“Elimina hasta el 99,9% de virus, bacterias y patógenos con luz UV”, reza la descripción del producto. “No deja de ser algo que ya existe, solo que nuestra propuesta es darle un uso hogareño y un sentido de prevención ante el coronavirus”, detalló Lisandro Borges. El empresario advirtió que este dispositivo es solo una medida más de prevención a las recomendaciones básicas difundidas por el Ministerio de Salud de la Nación y la OMS, como el distanciamiento social, la higiene permanente y el uso de barbijos o tapaboca.
"Esta pandemia va a dejar un gran aprendizaje a todos y va a cambiar nuestro estilo de vida en el futuro. Estas máquinas no son una moda como los solariums o las canchas de paddle, van a quedar. Porque en un año, cuando encuentren la vacuna, todos vamos a querer pasar por la cabina y que estemos desinfectados de hongos, bacterias o virus. Hemos hablado con varios infectólogos nacionales e internacionales que validan su uso, ya que la cabina mata todos los gérmenes y patógenos que tenemos en el exterior. Inclusive los que transportamos en nuestros zapatos y llevamos a todos lados”, concluyó Borges.
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