
“A ver, bajando las banderas”, gritaban las activistas históricas que se hacían espacio entre los jóvenes que estaban cerca del escenario. Eran las 19:30 y era la hora del pañuelazo, ese ritual donde se pliegan los “trapos” de las agrupaciones políticas por un rato para levantar el pañuelo verde.
“Este pañuelo es la bandera de cada una y es nuestra lucha colectiva”, decía la “artivista” Clodert García desde el escenario, mientras la abogada e histórica activista Nelly Minyersky, de 90 años, caminaba hacia la primera fila con sus amigas Martha Rosenberg, Elsa Schvartzman y Nina Brugo. Alrededor de ellas -las activistas de mayor trayectoria- las jóvenes levantaban los brazos, ponían el glitter de los cachetes al cielo y exhibían la tela verde loro hacia El Molino.

Las manos desanudaban ese símbolo que recorre la ciudad atado a las carteras, los cuellos, las muñecas, las mochilas o las riñoneras. Ese símbolo que surgió en los Encuentros Nacional de Mujeres de Rosario (2003) y Mendoza (2004) y reinterpreta el pañuelo blanco de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, tiene su propio ritual.
En el Grito Global por el Aborto Legal, la actividad que se desarrolló en varias ciudades del país, en América Latina y también en capitales del mundo, surgió muchos años atrás que la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Fue en San Bernardo en 1990 en el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (EFLAC).

La coquetería de los brillos verdes, “la birra para lxs pibxs”, como decía un cartel, la feria de stickers, posters, anillos, moños, todo verde, tomó la vía pública. La señal de “sororidad” (respeto, cuidado y confianza entre mujeres desconocidas) de una generación de jóvenes que salió a la calle durante la votación del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y aún reclama lo que el Congreso le negó, una ley.
“Hay otra forma de hacer las cosas, elegí ser vegana”, decía con pintura verde un cartón que sostenía una chica no mayor de 20 años. Del otro lado decía “Mi cuerpo, mi decisión”. Es que la concentración por el Grito Global por el Aborto Legal comenzó a las 17 en la esquina de Rivadavia y Callao, mientras que en la otra esquina del Congreso se concentraba la Movilización Mundial contra la Crisis Climática.

Las dos agendas se unían en espacio y demanda. En la puerta del Congreso, que está vallado por reparación, un video de las dos movilizaciones unía el mensaje: “La crisis climática y el aborto clandestino es un reclamo por justicia social".
“Me emociona que hoy confluyan dos agendas que preocupan y ocupan a las juventudes”, decía la diputada radical Brenda Austin en uno de los paneles que la Campaña Nacional montó sobre Avenida Rivadavia. Antes, la moderadora Julia Martino le había preguntado cómo esperaba que fuera este año legislativo, a lo que Austin señaló que están frente a una situación de incertidumbre sobre la conformación del próximo Congreso.
“Tenemos que continuar fortaleciendo lo que funcionó muy bien: la transversalidad entre espacios políticos y la sinergia con lo que pasaba en la calle. Se vienen tiempos distintos pero tenemos que seguir articulando entre nosotras”.

A su lado estaba Nelly Minyersky, como parte de la Comisión Redactora del Proyecto de Ley de la Campaña que este año se presentó por octava vez, y decía: “De esta plaza no nos vamos a ir sin la ley”. Sus palabras generaron los primeros aplausos de la tarde y el clásico cántico “Aborto legal en cualquier lugar”. “No podemos aceptar más que se nos imponga un estilo de vida -decía la abogada e histórica activista-. Cuando hablamos de legalización y despenalización estamos hablando de democracia”.
Desde el escenario se arengaba una fiesta, “porque la lucha se festeja”, decían. Sobre Callao se jugaban micropartidos de “fulbito feminista” de equipos de tres jugadoras. Las Actrices Argentinas hacían una perfomance debajo del escenario con perchas para señalar a los Senadores que votaron en contra de la ley.

Una trenza gigante de las artistas plásticas y las poetas que leían sus textos se armaba a medida que había oyentes sobre Rivadavia. Las actividades seguían para cada lado: boxeo, autodefensa, batucada, candombe, tango y flamenco.

Al caer la noche, los pañuelos verdes, los más claros, los más oscuros, los pintados, los bordados, se levantaron. Como un mantra se repitió: “Nuestro cuerpo es tierra de libertad. Aborto o no aborto, lo decido yo. Exigimos aborto libre, seguro y legal”. Y desde algún lado se escuchó el grito: “Festejamos porque estamos vivas”.
Fotos: Franco Fafasulli
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