Donó los órganos de su hijo, buscó a los receptores y ya encontró a uno: "Soy yo... el que recibió el riñón de tu hijo"

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"Si estás agradecido/a a este ángel que te regaló parte de sí para que pudieras seguir viviendo, quiero que sepas que sólo queremos darte un abrazo", escribió en su cuenta de Facebook, sentado en su casa de General San Martín, en La Pampa.

El duelo por la muerte de su hijo Bruno, de 18 años -el 5 de octubre después de una operación de cerebro por una malformación arteriovenosa que apareció en noviembre del año pasado y se complicó gravemente- todavía lo azotaba como si cada día fuera eterno. Pero sentía que en algún rincón del país existían cuatro personas que vivían gracias a la donación de los órganos de Bruno. Y necesitaba abrazarlas.

En el peor momento de la enfermedad de su hijo, cuando había que tomar la decisión de hacer otra intervención muy riesgosa y que podía dejar graves secuelas, Daniel y su esposa Laura recordaron una conversación pasajera que habían tenido con Bruno.

"Acá en el pueblo hay un chiquito en silla de ruedas que no puede hacer nada, está atado a un pequeño hilo de conciencia", cuenta Daniel. "Yo dije: 'Si a mí me pasara algo así, que me desconecten'". Bruno contestó: "A mí también".

Y con dolor los padres decidieron no hacer esa segunda operación que podía dejar graves secuelas. También decidieron donar sus órganos: "Es lo que él quería", dicen.

Bruno Jensen tenía 18 años
Bruno Jensen tenía 18 años

Su publicación, que se viralizó, conmovió a Esteban Lubochiner, que el 6 de octubre -un día después de la muerte de Bruno- había sido trasplantado. Esteban tenía sentimientos encontrados sobre quién habría sido la persona que con su muerte salvó su vida: "Tenía miedo de su historia, su personalidad, si era buena o mala persona", reveló.

El dato de que el joven era de La Pampa lo desconcertó pero la curiosidad fue más fuerte. "Así que llamé sólo para saber que no era yo y no dejarme dudas", escribió en su perfil de Facebook donde contó toda la historia del encuentro.

"Llamé y me atendió Daniel Jensen. Confirmamos fecha de trasplante y le digo, para no hacerle perder el tiempo en su sufrimiento: 'Sólo dígame, ¿dónde falleció su hijo?'. Y me dice la clínica que figuraba en mi certificado del Incucai. No había dudas", contó.

"Me largué a llorar, no podía parar y le dije: 'Soy yo… soy el receptor del riñón derecho de su hijo'. No podía parar de llorar".

En medio de la emoción y el temor de lastimar a Daniel, Esteban le agradeció "una y mil veces el acto altruista que habían tenido". "Me aclaró que si bien ellos aceptaron la donación, era parte de la ideología de su hijo", explicó. "Nos aseguramos de que era yo y no otro, y arreglamos encontrarnos en Buenos Aires el lunes 22 de octubre".

Esteban, el receptor del riñón de Bruno, con Daniel Jensen y su esposa Laura
Esteban, el receptor del riñón de Bruno, con Daniel Jensen y su esposa Laura

"¿La familia me odiará? ¿Sentirá rechazo por tener un órgano de su hijo? ¿Me recibirán con cariño? ¿Seré digno de su memoria y de su acto de amor? ¿No estaré cometiendo el error de incentivar el dolor y quizás el odio de la familia hacia mí?", eran algunas de las preguntas que cruzaban por su cabeza. "Pero tenía decidido afrontarlas".

Laura y Daniel se citaron entonces un bar con Esteban y "Yoryi", su mujer. Cuando se encontraron los desbordó la emoción. Se abrazaron fuerte, lloraron y conversaron sobre Bruno. "Me contaron que quería ser veterinario para dedicarse a la genética del ganado, que le gustaba la historia y la política, que le encantaba ayudar y apoyar causas justas".

Bruno y Daniel, su papá, en la última foto que se sacaron juntos
Bruno y Daniel, su papá, en la última foto que se sacaron juntos

"Avanzábamos en la conversación y aparecían similitudes, cosas en común conmigo", contó Esteban."Salvo una: era de Boca. Así que desde el 6 de octubre en casa hay dos hinchas de Boca: Bruno, mi mujer y se suman mis hijas cuando vienen a ver algún partido. Quedamos de River mi hijo, el hijo de Yoryi y yo. ¡Será todo un tema los clásicos!", escribió con risas.

"Les dije que mi miedo siempre era quién era el donante. Y ahora que lo sé, que veo lo que escriben de él sus amigos, lo que lo aman sus padres y familia, me sentía honrado de tener el riñón de Bruno y que esperaba honrar su acto con todos los actos de mi vida. Que jamás podría dejar de agradecerles y que mi agradecimiento será hasta el último día de mi vida", resumió Esteban.

"Les agradecí de mil maneras, me puse a su disposición de por vida", dijo, y contó también que tanto él como su mujer perdieron un hijo antes de conocerse: "Sabemos del dolor de esa pérdida que jamás se va".

Si bien la Ley 27.447 de trasplante de órganos, tejidos y células prohíbe a las autoridades médicas facilitar a los familiares del donante los datos personales de los receptores, exceptuando la edad y el sexo y si pudieron hacerse, Daniel explicó a Infobae tras el encuentro que su "único y verdadero interés" es sólo "darles un abrazo y estrechar un vínculo".

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La motivación de la medida es "no interferir en el proceso de duelo" de la familia del donante y "evitar vínculos basados en la negación de la muerte", según explicaron a Infobae desde el Incucai a partir del caso. Esto es, que la familia del donante interprete que su ser querido "vive" en otra persona o que el receptor tenga sentimientos de culpa con la familia que está transitando el duelo.

"No perseguimos ningún objetivo raro, ni económico, ni nada. Somos gente normal sumida en el dolor. Esta fue la primera idea que tuvimos y estamos tras esto. Estamos en manos de los receptores que falta encontrar", agregó Daniel.

"Tal vez ésto te ayude a dar ese paso y te atrevas a llamarnos. Si querés, contactate con Esteban antes, sin que nosotros lo sepamos, y tal vez él te diga quiénes somos y qué queremos, nada más", publicó nuevamente en redes sociales, dirigiéndose a los otros tres receptores de órganos. "Te mando un abrazo y espero tu llamado".

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