"Hace diez días en el juzgado me habían dicho que no había novedades. Como siempre, tengo que enterarme por el periodismo", se lamenta Bagnato. La novedad es que el múltiple asesino Fructuoso Álvarez González, amparándose en su nacionalidad española, presentó ante el juzgado de Ejecución Penal un recurso de extrañamiento. Se trata de un beneficio que contempla la Ley de Migraciones por el cual un ciudadano extranjero condenado por un delito cometido en Argentina puede, una vez cumplida la mitad de la pena, ser deportado a su país; la pena queda extinguida automáticamente y la persona libre en su tierra natal.
"¿Cómo se le puede dar un beneficio así, por más extranjero que sea? Mató a 5 argentinos, burló la ley, me amenazó de muerte… No tiene nada que perder porque no tiene familia, ni nadie que lo contenga. Estoy sin defensa. ¿Qué tengo que hacer? ¿Esperar a encontrármelo en la puerta de mi casa?", pregunta desesperado -y hastiado- Matías, que viene batallando hace años para evitar que el asesino de su familia se vea beneficiado con algunos de los muchos mecanismos que tiene el Código Penal para aligerar las condenas.
Y no pelea sólo por su caso: también participa, junto a otras familias afectadas por el flagelo de la criminalidad, de varias iniciativas -entre ellas, una petición en Change.org– tendientes a cambiar las leyes para que las víctimas sean escuchadas durante todo el proceso penal.
El diputado nacional Luis Petri (UCR, Mendoza), presidente de la comisión de Seguridad Interior de la Cámara baja, cree que el artículo se aplica sólo a los "extranjeros en situación irregular" y no a los residentes legales, lo que sería una mala noticia para Fructuoso Álvarez González quien, al momento de cometer el crimen, estaba legalmente casado en Argentina y tenía varios negocios.
Matías Bagnato prefiere curarse en salud. No sólo por la tendencia -creciente en la última larga década- de tantos jueces a interpretar la ley sistemáticamente en el sentido más laxo, sino por los antecedentes del criminal que exterminó a su familia.
Fructuoso Álvarez González estaba casado con una prima del padre de Matías. En reclamo de una supuesta deuda, empezó a amenazar a la familia y llegó incluso a agredir físicamente a la abuela -tía de su esposa-. Finalmente, el 17 de febrero de 1994, de madrugada, ejecutó su venganza incendiando la casa de los Bagnato en el barrio de Flores. Así mató a los padres de Matías, a sus dos hermanitos menores (de 14 y 9 años) y a un amiguito (de 11) que ocasionalmente se encontraba allí. Sólo Matías, que en aquel entonces tenía 16 años, logró escapar del fuego, ayudado por los vecinos, porque su ventana no tenía rejas.
El asesino recibió 25 años de condena. Pero al poco tiempo apeló por primera vez a su nacionalidad española. Obtuvo en 2004 el traslado a España para completar allí su condena. Pero en el año 2008 fue liberado por una combinación de un error en el expediente -la fecha del crimen fue anotada como 1990 en vez de 1994 lo que le permitió ganar 4 años y pedir la libertad condicional- y desidia del juez Axel López que no respondió los exhortos de la justicia española sobre el caso.
Matías Bagnato encontró en el legajo la carta que escribió el asesino de su familia cuando solicitó el traslado a España y que reproducimos aquí. Además de quejarse amargamente de la justicia argentina –en términos que rozan el insulto-, alegaba que quería rehacer su vida y aplicar de modo útil los conocimientos adquiridos en prisión, donde había terminado el secundario y realizado algunos estudios técnicos.
Mentía descaradamente. Apenas quedó libre volvió a la Argentina, algo de lo cual Bagnato se enteró cuando, en plena madrugada, sonó el teléfono en su casa: era el asesino que llamaba para amenazarlo.
Luego de estar un año y medio prófugo -y Matías y su abuela con custodia policial- fue detenido y enviado de vuelta a prisión para completar su pena.
Desde entonces, el único sobreviviente de la Masacre de Flores lucha por impedir que el múltiple asesino sea nuevamente liberado. A fines de 2015 logró evitar que se le concedieran salidas transitorias. Fructuoso apeló. Ahora, la Cámara de Casación Penal ratificó la negativa a concederle ese beneficio.
Pero él contraataca pidiendo el extrañamiento, con lo cual su pena quedaría extinguida en Argentina.
Los peritos que habían evaluado su solicitud de salidas transitorias afirmaron que no estaba preparado para la libertad: "(Fructuoso Álvarez González) no ha logrado modificar su posición frente al delito ni ha desarrollado un proceso de autocrítica y reflexión". El informe psicológico en el que Ejecución Penal se basó para negarle el beneficio, lo señalaba como un manipulador: "Se observa en su discurso conducta y acciones manipuladoras tendientes a lograr su beneficio personal por sobre el compromiso y el vínculo con el otro".
"El contexto de su libertad es muy peligroso para mí", dice Matías Bagnato, angustiado ante la idea de volver a una situación análoga a la de ese largo año y medio durante el cual el asesino estuvo prófugo y lo llamaba regularmente para amenazarlo de muerte. Álvarez González es un hombre todavía joven. Tenía 35 en el momento del crimen, hoy tiene 56 años.
El diputado Luis Petri dijo a Infobae que en febrero presentará un proyecto de modificación de la Ley Migratoria para que el extrañamiento sea condicional a que el delincuente beneficiado no pueda volver al país y que, en caso de hacerlo, no rija la extinción de la pena.
Entretanto, es de esperar que quien tenga que evaluar el pedido de Fructuoso Álvarez González tenga presente que existen antecedentes de que el solicitante del extrañamiento ya se sirvió de los beneficios que le concedió la ley argentina para intentar reincidir, regresando subrepticiamente al país y amenazando al único sobreviviente de la familia de la cual un día juró vengarse y que casi logró exterminar por completo.
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