Un tema, una controversia y cuatro especialistas que opinan a favor o en contra. Con estos elementos construyó la filósofa Diana Cohen Agrest un programa de televisión que llega para demostrar que se puede debatir en forma ordenada, con información y, sobre todo, con mucho respeto.
El ciclo se llama "¿Qué piensan los que no piensan como yo?", está basado en un libro homónimo que escribió la propia Cohen Agrest años atrás y es emitido desde hace algunas semanas en el canal Encuentro.
A lo largo de 13 capítulos, la fundadora y directora de la asociación civil "Usina de Justicia" modera discusiones sobre temas como la eutanasia, drogas, aborto, modelos de familia y redes sociales, entre tantos otros.
—¿Cómo surgió la iniciativa de hacer el programa?
—La idea nació hace una década, cuando advertí que el abordaje pedagógico de una universidad australiana de la cual acababa de graduarme se basaba en una práctica raramente ejercida en nuestro medio: pensar cuáles son las mejores razones en las que fundar una decisión, sobre todo cuando esa decisión concierne a cuestiones vitales y determinantes de toda vida humana. Fui con mi propuesta a un conocido productor cultural de TV, pero la rechazó por costosa y controvertida. Como ese programa no salió, yo lo publiqué con Random House Mondadori en forma de libro. Y el libro de alguna manera sigue ciertas pautas televisivas. Este año me ofrecieron hacer el programa y así, finalmente, se hizo realidad el proyecto original…
—¿Cómo se definieron los temas y los especialistas que participarían en cada mesa?
—La mitad de los temas eran los del libro original. Pero tuve que hacer una especie de actualización. Hubo cosas que cambiaron desde el punto de vista científico, de la ley o de la sociedad. Hay prácticas que hace 8 años atrás se consideraban de una manera y hoy otra. Tal es así que algunos capítulos los eliminé y a su vez se introdujeron nuevos. Por ejemplo, hay tres capítulos que tienen que ver con las redes sociales e Internet. Entonces algunos se dieron de baja y a otros se los cambió de perspectiva. De la elección de los especialistas se encargó la producción.
—¿Cómo ve el estado del debate en la Argentina?
—El libro fue escrito hace ocho años. Yo advertía que muchas veces cuando la gente hablaba de un tema como el aborto, o la eutanasia, era muy elemental en la respuesta. En el caso del aborto, por ejemplo, decían estar a favor de la vida, señalaban que la ley lo prohíbe. O hablaban de la autonomía de la mujer o decían que Dios nos dio la vida. Respuestas que eran clichés: la gente no podía ir mucho más allá porque no tenía argumentos. Tampoco se podía construir un debate a partir de un intercambio de ideas. Y cuando esas ideas salen a la luz, salen muchas veces en forma de artículos o notas amarillistas que buscan el impacto mediático y no el análisis reflexivo y crítico.
—¿Cuál es entonces la propuesta del programa?
—La propuesta fue y es totalmente novedosa. Tiene un doble sentido, que se ilustra a la audiencia a cerca de los argumentos a favor y en contra década de controversia. Desde el punto de vista, el contenido el objetivo es que la gente adquiera herramientas para poder debatir reflexivamente. Y desde el punto de vista formal para debatir no hace falta apelar a los gritos y a los argumentos ad hominem. Todos los programas se caracterizan por el respeto y el debate de ideas y no en un ataque a las personas. Eso realmente marca una distancia enorme con el nivel de agresión discursiva a la que parece que estamos acostumbrados. Hay una manera distinta de poder debatir.
—¿La gente está dispuesta a cambiar su postura?
—No sé si se puede cambiar la postura. La gente de la mesa ya tiene su posición formada a partir de años de análisis y estudio. Y de una toma de posición que es muchas veces es visceral. Hume decía que la razón es esclava de las pasiones. Muchas veces se toma una decisión visceral y después se buscan las razones para sostenerla. En algunas oportunidades, el otro te puede introducir algo que no habías pensado y modificar el punto de vista. Y en la audiencia mucha gente no tiene una opinión formada, porque muchas veces son prácticas muy novedosas. En el debate de las redes sociales, en el libro se pensó como qué es lo que se tiene que privilegiar, si la seguridad o la libertad de expresión. Ahí vos podés introducir perspectivas que la gente no tiene. Incluso yo misma no tengo una posición formada acerca de todas las cuestiones.
—En su rol de conductora, usted no toma posición por ninguno de los dos bandos.
—En el libro original yo tampoco tomo una posición ultima y esa es una de las críticas que recibió. Es que la filosofía son preguntas más que respuestas, y yo pregunto como filósofa. El sentido último es que la gente pueda pensar por sí misma a través y a partir de las herramientas que el programa le brinda. Porque cada especialista le va a dar a la audiencia la mejor herramienta para que después puedan pensar y tomar una postura a partir de su propia experiencia, sus propios valores y el contexto. Es una invitación a pensar en libertad con herramientas conceptuales sólidas. Ese es el valor diferencial que ofrece el programa.
—¿Alguien podría creer que el programa tiene algún sesgo? Porque puede dar la sensación de que hay alguien que se queda con la última palabra.
—Nunca quise bajar línea. Mi intención como conductora y autora del libro es que no exista eso. Lo que pasa es que, obviamente, la gente cree que puede haber un sesgo porque cada uno los tiene inconscientemente y pueden llegar a mostrarlos más allá de la voluntad. Por ejemplo, un sesgo formal es cuando vos ponés la última entrevista a una persona que está a favor de algo. Yo traté de que fuera lo mas imparcial posible, pero se puede deslizar algún sesgo. Tiene que ver con cómo cada persona mira el programa. Es increíble, porque hay gente que lo ve sesgado en un sentido y hay gente lo ve en otro. Creo que esos son los límites pero también la grandeza del programa, que interpela al espectador en uno u otro sentido, así que nadie puede permanecer indiferente.
—Desde hace varios años usted lucha por una Justicia más justa. Y en el último tiempo se señaló que buena parte de los jueces argentinos respondían a una doctrina de tipo garantista. ¿Cree que va a haber algún cambio de perspectiva en este sentido?
—Está habiendo un cambio de perspectiva, que lo vengo promoviendo desde hace cinco años. No tiene que ver con el cambio de gobierno sino con la propia realidad. Viene de los últimos años. Yo creo que estamos yendo hacia una Justicia más equilibrada. Hoy en día la dirigencia está viendo el reclamo de una sociedad que está diezmada. Lamentablemente la realidad me dio al razón con la AMIA, con Cromañón y con todo lo que sucedió después. Se está girando desde un modelo un modelo de víctima y Justicia centrado en los 70. Como ya pasaron 40 años, se está virando a un modelo pensado desde la relación de las víctimas con los victimarios. Antes era la violencia institucional. Hoy es el Estado o sus representantes contra el individuo. Hoy en día, si bien esto continúa -como en el caso de Once- también tenemos particulares contra particulares: delitos viales, callejeros y violencia doméstica.
—Obtuvo recientemente el Konex de Platino. ¿Qué significa para su carrera ese reconocimiento?
—Es un reconocimiento a 30 años y 9 libros escritos sobre ética. Muchos trabajos fueron publicados en el extranjero, sobre todo los académicos. El trabajo que llevé adelante fue peculiar porque, paralelamente a una carrera académica en el extranjero, traté de sacar la filosofía a la calle a través de lo que llamo ética de divulgación. Desde hace 17 años yo colaboro en muchísimos medios gráficos y también participé en televisivos, a través de mis trabajos de bioética y también de escritos de divulgación. Traté cuestiones coyunturales a través de una perspectiva filosófica. Yo de algún modo impulsé que la filosofía y la ética no podían quedar encerradas en la academia sino que tenían que salir a la calle. Porque creo que la ética atraviesa nuestra vida. Cada vez que tomamos una decisión en la vida cotidiana, siempre estamos tomando decisiones éticas, lo que pasa es que lo hacemos inconscientemente.
"¿Qué piensan los que no piensan como yo?" se emite los martes a las 22 en Encuentro