Durante años, gran parte de la investigación sobre embarazo y salud infantil se concentró casi exclusivamente en la madre. Pero un nuevo estudio sugiere que el estado de salud del padre antes de la concepción también podría influir de manera importante en el metabolismo futuro de los hijos.
La investigación, difundida por la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo (FAPESP) y publicada en la revista Nature Communications, encontró que el exceso de peso en los hombres puede transmitir predisposición a trastornos vinculados con la diabetes y el manejo de la glucosa a través de señales biológicas presentes en el esperma.
Pero los resultados también aportaron una noticia alentadora: cuando los padres recuperaban un peso saludable antes de buscar un embarazo, ese efecto desaparecía por completo.
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El trabajo fue liderado por Jan-Wilhelm Kornfeld, investigador de la Universidad del Sur de Dinamarca, junto a Marcelo Mori, científico de la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP), en Brasil.
Una “memoria” biológica que viaja en el esperma
El equipo analizó cómo el exceso de grasa corporal modifica ciertas moléculas diminutas llamadas microARN, pequeños fragmentos capaces de regular la actividad de distintos genes.
Una forma sencilla de entenderlo es imaginar al ADN como un enorme manual de instrucciones y a estas moléculas como marcadores que señalan qué partes deben usarse más, menos o directamente permanecer apagadas.
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En los hombres con obesidad, los científicos detectaron niveles elevados de una de estas moléculas, conocida como let-7, tanto en el tejido adiposo como en el semen.
Durante la fecundación, ese exceso llega al embrión y altera mecanismos relacionados con la producción y el uso de energía dentro de las células. El resultado es una especie de “programación silenciosa” que puede afectar durante años la forma en que el organismo procesa el azúcar.
Según explicó Mori a FAPESP, los hijos de padres con obesidad suelen nacer con peso normal y aparentar buena salud en etapas tempranas. Sin embargo, con el tiempo presentan más dificultades para regular la glucosa y responden peor a la insulina, una hormona clave para mantener estable el azúcar en sangre.
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El fenómeno apareció con mayor intensidad en los descendientes varones, mientras que las hembras mostraron mayor resistencia a esos cambios. Los autores señalaron que esa diferencia entre sexos coincide con patrones ya documentados en estudios previos en seres humanos.
La enzima que regula el equilibrio energético celular
La investigación también identificó un mecanismo central detrás de este fenómeno: la reducción de una enzima llamada DICER. Esta proteína funciona como una especie de “central de procesamiento” encargada de preparar múltiples microARN esenciales para coordinar genes vinculados con la energía celular.
Cuando los niveles de let-7 aumentan demasiado, la actividad de DICER disminuye. Como consecuencia, las células empiezan a administrar peor sus recursos energéticos, algo comparable a una ciudad donde el sistema eléctrico comienza a distribuir la energía de manera ineficiente.
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Con el paso del tiempo, ese desequilibrio favorece problemas en el tejido adiposo y dificultades para controlar el azúcar en sangre. Los autores remarcaron además que hábitos saludables, especialmente la actividad física, pueden estimular nuevamente esta enzima y mejorar el funcionamiento general del organismo.
La marca biológica desaparece con la pérdida de peso
Uno de los hallazgos más relevantes fue demostrar que esta marca biológica no es permanente. Para comprobarlo, los científicos sometieron a animales con obesidad a una alimentación equilibrada durante aproximadamente nueve semanas, tiempo suficiente para normalizar el peso corporal.
Después de ese período, el exceso de let-7 desapareció tanto del tejido adiposo como del esperma. Y lo más importante: los hijos de esos padres ya no presentaron diferencias respecto de los controles sanos.
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En otro experimento, el equipo introdujo directamente let-7 en embriones de animales saludables. Solo esa intervención bastó para reproducir los mismos problemas observados en la descendencia de padres obesos, reforzando la idea de que esta molécula cumple un rol decisivo en el proceso.
La validación en personas incluyó a 15 hombres con obesidad severa que se preparaban para tratamientos de fertilidad. Inicialmente, los participantes presentaban altos niveles de let-7 tanto en el tejido adiposo como en el semen. Sin embargo, tras seis meses de cambios en la alimentación y el estilo de vida, esos valores disminuyeron de manera significativa.
Según Mori, la reducción fue proporcional a la cantidad de peso perdido, lo que refuerza la relación entre la salud del padre y las señales biológicas transmitidas al embrión. Para Kornfeld, los resultados muestran que “el estado del esperma refleja de alguna forma la salud general del hombre”.
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Lo que el estudio revela sobre epigenética y herencia
Según los investigadores, los hallazgos refuerzan una idea en creciente discusión dentro de la biología: la herencia no depende únicamente de los genes.
Además del ADN, el organismo transmite señales químicas capaces de modificar cómo funcionan esos genes. Y muchas de ellas están influenciadas por factores cotidianos como la alimentación, el sueño, el estrés o el ejercicio.
En otras palabras, el cuerpo parece conservar una especie de registro biológico de las experiencias previas del padre antes de la concepción. Los autores creen que estos resultados podrían abrir nuevas estrategias preventivas frente a enfermedades asociadas con la diabetes y otros trastornos relacionados con el equilibrio energético.
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