
La misofonía es un trastorno que se caracteriza por generar molestias desproporcionadas ante sonidos cotidianos, como por ejemplo el que hace una persona mientras mastica. Ira, angustia y tensión muscular son solo algunas de las sensaciones que aparecen al escuchar esa clase de ruidos. Este malestar no necesariamente tiene que ver con las características sonoras sino que puede deberse a la alteración que genera en el estado de ánimo de cada persona.
Recientemente, un estudio científico realizado por expertos de la Universidad de Oxford y del King’s College London, planteó que la misofonía es más común de lo que se creía y profundizó sobre las principales causas que la desencadenan. “Encontramos que hay ciertos sonidos que con frecuencia provocan una respuesta emocional negativa, como masticar fuerte, sorber, roncar y respirar”, introdujeron en el trabajo, que fue publicado en la revista Plos One.
Un caso emblemático de este trastorno es el de Natalia Oreiro, la cantante y actriz uruguaya que, en 2022, confirmó su diagnóstico. “Pensaban que era loca y mucha gente me miraba como si fuera una snob o histérica. El ruido del chicle para mí era como el punto máximo. Pero hay varios ruidos que a los que padecemos esto nos hace daño. La lapicera, por ejemplo, es otro de esos sonidos que me generan ansiedad, palpitación, sudor, frío y no puedo concentrarme en otra cosa que no sea eso. No es un toc sino que es una enfermedad neurológica”, había revelado en aquel entonces.

De acuerdo al estudio realizado por los expertos del Reino Unido, una de cada cinco personas (18,4 %) en aquella región europea experimenta misofonía. “Los resultados muestran que este trastorno es una condición relativamente común. Hasta la fecha, había poca investigación sobre la prevalencia”, detallaron.
Según los expertos, “las manifestaciones comunes de la misofonía incluyen sentimientos de ira, disgusto y ansiedad; tensión muscular; evitación de estímulos desencadenantes; retiro de situaciones sociales y, en algunos casos, agresión verbal y física. También se han informado respuestas emocionales secundarias, como por ejemplo, vergüenza, culpa y ansiedad”.
Para llegar a estos resultados, los autores del estudio convocaron a 772 participantes del Reino Unido para que respondieran un cuestionario en el que se relevaron las reacciones ante los ruidos y sus diferentes intensidades.

Tras conocer los resultados, Jane Gregory, una de las expertas a cargo de la investigación, sostuvo: “La experiencia de la misofonía es más que solo estar molesto por un sonido, ya que puede causar sentimientos de impotencia o de quedar atrapado cuando las personas no pueden escapar de un sonido desagradable”. A menudo, las personas con misofonía se sienten mal consigo mismas por reaccionar de la forma en que lo hacen, especialmente cuando responden a los sonidos emitidos por sus seres queridos”.
Otra de las investigadoras, Silia Vitoratou, resaltó: “La mayoría de las personas con misofonía no tienen un nombre para describir lo que están experimentando. Sin conocer un diagnóstico, pueden sentirse desoladas o tener vergüenza”.
Gregory, Vitoratou y su equipo postularon que muchos de los sonidos “que se informan con frecuencia como síntomas de la misofonía, también son molestos para la población en general”. No obstante, según aclararon, “hay una diferencia clave en el patrón de reacciones de la misofonía en comparación con quienes no sufren este cuadro: los tipos de desencadenantes. Por ejemplo, sentir molestias por ruidos de respiración normal y de deglución es un indicador de niveles altos de misofonía; pero estos dos sonidos no provocan ningún sentimiento en la población que no padece el trastorno”.

Sobre este punto, anteriormente, Susana Alicia Dominguez, cofundadora de la Unidad de Acúfenos e Hiperacusia del Hospital Italiano y docente de la Universidad de Valladolid (España), le había descrito a Infobae: “La misofonía en particular no guarda relación con la intensidad de los sonidos sino que, por lo general, obedece a una conexión con experiencias negativas vividas con anterioridad que generaron una activación anómala en nuestro sistema Límbico (que es el sistema de las emociones) y sistema nervioso autónomo, dando síntomas como ansiedad, irritabilidad. Es por esta razón que se lo definiría como un trastorno neurológico”.
Por su parte, el neurólogo Alejandro Andersson había señalado en diálogo con este medio que es complejo saber con exactitud cuántas personas tienen misofonía en el mundo, ya que “faltan trabajos científicos para conocer las cifras en profundidad y además no todos los cuadros son iguales. Este trastorno es frecuente en personas que ya tienen zumbidos de oídos o hiperacusia, que son dos trastornos auditivos relacionados con el sonido”.
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