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Qué alimentos conviene sumar a la dieta diaria para cuidar intestino, músculos y articulaciones?

Frutos rojos, vegetales de hoja verde y pescados grasos aparecen entre las opciones recomendadas por especialistas, ya que sostener una alimentación variada puede contribuir a controlar los factores asociados con la inflamación crónica, sin sustituir el seguimiento médico profesional

La dieta mediterránea reúne frutas, legumbres, granos enteros y pescado para ayudar en el control de la inflamación (Imagen Ilustrativa Infobae)

La inflamación es una respuesta habitual del organismo ante lesiones, infecciones o sustancias que el sistema inmunitario identifica como una amenaza. El problema aparece cuando ese proceso persiste en el tiempo: una alimentación con nutrientes y compuestos antioxidantes puede ayudar a reducir los factores asociados a la inflamación crónica, vinculada con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, artritis y algunos tipos de cáncer.

Incorporar ciertos productos a las comidas diarias no reemplaza los tratamientos médicos ni resuelve por sí solo un diagnóstico. Sin embargo, la elección sostenida de alimentos frescos, grasas de mejor calidad y fuentes de fibra puede favorecer la salud general, incluidos el intestino, los músculos y las articulaciones.

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De acuerdo con GQ, que recoge recomendaciones de Harvard Health Publishing y GoodRx, el patrón de alimentación mediterráneo es uno de los más asociados con beneficios para controlar la inflamación. Su base incluye frutas, verduras, legumbres, granos integrales, pescado, frutos secos y aceites vegetales.

La inflamación cumple una función defensiva, pero puede persistir sin una lesión

Cuando el cuerpo detecta un microbio, polen o una sustancia química, activa una respuesta inmune para defenderse. Esa reacción puede causar enrojecimiento, calor, dolor o hinchazón, y forma parte de los mecanismos de reparación del organismo.

La inflamación crónica persiste en el tiempo y se vincula con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y artritis (Imagen Ilustrativa Infobae)

El desafío es la inflamación crónica, que puede mantenerse durante días, semanas o más tiempo, incluso sin una infección o una herida visible. El estrés sostenido, la falta de descanso, el sedentarismo y determinados hábitos alimentarios pueden contribuir a ese cuadro.

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En este contexto, los alimentos aportan compuestos que intervienen en distintos procesos del organismo. Los antioxidantes ayudan a proteger las células frente al daño oxidativo; los ácidos grasos omega-3 participan en la regulación de procesos inflamatorios; y la fibra contribuye al funcionamiento intestinal y a la diversidad de la microbiota.

Frutas, verduras y pescados grasos concentran nutrientes de interés

Los frutos rojos, como frutillas, arándanos, frambuesas y moras, son fuente de polifenoles. Estos compuestos tienen acción antioxidante y se asocian con la protección celular. Pueden sumarse a desayunos, yogures naturales o preparaciones con avena sin azúcar añadida.

Los frutos rojos aportan polifenoles con propiedades antioxidantes que favorecen la protección celular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los vegetales de hojas verdes, entre ellos la espinaca y el kale, aportan vitaminas, minerales y antioxidantes. La coliflor también suma fibra, vitamina C y calcio, mientras que el tomate contiene licopeno. Según la información recopilada por GQ, el licopeno puede aprovecharse mejor cuando el tomate se cocina.

Los pescados grasos, como el salmón y las sardinas, son una fuente de omega-3, un tipo de grasa insaturada vinculada con la reducción de marcadores inflamatorios. Alternar estas opciones con otras proteínas magras, como aves, huevos, legumbres o tofu, permite ampliar la variedad nutricional de la dieta.

Los pescados grasos como el salmón y las sardinas concentran ácidos grasos omega-3 que reducen los marcadores inflamatorios (Imagen Ilustrativa Infobae)

El aceite de oliva y el aceite de palta son otras alternativas para incorporar grasas insaturadas. Pueden utilizarse para condimentar ensaladas o cocinar a temperaturas moderadas, dentro de una alimentación equilibrada.

Magnesio, potasio y proteínas acompañan la recuperación muscular

La alimentación también puede acompañar el cuidado de los músculos, en especial después de la actividad física. La banana aporta potasio, mientras que las almendras, nueces y semillas de girasol contienen magnesio, grasas saludables, fibra y otros micronutrientes.

La banana aporta potasio al organismo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los granos enteros (como la avena, el arroz integral o el pan elaborado con harina integral) son preferibles a las versiones refinadas por su contenido de fibra y nutrientes. La clave no está en un alimento aislado, sino en sostener una combinación variada de proteínas, carbohidratos de buena calidad, vegetales y líquidos.

El té verde contiene galato de epigalocatequina, un antioxidante analizado por sus posibles efectos sobre la inflamación. El café también aporta antioxidantes, aunque su consumo debe adaptarse a la tolerancia individual y evitar excesos que afecten el sueño o provoquen malestar.

La salud intestinal depende de la variedad y de limitar el azúcar

Para el intestino, una dieta variada favorece la presencia de bacterias beneficiosas. Priorizar vegetales, legumbres, frutas, proteínas magras y granos enteros permite aumentar el consumo de fibra, siempre de forma gradual si no es un hábito previo.

La piña aporta bromelaína, un conjunto de enzimas con propiedades antiinflamatorias estudiadas. Las nueces y semillas pueden completar las comidas con fibra y grasas insaturadas, siempre en porciones acordes a las necesidades de cada persona.

La piña contiene bromelaína, un grupo de enzimas con acción antiinflamatoria que beneficia la salud intestinal (Imagen Ilustrativa Infobae)

En sentido contrario, conviene limitar productos asociados a una peor calidad nutricional: carbohidratos refinados, frituras, bebidas azucaradas, carnes procesadas y grasas trans. El pan blanco, las salchichas, los embutidos, la margarina y la manteca suelen figurar entre los alimentos cuyo consumo frecuente se relaciona con mayores riesgos metabólicos.

Los cambios deben ser sostenibles. Antes de modificar de forma importante la dieta, especialmente ante enfermedades digestivas, alergias, diabetes o tratamientos médicos, resulta recomendable consultar con un profesional de la salud o de la nutrición.

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