La tendencia a reducir o eliminar el consumo de alcohol se consolidó en los últimos años, impulsada por una mayor conciencia sobre sus efectos en la salud y la búsqueda de bienestar. En lugar de una copa de vino o un trago después de cenar, cada vez más consumidores optaron por alternativas que parecen inofensivas: aguas con gas, mocktails embotellados y kombucha.
Sin embargo, especialistas en gastroenterología citados por la revista Parade advierten que esas bebidas carbonatadas pueden provocar hinchazón, gases y acidez estomacal. El cuadro, además, se agrava cuando se las consume cerca de la hora de dormir.
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Por qué las burbujas generan malestar
El mecanismo es sencillo. “Cuando bebes un agua con gas, literalmente estás tragando burbujas de aire. Una vez que el líquido llega al ambiente cálido del estómago, esas burbujas se expanden”, explicó el Dr. Ali Aamar, gastroenterólogo del Houston Methodist.
La pared estomacal debe estirarse para alojar ese volumen extra de aire, lo que genera la sensación de hinchazón. A partir de ahí, el gas solo tiene dos caminos: volver en forma de eructo o avanzar hacia los intestinos.
El Dr. Christopher McGowan, gastroenterólogo y especialista en obesidad de Everself, coincide en el diagnóstico y añade que, además del gas propio de la carbonatación, al beber —así como al comer—también se traga aire, sobre todo si se hace rápido. “Más gas adentro significa más gas que tiene que salir. Así de simple”, sintetizó.
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El problema no se limita a la hinchazón. Según Aamar, cuando el estómago se llena de burbujas carbonatadas, la presión ascendente que se genera empuja la válvula que separa el esófago del estómago. Al ceder esa barrera, el ácido gástrico salpica hacia el esófago y aparece la sensación de ardor conocida como acidez o reflujo.
Este efecto se agrava por la noche. “Durante el día, la gravedad mantiene la comida, el gas y el ácido estomacal hacia abajo. Cuando uno se acuesta, pierde esa ventaja”, detalló el especialista del Houston Methodist. Por eso, beber una lata de agua con gas justo antes de ir a la cama multiplica las probabilidades de despertar con malestar.
La kombucha, una alternativa con riesgos ocultos
Entre las opciones sin alcohol que ganaron popularidad, la kombucha ocupa un lugar especial por su reputación de bebida amigable con la flora intestinal. Sin embargo, ambos médicos coinciden en que su perfil la convierte en una de las alternativas más propensas a generar molestias.
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McGowan apuntó que la kombucha reúne tres características problemáticas: es carbonatada, ácida y fermentada. Aamar sumó un detalle adicional: contiene levadura y azúcar. “Si las bacterias intestinales ya están algo desequilibradas, los microbios fermentan esos azúcares rápidamente y generan una ola masiva de gas en los intestinos”, explicó.
A eso se añade un nivel de acidez que el gastroenterólogo comparó con el del vinagre. “Si la válvula del estómago ya está algo debilitada, verter esa acidez extra directamente sobre ella es una receta instantánea para la acidez”, advirtió.
La recomendación de McGowan es directa: si la kombucha no genera efectos adversos, no hay razón para dejarla. No obstante, no es necesario forzarse a tomarla solo por sus probióticos cuando existen muchas otras fuentes de esos microorganismos beneficiosos.
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Cómo disfrutar del gas sin consecuencias
Ambos especialistas aclaran que nada de esto implica abandonar las bebidas con gas. La clave está en ajustar el modo y el momento del consumo. Sus consejos principales son cuatro:
- Evitar la carbonatación cerca de la hora de dormir y preferir consumirla más temprano en el día o en la noche, para que la gravedad ayude a mantener el ácido en su lugar.
- Reducir la cantidad. Una porción más pequeña introduce menos gas en el sistema digestivo.
- Prescindir del sorbete. Beber directamente del vaso disminuye la cantidad de aire que se traga con cada sorbo.
- Dejar que la bebida repose antes de tomarla. “Sírvela sobre hielo y dale un giro. Dejarla un minuto en el vaso permite que las burbujas más agresivas se escapen al aire en lugar de expandirse dentro de ti”, sugirió Aamar.
No todos sufren las mismas consecuencias
McGowan recordó que existe una enorme variabilidad individual. “Si te sientes bien bebiendo agua con gas, no hay razón médica para dejarla solo porque tiene carbonatación”, sostuvo. La señal de alarma aparece cuando cada lata deja una estela de hinchazón, malestar o la necesidad de recurrir a un antiácido.
Antes de eliminar las burbujas por completo, ambos médicos sugieren probar los ajustes mencionados. En muchos casos, basta con beber menos cantidad y alejar el consumo de la hora de dormir para disfrutar de la efervescencia sin pagar el precio digestivo.
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