
El Trastorno del Espectro de Hipermovilidad (TEH) afecta a millones de personas en todo el mundo, pero la gran mayoría atraviesa años —e incluso décadas— sin recibir un diagnóstico.
Un estudio de la Universidad de Edimburgo determinó que, solo en Reino Unido, los pacientes esperan entre 19 y 21,7 años en promedio para obtener respuestas médicas, una cifra que refleja un problema extendido a sistemas de salud de distintos continentes.
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Quienes padecen esta condición suelen acumular síntomas dispersos —dolor articular, fatiga crónica, molestias digestivas— que los médicos atienden de forma aislada, sin conectarlos con una causa común. Un análisis bibliométrico publicado en septiembre de 2026 por la revista Orthopedic Reviews confirmó que, si bien el interés científico por este campo creció de manera acelerada, el 65,8% de los trabajos académicos se concentró en la última década, lo que muestra cuán reciente es la atención médica hacia esta patología.
Un trastorno que afecta múltiples sistemas del cuerpo más allá de las articulaciones

El TEH compromete las fibras de colágeno que sostienen las articulaciones y les otorga un rango de movimiento superior al habitual. Ante esa carencia estructural, los músculos deben trabajar con mayor intensidad para mantener la estabilidad, lo que genera dolor constante, agotamiento y torpeza motora.
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La condición también repercute en el aparato digestivo: el tejido de sostén dentro de este se vuelve excesivamente elástico y provoca molestias gastrointestinales. Diversos estudios establecieron vínculos con rasgos de neurodiversidad como el autismo y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
El análisis de Orthopedic Reviews, que revisó 1.281 publicaciones entre 1967 y junio de 2026, identificó afectaciones ortopédicas, autonómicas, inmunológicas y neuropsiquiátricas asociadas. No obstante, advirtió que la dimensión inmunológica y de activación de mastocitos permanece poco explorada. En los casos más severos, los pacientes presentan el síndrome de Ehlers-Danlos hipermóvil (hEDS), una variante donde la laxitud y las fallas del colágeno se extienden por todo el cuerpo y provocan dislocaciones frecuentes.
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El diagnóstico depende de la geografía y el género del paciente

El estudio bibliométrico reveló que Estados Unidos lidera la producción académica sobre esta enfermedad con 482 trabajos (37,6%), seguido de Inglaterra (223, 17,4%) e Italia (114, 8,9%). Los autores detectaron que las redes de colaboración entre especialistas permanecen aisladas por país, lo que frena el progreso global.
La doctora Jessica Eccles, experta en las interacciones cerebro-cuerpo, advirtió que obtener un diagnóstico funciona como una “lotería” donde la suerte del paciente depende de su ubicación geográfica. Según la especialista, el trastorno afecta en mayor proporción a mujeres. “Sabemos que la salud de las mujeres no está necesariamente tan bien estudiada como los problemas que afectan a los hombres”, señaló en declaraciones a BBC.
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En territorio británico, menos de un tercio de los diagnosticados indicaron que su médico de cabecera inició el tratamiento y apenas un 13% accedió a un profesional especializado. La doctora Stephanie Barrett, reumatóloga, afirmó que “una y otra vez” recibe en su consulta a personas incapaces de trabajar debido a una “niebla mental severa” vinculada a la laxitud articular.
El ejercicio supervisado reduce el dolor, pero los especialistas exigen mayor compromiso institucional

Según Eccles, los síntomas del TEH pueden agravarse tras episodios de estrés fisiológico como la pubertad, la menopausia o una infección por covid. Una persona podría transitar gran parte de su vida con articulaciones flexibles, hasta que uno de estos factores desencadene un deterioro marcado.
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La fisioterapia constituye una de las herramientas más efectivas. Barrett explicó que permite tonificar y fortalecer la musculatura que sostiene el esqueleto. Otras alternativas incluyen actividades de bajo impacto, como la natación.
Un metaanálisis publicado en abril de 2026 por Egyptian Rheumatology and Rehabilitation respaldó estas recomendaciones: tras evaluar seis estudios con 231 participantes, concluyó que los ejercicios terapéuticos reducen el dolor de forma significativa y mejoran tanto la calidad de vida como la propiocepción en personas con laxitud articular.
Sin embargo, Barrett cuestionó la tendencia a indicarles a los pacientes que “simplemente realicen un poco de fisioterapia” y sigan adelante. “Se necesita que la gente trabaje junta y comparta ideas, y que el gobierno reconozca esto para poder abordar el problema”, concluyó la reumatóloga. Los autores del estudio bibliométrico coincidieron en que resulta prioritario fomentar la cooperación interdisciplinaria e internacional para cerrar las brechas de conocimiento que persisten.
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