Una taza de té puede aportar compuestos vegetales de interés, pero ningún tipo de té reemplaza una alimentación equilibrada ni el tratamiento de enfermedades. La investigación disponible invita a distinguir entre sus variedades, cantidad de cafeína y forma de consumo.
El té negro, verde, blanco y oolong proceden de la misma planta
El té propiamente dicho se prepara con hojas de Camellia sinensis. El procesamiento posterior da lugar a las variedades más difundidas: verde, negro, blanco y oolong. El Real Jardín Botánico de Kew precisa que se elaboran de modos diferentes.
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El té negro, por ejemplo, pasa por fermentación, mientras que el verde se prepara con hojas secadas y tratadas con vapor.
- Té verde: contiene catequinas, entre ellas la epigalocatequina galato (EGCG), uno de los compuestos más estudiados.
- Té negro: tiene un sabor más intenso y aporta cafeína; sus compuestos se modifican durante la elaboración.
- Té blanco: atraviesa un procesamiento más limitado que otras variedades de la planta.
- Té oolong: presenta un proceso de elaboración intermedio entre el verde y el negro.
Las infusiones herbales suelen consumirse como té, aunque no necesariamente proceden de Camellia sinensis. Por eso, sus componentes y posibles efectos dependen de cada planta y no deben equipararse a los de las cuatro variedades tradicionales.
Las catequinas del té verde reúnen la mayor parte de la investigación sobre inflamación
La inflamación es una respuesta defensiva del organismo, aunque su persistencia puede asociarse con problemas de salud. Los estudios sobre té se han concentrado en la variedad verde por sus catequinas.
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El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos señala que, pese a la cantidad de estudios sobre té verde y sus extractos, aún no se han llegado a conclusiones definitivas de sus usos.
Melissa Groves Azzaro, nutricionista dietista registrada, explicó al sitio especializado en alimentación, EatingWell, que la investigación sobre el té verde muestra con más claridad una reducción de marcadores inflamatorios y resultados que el café.
Christiane Matey, nutricionista dietista registrada citada por el medio, indicó que las catequinas podrían contribuir de forma modesta al gasto energético y a la oxidación de grasas.
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Estos datos no convierten al té en una solución aislada. El Instituto Nacional de Salud advierte que los resultados de sus productos pueden variar según la composición y actividad física de cada persona. El té negro, blanco y oolong también contienen compuestos vegetales y cafeína, pero no corresponde adjudicarles los mismos efectos ni la misma solidez de evidencia que al verde.
La cafeína y los agregados cambian la elección cotidiana
La elección puede responder al gusto, tolerancia individual y horario. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria estima que una taza de 220 mililitros de té negro aporta unos 50 miligramos de cafeína, frente a alrededor de 90 miligramos en una taza de 200 mililitros de café filtrado.
Para adultos sanos, el organismo considera que ingestas de hasta 400 miligramos diarios de cafeína, repartidas durante el día, no plantean problemas de seguridad en la población general. El embarazo requiere consideraciones específicas.
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La misma evaluación señala que 100 miligramos de cafeína pueden alterar el sueño de algunas personas si se consumen cerca de la hora de acostarse. Seema Shah, nutricionista dietista registrada, indicó a EatingWell que limitar endulzantes, cremas y otros agregados procesados evita que estos desplacen las cualidades de la bebida.
También conviene diferenciar una infusión de los suplementos. El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa no ha informado problemas de seguridad por tomar té verde en adultos, pero asocia los extractos. Sobre todo en cápsulas o tabletas, con malestar digestivo, aumento de la presión arterial y casos poco frecuentes de lesión hepática. Además, pueden interactuar con medicamentos.
La temperatura y la dieta completa también inciden
La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, perteneciente a la Organización Mundial de la Salud, considera que las bebidas a 65°C o más son probablemente carcinógenas para los seres humanos por su temperatura. Esperar a que el té se enfríe antes de beberlo reduce esa exposición.
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El té puede formar parte de una dieta que priorice agua, alimentos frescos, fibra y grasas insaturadas. La Organización Mundial de la Salud incluye el té y café entre las bebidas posibles, aunque recalca que el agua es la mejor elección y aconseja moderar la cafeína y evitar bebidas azucaradas.
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