Elegir un rumbo propio en la vida puede parecer simple, aunque en verdad exige revisar las influencias que moldean la forma en que cada persona concibe el éxito, el bienestar y el sentido de su existencia.
Para el doctor en filosofía Ira Bedzow, profesor asociado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory, Estados Unidos, y director ejecutivo de Emory Purpose Project, las decisiones, los valores y la responsabilidad personal son el punto de partida de dos preguntas que pueden orientar el rumbo en el trabajo, las relaciones y los proyectos.
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“En una charla reciente, recorrí la sala haciendo dos preguntas a los participantes: “¿De quién es la vida que estás viviendo?” y “¿Quién debería determinar cómo vives?”, contó el experto en un artículo en Psychology Today.
La respuesta exige distinguir entre los deseos propios y las expectativas que otras personas consideran adecuadas.
La primera pregunta suele admitir una respuesta inmediata: cada persona reconoce que vive su propia vida. La segunda, en cambio, puede generar dudas porque obliga a asumir que las elecciones no dependen únicamente de un camino trazado por padres, amistades, comunidades o mandatos sociales, explicó el especialista.
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“Es más fácil conocer ‘el camino correcto’ que se supone que debes tomar en lugar de pensar que debes inventar ‘el camino correcto’ por ti mismo”, señaló el doctor Bedzow en Psychology Today.
La idea fue desarrollada por el profesor a partir de una conversación con participantes que, al reconocer su responsabilidad sobre su forma de vivir, describieron una sensación de presión antes que de autonomía.
Las metas personales y el bienestar
No existe un modelo de vida que funcione de igual manera para todos, afirmó el experto. Dos personas pueden compartir valores o recorrer trayectorias parecidas y, aun así, aspirar a resultados diferentes y tomar decisiones distintas.
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Una revisión sistemática y un metanálisis de Sezer y sus colegas concluyeron que quienes persiguen metas alineadas con sus valores e intereses tienden a esforzarse más, avanzar más y experimentar mayor bienestar. El resultado contrasta con los objetivos orientados por expectativas parentales, presiones de estatus, temor a la culpa o recompensas externas.
Asumir decisiones propias no implica que las grandes elecciones dejen de ser difíciles. Implica desarrollar una mayor capacidad para sostener sus consecuencias, revisar un criterio cuando sea necesario y apartarse de una fórmula que otros presentan como correcta, señaló el profesor.
“Asumir la responsabilidad se vuelve más empoderador cuando nuestra confianza se basa en nuestra capacidad de autorreflexión. Esto no significa mirarse el ombligo, sino examinar nuestras razones por las que elegimos lo que hacemos, considerar otras alternativas y aprender de los resultados”, afirmó Bedzow.
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Practicar ese proceso en asuntos de menor riesgo permite fortalecer el juicio ante situaciones de mayor impacto.
La reflexión no consiste en una atención centrada únicamente en uno mismo. También requiere preguntar si aquello que se desea merece ser perseguido y de dónde proceden los criterios con los que se le asigna valor.
El valor de perseguir algo más allá del interés propio
Reflexionar sobre cómo vivir implica más que identificar lo que queremos, señaló el experto. “También significa preguntarse si vale la pena perseguir lo que queremos. Esa pregunta trae otra fuente de presión: descubrir qué hace que algo valga la pena y de dónde provienen nuestros estándares para juzgar su valor”.
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La filósofa Susan Wolf propuso que el sentido surge de “amar objetos dignos de amor y comprometerse con ellos de una manera positiva”. Su planteo establece que el deseo individual, por sí solo, no vuelve valiosa una meta.
Pedir la opinión de otros tampoco equivale a entregarles el control. Conversar con un colega sobre una oferta laboral puede revelar una renuncia que había pasado inadvertida, mientras que un amigo puede cuestionar una idea asumida sobre una relación.
Las familias y comunidades también pueden recordar expectativas o estándares que desafían preferencias inmediatas.
“Estas perspectivas pueden ayudarnos a examinar tanto lo que queremos como la persona en la que esperamos convertirnos. En última instancia, considerar si vale la pena perseguir nuestros deseos significa preguntar cómo encajan con lo que más nos importa, qué requiere perseguirlos, cómo afectan a los demás y cómo nos moldean”, destacó Bedzow.
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Finalmente concluyó: “No podemos controlar todas las oportunidades o resultados, pero podemos tomar el control de lo que buscamos y cómo lo buscamos. En lugar de ceder nuestro poder y responsabilidad a los demás, podemos aprender de los demás sin dejar de ser agentes, para que podamos darnos la mejor oportunidad de éxito autodeterminado”.
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