Un examen oftalmológico rutinario podría aportar una señal temprana sobre la salud cardíaca. Un análisis de más de 90.000 personas concluyó que ciertos cambios en las capas internas de la retina se asocian con un mayor riesgo de fibrilación auricular, una arritmia vinculada con los accidentes cerebrovasculares (ACV).
El trabajo, publicado en la revista PLOS Digital Health, evaluó imágenes de la retina y antecedentes clínicos de dos grandes grupos de pacientes del Reino Unido.
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Sus autores plantean que los escáneres oculares podrían ayudar a identificar a quienes requieren una revisión cardiovascular más profunda antes de que la enfermedad sea detectada por sus síntomas o por pruebas cardíacas convencionales.
La fibrilación auricular puede formar coágulos que causan un ACV
La fibrilación auricular ocurre cuando las cavidades superiores del corazón laten de forma irregular. Puede manifestarse con palpitaciones, fatiga, falta de aire o mareos, aunque muchas personas no advierten ninguna señal.
El problema puede ser intermitente. Por esa razón, un electrocardiograma realizado en un momento en el que el ritmo cardíaco parece normal podría no detectar la arritmia. Sin tratamiento, la alteración del ritmo puede facilitar la formación de coágulos en el corazón; si uno de ellos llega al cerebro, puede provocar un ACV.
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La detección precoz permite valorar medidas para reducir ese riesgo, entre ellas tratamientos destinados a controlar el ritmo cardíaco o a prevenir coágulos, según la situación clínica de cada paciente.
Las capas internas de la retina fueron más delgadas en pacientes con arritmia
La investigación reunió datos del estudio AlzEye, con 50.651 personas de 40 años o más, y del Biobanco del Reino Unido, con 39.013 participantes de entre 40 y 69 años al inicio del seguimiento.
En la primera cohorte, 5.375 personas ya tenían fibrilación auricular. El análisis mostró que ese grupo presentaba un menor grosor en varias estructuras de la retina, entre ellas la capa de fibras nerviosas, la capa de células ganglionares y plexiforme interna, la capa nuclear interna y la capa de fotorreceptores.
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El hallazgo más consistente se concentró en la capa de células ganglionares y plexiforme interna, conocida por las siglas mGCIPL. Los investigadores observaron el mismo patrón en la segunda cohorte, lo que reforzó la asociación entre el adelgazamiento retiniano y la arritmia.
La retina contiene vasos sanguíneos y tejido nervioso. Por su vínculo estructural con procesos que afectan al cerebro y al sistema cardiovascular, las imágenes oculares se han convertido en una fuente de datos de interés para estudiar enfermedades que van más allá de la visión.
Una retina más fina se vinculó con más de riesgo de fibrilación auricular
El componente prospectivo del estudio siguió a los participantes del Biobanco que no tenían fibrilación auricular al comienzo. Durante un promedio de cuatro años, 838 de las 39.013 personas desarrollaron la enfermedad.
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Tras considerar variables sociodemográficas, clínicas y de estilo de vida, los autores calcularon que cada reducción de una desviación estándar en el grosor de la mGCIPL se asoció con un aumento del 27% en el riesgo de fibrilación auricular. El resultado no significa que un escáner ocular pueda predecir por sí solo quién tendrá la arritmia, pero apunta a una posible señal de riesgo que merece evaluación.
El estudio también detectó diferencias en el calibre y la distribución de los vasos de la retina entre los pacientes con fibrilación auricular y quienes no tenían ese diagnóstico. Esos cambios podrían reflejar alteraciones vasculares presentes en otros órganos.
La exploración ocular como herramienta complementaria al electrocardiograma
Las pruebas analizadas incluyen la fotografía retiniana en color y la tomografía de coherencia óptica, un estudio que utiliza luz para obtener imágenes detalladas de las capas del fondo del ojo. Ambas técnicas son no invasivas y forman parte de la atención oftalmológica en distintos centros.
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Siegfried Wagner, investigador del University College London, universidad pública del Reino Unido, indicó que las imágenes retinianas podrían detectar modificaciones estructurales vinculadas con la fibrilación auricular y facilitar la identificación de personas con mayor riesgo. Aclaró que esta técnica no busca sustituir las pruebas cardíacas.
El electrocardiograma continúa como el método para confirmar una arritmia. Los escáneres de retina, en cambio, podrían servir para seleccionar a pacientes que convendría derivar a un control cardiológico, en especial cuando no presentan síntomas o cuando la alteración del ritmo aparece de forma ocasional.
Los hallazgos requieren más estudios antes de incorporarse a la práctica clínica
Josef Huemer, oftalmólogo consultor del Moorfields Eye Hospital NHS Foundation Trust, hospital oftalmológico de referencia del sistema de salud público británico, y autor principal, indicó que los resultados deberán confirmarse en investigaciones posteriores. Si eso ocurre, los controles oculares habituales podrían ayudar a identificar a personas que se beneficiarían de una evaluación cardíaca adicional.
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La investigación establece una asociación entre los cambios de la retina y la fibrilación auricular, pero no demuestra que esas alteraciones oculares sean la causa de la arritmia. Tampoco sustituye las consultas médicas ante síntomas como palpitaciones persistentes, desmayos, dolor en el pecho, dificultad para respirar o signos súbitos de ACV.
Los próximos estudios deberán determinar si incorporar estos marcadores a la atención oftalmológica mejora la detección de la fibrilación auricular y permite iniciar antes intervenciones que reduzcan el riesgo de accidente cerebrovascular.
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