Cuando el ejercicio se vuelve parte de la rutina, la alimentación que lo acompaña suele resolverse con consejos generales. Sin embargo, no todas las frutas y verduras cumplen la misma función.
La diferencia entre lo que conviene comer antes y después de entrenar ayuda a ordenar mejor esa elección. De acuerdo con un artículo de Men’s Health que cita a especialistas, ese criterio puede aplicarse con alimentos frescos y habituales.
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La clave está en el momento. Antes del entrenamiento, conviene priorizar verduras con almidón, como patata, boniato o calabaza, por su aporte de energía.
Después del ejercicio, el foco pasa a vegetales frescos vinculados con la hidratación y la recuperación, como frutas de temporada, melón, pepino u hojas verdes. Esa distinción permite armar comidas simples sin recurrir a esquemas complejos.
Antes de entrenar, las verduras con almidón concentran el aporte de energía
En la comida previa al ejercicio, el criterio que organiza la elección es el aporte de carbohidratos. En ese marco, aparecen como opciones más convenientes las verduras con almidón, entre ellas la patata, el boniato y la calabaza, por su lugar dentro de comidas sencillas antes de la actividad.
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El almidón es un tipo de carbohidrato presente en ciertos vegetales. En términos prácticos, se trata de alimentos que pueden formar parte de una comida previa al entrenamiento cuando se busca llegar con reservas disponibles sin recurrir a preparaciones elaboradas.
En ese sentido, ese grupo aparece además asociado a aportes como fibra, potasio y vitamina C, dentro de una combinación orientada a acompañar la actividad física.
La utilidad de estas verduras no se plantea como una regla universal para cualquier rutina, pero sí como una referencia concreta para diferenciar qué productos conviene priorizar antes del esfuerzo.
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En lugar de ubicar a todas las frutas y verduras dentro del mismo grupo, el enfoque distingue aquellas que aportan una base energética más clara para ese momento.
En esa misma línea, Aleix Espargaró, embajador del equipo ciclista Lidl-Trek, sostuvo que es importante identificar qué alimentos no deberían faltar en la alimentación vinculada al rendimiento, entre ellos los carbohidratos y las proteínas.
En el marco de esa idea, las verduras con almidón quedan ubicadas como una de las principales alternativas vegetales para la instancia previa al entrenamiento.
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Después del ejercicio, ganan peso las frutas frescas y los vegetales con perfil hidratante
Una vez terminada la actividad, el eje cambia. En lugar de priorizar la energía para el esfuerzo, la atención se desplaza hacia la reposición dentro de la comida posterior.
En ese momento, las frutas frescas y ciertas verduras pasan a ocupar un lugar más claro, sobre todo cuando se integran con una fuente de proteína en preparaciones breves o comidas livianas.
Entre las alternativas mencionadas figuran una fruta de temporada con yogur griego, una ensalada con pollo y frutos secos y un plato de verdura de hoja verde con huevo.
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En ese esquema, la fruta aparece ligada a una instancia de recuperación posterior al ejercicio y no al mismo objetivo que las verduras con almidón consumidas antes de entrenar.
La distinción ordena el uso de cada grupo de alimentos y evita tratarlos como si todos respondieran a una misma necesidad.
También se incorporan las verduras de hoja verde, que forman parte de platos posteriores al esfuerzo junto con alimentos que suman proteína.
En este caso, el papel de los vegetales no se presenta de manera aislada, sino dentro de combinaciones pensadas para la recuperación. Lo mismo ocurre con la fruta, que se integra a opciones simples y habituales, sin desplazar el resto de la comida.
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Los expertos consultados por Men’s Health resaltan que esa etapa también aparece vinculada a preparaciones frescas y a ingredientes asociados con comidas más livianas después de la actividad.
La referencia ayuda a explicar por qué, después de entrenar, ganan lugar frutas y vegetales que pueden incorporarse con facilidad a ese tipo de plato.
Melón, pepino y hojas verdes aparecen entre las opciones más claras para la recuperación
Al trasladar ese criterio a ejemplos concretos, la nota citada al comienzo recoge propuestas de Marta Verona, chef y nutricionista, para complementar entrenamientos en días de calor.
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Dentro de esas preparaciones, los ingredientes más asociados al momento posterior al ejercicio son los vinculados con frescura, hidratación y una composición liviana.
Esa selección refuerza la idea de que, después del esfuerzo, ciertas frutas y verduras ganan lugar por el tipo de preparación en el que se integran.
Una de las opciones es un gazpacho de melón con brochetas de jamón. Allí aparecen melón cantalupo, pepino, cebolleta y pimiento verde italiano, en una preparación fría que la especialista plantea como parte de una recuperación liviana.
Dentro de ese ejemplo, el melón y el pepino funcionan como referencias concretas de frutas y verduras más asociadas al después que al antes del entrenamiento.
Otra propuesta incorpora hojas de lechuga como base de un saam de ensalada César con pollo.
En este caso, la preparación vuelve a mostrar que los vegetales que se destacan después del esfuerzo no son los que concentran almidón, sino los que se integran mejor a platos frescos, breves y combinados con proteína.
La secuencia que se desprende de esas recomendaciones es clara: antes de entrenar cobran más relevancia patata, boniato y calabaza, mientras que después del ejercicio el foco se desplaza hacia frutas de temporada, melón, pepino y verduras de hoja verde.
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