Tocar el cabello durante una reunión, mordisquear un lápiz o balancear el cuerpo son comportamientos que la mayoría de las personas realizan sin darse cuenta. Esas acciones, que suelen pasar inadvertidas, pueden ser una forma de autoestimulación, también conocida como stimming, para autorregularse: un recurso cotidiano para calmarse y procesar lo que ocurre alrededor.
Según Cleveland Clinic, es una estrategia frecuente —aunque poco reconocida— para manejar la ansiedad, el estrés y emociones intensas.
La pediatra especializada en desarrollo infantil Carrie Cuffman señaló que estas conductas pueden aparecer en distintos contextos y que, aunque suelen asociarse con el trastorno del espectro autista (TEA), el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y otras condiciones del neurodesarrollo, no se limitan a esos casos: la mayoría de las personas, recurre a ellas de vez en cuando.
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La autoestimulación consiste en repetir una acción o emitir un sonido para regularse y aliviar ansiedad, excitación o sobrecarga, según explicó Cuffman en Cleveland Clinic. Suele ser inocua y no requiere tratamiento, pero puede ser motivo de preocupación si interfiere con la atención en la escuela o el trabajo, expone a situaciones peligrosas o incluye conductas dañinas como golpearse la cabeza, pellizcarse la piel o morderse.
“Piénsalo como otra forma de procesar lo que sucede a tu alrededor, sea bueno o malo. No suele requerir ningún tipo de manejo médico ni intervención”, expresó Cuffman. Cleveland Clinic añadió que investigaciones recientes apuntan a beneficios sociales importantes de la autoestimulación para personas con autismo.
Qué formas puede adoptar la autoestimulación
Las conductas autoestimuladoras pueden aparecer de muchas maneras y abarcan varios sentidos:
- Auditivas: tararear, silbar o repetir palabras, frases o ruidos.
- Olfativas: oler distintos objetos, oler una y otra vez el mismo elemento o buscar un aroma específico.
- Orales o gustativas: lamer, masticar o llevarse objetos a la boca (como un lápiz o una prenda), además de buscar ciertas texturas, alimentos o sabores.
- Táctiles: enrollarse el cabello, frotarse la piel, dar golpecitos o acariciar objetos. También puede haber preferencia por ciertas texturas que aportan calma.
- Visuales: parpadear, mover los ojos, alinear objetos o concentrarse en elementos en movimiento (como un ventilador o una lámpara de lava).
- Movimiento corporal y sistema vestibular: balancearse, girar, agitar las manos o caminar de un lado a otro.
Cuándo la autoestimulación puede ser un problema
La mayoría de estas conductas no causa daños y puede resultar útil. Aun así, la especialista advirtió: “A veces, las personas que incurren en tasas extremadamente altas de autoestimulación tienen dificultades para atender o concentrarse en cualquier otra cosa”, dijo la especialista. “Eso puede causar problemas en el trabajo o en la escuela”.
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También puede surgir un riesgo de seguridad cuando la persona queda tan absorta en la conducta que entra sin querer en situaciones peligrosas. Cleveland Clinic cita como ejemplo avanzar hacia una calle con mucho tránsito.
Hay, además, formas directamente dañinas de autoestimulación. El centro médico menciona golpearse la cabeza, pellizcarse la piel y morderse.
Qué hacer si la conducta es riesgosa o disruptiva
Cuando la conducta pone en riesgo a la propia persona o a otras, Cuffman recomienda buscar apoyo profesional. Entre los perfiles que menciona están un pediatra especializado en el desarrollo, un analista de conducta certificado y un terapeuta ocupacional.
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Una de las primeras estrategias consiste en identificar cuándo ocurre la conducta problemática. “La orientación enseña a las personas a usar señales o recordatorios para notar cuándo se autoestimulan de una manera dañina o disruptiva”, explicó Cuffman.
Otra opción es enseñar reemplazos más seguros y menos perturbadores. El centro médico pone como ejemplo sustituir la mordida de dedos por un juguete oral motor, como un collar masticable.
Si la conducta interrumpe actividades pero no causa daño, la especialista plantea reservar momentos específicos para que ocurra. Esa pauta puede reducir interrupciones y, al mismo tiempo, respetar la necesidad de autorregularse.
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“El modelado gradual es una forma de modificar una conducta autoestimuladora para que sea menos dañina, menos intensa o menos frecuente”, sostuvo Cuffman. El refuerzo positivo también aparece entre las herramientas para reconocer y alentar que la conducta ocurra con menor frecuencia o no adopte formas perjudiciales.
En casos poco frecuentes o más extremos, la especialista dijo que puede contemplarse el uso de equipos de protección. El enfoque general de Cleveland Clinic apunta a buscar alternativas seguras sin perder de vista que, para muchas personas, estas conductas forman parte de su manera de regularse y afrontar situaciones estresantes.