La meditación diaria: una herramienta eficaz para reducir la presión arterial

Se considera una opción razonable para prevenir o tratar la hipertensión cuando se suma a otras medidas y se sostiene con constancia

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Expertos citados por Verywell Health recomiendan empezar con pocos minutos y sostener la práctica a diario (Imagen Ilustrativa Infobae)

La evidencia científica respalda el impacto positivo de la meditación diaria en el control de la presión arterial. Realizar sesiones de entre 10 y 15 minutos al día favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, encargado de relajar los vasos sanguíneos y prevenir o tratar la hipertensión.

En una reciente actualización, las guías para el tratamiento de la hipertensión de la American Heart Association (AHA) y el American College of Cardiology (ACC) incluyeron la meditación trascendental como una alternativa respaldada para disminuir la presión arterial, atribuyendo a esta práctica una evidencia de calidad moderada a alta.

Según las recomendaciones de estas organizaciones, “en adultos con o sin hipertensión, la reducción del estrés mediante la meditación trascendental puede considerarse razonable para prevenir o tratar la presión arterial elevada, como complemento de otras intervenciones”.

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Resultados de estudios recientes y mecanismos de acción

Una revisión de los National Institutes of Health analizó estudios aleatorizados con más de 500 participantes y halló reducciones consistentes de la presión sistólica y diastólica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Investigaciones científicas recientes aportan evidencia contundente sobre los beneficios de la meditación en la presión arterial. Una revisión publicada por la agencia de investigación médica National Institutes of Health (NIH) analizó estudios randomizados y concluyó que “la meditación y la atención plena muestran reducciones consistentes en la presión sistólica y diastólica”.

El análisis incluyó ensayos con más de 500 participantes, en los que ocho de nueve estudios reportaron una disminución significativa de la presión sistólica y seis estudios también encontraron descensos notables en la presión diastólica.

El mecanismo fisiológico que explica estos resultados se relaciona con la forma en que el cuerpo responde al estrés. Durante situaciones estresantes, el sistema nervioso simpático incrementa el ritmo cardíaco y estrecha los vasos sanguíneos, lo que eleva la presión arterial. La práctica de la meditación genera una respuesta de relajación que permite la intervención del sistema nervioso parasimpático, responsable de dilatar los vasos sanguíneos y reducir la presión arterial.

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Además, estudios recientes han reportado mejoras en la variabilidad de la frecuencia cardíaca y una disminución de los niveles de cortisol, la hormona vinculada al estrés.

En esta misma línea, una investigación realizada por Kent State University en Ohio con 56 adultos prehipertensos demostró que el programa de reducción de estrés basado en la atención plena (MBSR) produjo reducciones significativas en la presión arterial.

Los resultados fueron comparables a los obtenidos mediante cambios en la dieta o la actividad física, y los investigadores subrayaron que la intervención resultó casi tan efectiva como los medicamentos antihipertensivos convencionales.

Estrategias prácticas y recomendaciones de los expertos

Un estudio de Kent State University con 56 participantes encontró reducciones significativas tras un plan de reducción del estrés basado en atención plena (Imagen Ilustrativa Infobae)

La constancia se presenta como el principal desafío y, a la vez, la clave del éxito. Según Berenice Marsh, terapeuta y psicóloga citada por la revista especializada en salud Verywell Health, “la meditación no es algo que se practica una sola vez y de repente el cuerpo aprende a regularse”. Recomendó comenzar con pocos minutos diarios y aumentar el tiempo gradualmente, priorizando la regularidad sobre la duración.

Las técnicas varían y pueden adaptarse a necesidades individuales: atención plena, meditación trascendental, repetición de mantras o simplemente ejercicios de respiración consciente y pausada. Marsh explica que “meditar no tiene por qué significar sentarse completamente quieto con la mente en blanco; puede ser caminar y notar los pies en el suelo, respirar con los ojos abiertos o simplemente percibir la sensación del asiento bajo el cuerpo”.

El informe resalta otros beneficios asociados, como la reducción de los niveles de cortisol, la mejora en la calidad del sueño y la disminución de la frecuencia cardíaca en reposo, lo que fortalece la capacidad del organismo para enfrentar el estrés futuro.

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