Millones de adultos en Estados Unidos y todo el mundo podrían necesitar comenzar tratamientos para reducir el colesterol desde sus 30 años, según una nueva guía médica publicada por el American College of Cardiology y la American Heart Association. El propósito de este cambio es disminuir el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular durante toda la vida, una perspectiva que reconfigura la prevención cardiovascular, según informó el medio de comunicación internacional CNN.
La magnitud del desafío sanitario explica la urgencia de la medida: las enfermedades cardiovasculares constituyen la principal causa de muerte en el mundo, según los últimos datos difundidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS); siendo que solamente en Estados Unidos, una persona muere cada 34 segundos.
La evidencia acumulada indica que reducir durante más tiempo la exposición al colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”, puede traducirse en menores tasas de infarto, accidente cerebrovascular y muerte súbita.
Para abordar este desafío, la nueva guía recomienda, además de cambios en la alimentación y el ejercicio, el uso de estatinas, medicamentos empleados para reducir el colesterol LDL, en adultos desde los 30 años si presentan un colesterol LDL igual o superior a 160 miligramos por decilitro, si existe una historia familiar de enfermedad cardíaca prematura o si se identifica un alto riesgo de enfermedad cardiovascular a 30 años.
El uso del cálculo a 30 años, y no solo la proyección tradicional a 10 años, implica que la cantidad de estadounidenses potencialmente afectados asciende a millones, dado que, según la cardióloga Jennifer Haythe, codirectora del Women’s Heart Center en NewYork-Presbyterian/Columbia University Irving Medical Center —que no participó en la elaboración de la guía—, en Estados Unidos hay entre 65 y 70 millones de personas de 30 a 44 años. Haythe puntualizó que “el número que entra en los nuevos criterios podría ser de millones”. Y si ese número se replica de manera global, la cifra puede alcanzar miles de millones.
Novedades en la prevención cardiovascular: el impacto del enfoque a 30 años
El criterio tradicional para prescribir estatinas se basaba en el riesgo a 10 años, que tiende a ser bajo en personas jóvenes. Ahora, los nuevos lineamientos amplían el enfoque, de modo que el riesgo proyectado a 30 años se convierte en un parámetro central para iniciar el tratamiento antes de que aparezcan los síntomas. Los doctores Pam Morris y Roger Blumenthal, autores de la actualización, explicaron: “Incorporar la estimación a 30 años podría hacer que varios millones de estadounidenses adicionales consideren la terapia con estatinas”.
Además, añadieron que “las estimaciones de riesgo solo identifican candidatos potenciales para el tratamiento farmacológico” y que la decisión final debe considerar factores individuales y las metas preventivas de cada paciente.
El cálculo del riesgo ahora se realiza utilizando PREVENT, la herramienta digital desarrollada por la American Heart Association, que permite evaluar la probabilidad de desarrollar enfermedad cardiovascular tanto a 10 como a 30 años en adultos de entre 30 y 79 años. Morris y Blumenthal apuntaron: “PREVENT-ASCVD no es una receta, pero inicia una conversación entre el profesional médico y el paciente”.
El objetivo para quienes ya han iniciado tratamiento con estatinas es reducir el colesterol LDL por debajo de 100 miligramos por decilitro, y para pacientes de mayor riesgo, llevarlo a menos de 55.
Una experiencia personal: las consecuencias de posponer el tratamiento
Más allá de las cifras, el impacto de estas recomendaciones se evidencia en experiencias personales como la de Gigi Gari Campos, residente de Florida y voluntaria de la American Heart Association, quien ilustra los efectos de retrasar el inicio del tratamiento. Campos vivió desde temprana edad con el diagnóstico de hipercolesterolemia familiar, un trastorno genético frecuente que eleva el colesterol LDL desde el nacimiento.
A pesar de conocer su condición y los riesgos, relató que la decisión de iniciar el tratamiento con estatinas se postergó porque sus médicos consideraban su juventud y la posibilidad de embarazo. Cuando fue consultada por el medio, declaró: “Si hubiera existido un consenso médico claro sobre empezar cuanto antes, mi situación habría sido otra”.
A los 34 años, tras comenzar a tomar estatinas y reducir parcialmente sus niveles de colesterol —pero aún considerados altos—, sufrió un infarto mientras caminaba. “Sentí una presión en el pecho. Pensé que era por dormir mal, pero la molestia no cesó y decidí ir a una clínica”, explicó.
Allí detectaron una arritmia y la trasladaron de urgencia al hospital, donde el equipo médico descubrió bloqueos en su corazón. Mientras se preparaba para un cateterismo, Campos sufrió un paro cardíaco, del que fue reanimada exitosamente: “En ese momento entendí que no estaba aquí solo por mí, sino por todos mis seres queridos”.
Superado el episodio, Campos continúa tomando estatinas y otros dos medicamentos, y ha conseguido reducir su colesterol total de cerca de 400 mg/dl a menos de 100: “Mi LDL está en los 20 mg/dl y llevo una vida satisfactoria con estos niveles”. Subrayó la importancia de la prevención: “Si no alcanzas estos niveles bajos, aumentas el riesgo de sufrir un evento cardíaco. Para mí, fue cuestión de vida o muerte”.
La importancia de reducir el colesterol LDL desde la juventud
El doctor Steven Nissen, director académico del Sydell and Arnold Miller Family Heart, Vascular & Thoracic Institute del Cleveland Clinic, centro médico de referencia en Estados Unidos —quien no participó en la elaboración de la guía y ha criticado versiones anteriores de las recomendaciones—, sostuvo que el tiempo promedio de exposición al LDL durante la vida es uno de los predictores más sólidos de infarto, accidente cerebrovascular o muerte súbita, algo que ahora la guía reconoce explícitamente.
Nissen destacó: “El beneficio acumulado de reducir el LDL desde la juventud es considerable”. También precisó que, aunque los efectos adversos de las estatinas, como dolor muscular, debilidad o daño hepático, tienden a asociarse con dosis elevadas, iniciar el tratamiento con dosis bajas permite maximizar las ventajas y minimizar los riesgos: “En muchos casos, comienzo el tratamiento con una dosis baja, sabiendo que el beneficio vendrá con el tiempo. Esa es una diferencia importante del tratamiento temprano”.