Entre el 30 de marzo y el 5 de abril, la Semana Azul por el autismo despliega una programación que une a organizaciones sociales, instituciones educativas y familias en torno al Día Mundial de Concientización sobre esta condición, que se conmemora cada 2 de abril.
En ese marco, se presentó la Tarjeta Azul, un símbolo central de la Semana Azul 2026 en Argentina, que promueve la inclusión y la reflexión sobre el autismo y propone un mecanismo social concreto: invitar a detenerse y evaluar situaciones de discriminación vinculadas a este diagnóstico.
El movimiento Semana Azul reunió en sus primeras ediciones a más de 2.000 voluntarios de 500 organizaciones y generó más de 1.300 actividades en todo el país, incluyendo la iluminación de 500 edificios emblemáticos.
Qué es la Tarjeta Azul
Inspirada en el gesto deportivo de la tarjeta azul, utilizada para pausar el juego y reflexionar, la campaña resignificó el concepto y lo tradujo en un mensaje de alto impacto social, con el lema “Hablemos de autismo”.
La primera implementación completa de la Tarjeta Azul ocurrió en 2025, tras una idea inicial generada por Leo Burnett Argentina en 2024 que no logró concretarse ese año.
En la edición 2025, el aval de la AFA y la participación de la Liga de árbitros permitieron su uso público durante partidos de la Liga Profesional de Fútbol, aunque la campaña busca superar su influencia inicial en el deporte y establecerse como referente transversal para instituciones educativas, culturales y sociales.
Una campaña que busca llegar a todos los ámbitos
Con una premisa simple pero potente, la Tarjeta Azul busca generar un cambio cultural: invitar a la sociedad a detenerse, mirar de otra manera y construir una convivencia más inclusiva.
Para su tercera edición, Semana Azul apuesta a expandir el alcance de la Tarjeta Azul más allá del deporte.
Durante la Semana Azul 2026, la campaña pretende alcanzar nuevos espacios como escuelas, universidades, empresas, hospitales, clubes barriales, espacios culturales y organismos públicos.
El objetivo central es posicionar la Tarjeta Azul como recurso educativo y de concientización accesible para toda la sociedad, con la intención declarada de transformar la manera en que se habla y se actúa ante el autismo.
Este despliegue involucra la distribución de tarjetas en eventos masivos y acciones en la vía pública, así como participaciones mediáticas. Entre las actividades más relevantes previstas destacan la jornada “Miradas que Conectan”, (realizada el 30 de marzo en la Facultad de Derecho de la UBA), maratones, bicicleteadas y eventos organizados por familias y ONGs.
A diferencia de estrategias puntuales o esporádicas, la Tarjeta Azul sumará durante 2026 una campaña de comunicación sostenida durante todo el año, apoyada por figuras del periodismo, el deporte y la cultura. Los organizadores sostienen que este énfasis en la continuidad es clave para avanzar hacia un cambio cultural más profundo.
Miradas que conectan
En el encuentro impulsado por TEActiva en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, organizaciones y familias reclamaron en un documento la elaboración de registros oficiales. Según datos recientes de Encuesta Azul, uno de cada 31 niños recibe confirmación de TEA en Argentina y las cifras se han incrementado más de 400% en dos décadas.
Actualmente, Argentina solo dispone de un registro fragmentario: 148.710 personas tienen certificado de discapacidad por Trastorno del Espectro Autista (TEA), según se consignó en este primer encuentro de la Semana Azul.
El reclamo del documento firmado por diversas ONG —entre ellas, Fundación Brincar,Asociación Argentina de Padres de Autistas, Empujando Límites, PANAACEA, Amigos en Movimiento, Salidas Inclusivas— es que el Estado argentino incorpore indicadores básicos de autismo y neurodivergencias en los sistemas de estadística nacionales, como los elaborados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos y los relevamientos en salud y educación.