El reciente brote de chikungunya en la frontera entre Salta y Tarija llevó a los equipos sanitarios de Argentina y Bolivia a desplegar un operativo conjunto en la ribera del río Bermejo.
Según informó el Gobierno de la Provincia de Salta, la acción comenzó tras la detección de casos y la identificación de criaderos de mosquitos transmisores en zonas comerciales y lugares con acumulación de residuos, como neumáticos en desuso. El objetivo fue contener la propagación del virus y fortalecer la vigilancia epidemiológica en una región fronteriza con tránsito constante de personas.
Hasta el momento se confirmaron 51 casos positivos de fiebre Chikungunya según el Ministerio de Salud Pública de Salta. El foco principal está en la localidad de Salvador Mazza, que concentra 30 casos, según informó El Tribuno.
¿Qué es el chikungunya y por qué preocupa en Salta?
El chikungunya es una enfermedad viral que, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se transmite por la picadura de los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, conocidos por ser los vectores del dengue.
“El dolor intenso en las articulaciones suele ser incapacitante y dura unos pocos días, aunque puede persistir durante meses o incluso años”, advirtió la OPS.
El brote actual en la frontera de Salta y Tarija motivó una reunión binacional en la ciudad de Bermejo, con la participación de autoridades del Ministerio de Salud Pública de Salta, el Servicio Departamental de Salud (SEDES) de Tarija, gerencias hospitalarias y equipos técnicos de ambos países.
Según el reporte oficial, la jornada comenzó con una inspección en la zona ribereña, donde se detectaron sectores propicios para la proliferación de mosquitos, especialmente por la presencia de neumáticos abandonados.
¿Cómo se transmite el chikungunya?
El ciclo de transmisión inicia cuando una hembra de Aedes aegypti o Aedes albopictus pica a una persona infectada y posteriormente a una persona sana.
Estos mosquitos encuentran condiciones ideales para reproducirse en recipientes con agua estancada dentro y alrededor de viviendas, escuelas o lugares de trabajo.
“El mosquito puede completar su ciclo de vida, desde el huevo hasta el adulto, en 7 a 10 días; los mosquitos adultos generalmente viven de 4 a 6 semanas”, detalló la OPS.
La transmisión es más frecuente durante las primeras horas de la mañana y al anochecer, aunque la hembra busca sangre durante todo el día si no logra alimentarse adecuadamente.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS): “Los mosquitos pican principalmente de día y depositan huevos en los recipientes y cavidades donde hay agua estancada”. El contagio entre humanos no se produce por contacto directo, sino exclusivamente a través de la picadura de mosquitos infectados.
¿Cuáles son los síntomas del chikungunya?
El síntoma más frecuente y distintivo del chikungunya es el dolor articular severo, que puede limitar la movilidad y persistir durante meses. A este se suman fiebre alta, dolor muscular, cefalea, náuseas, fatiga y erupciones cutáneas.
Tal como consignó Mayo Clinic: “Al menos el 40% de las personas infectadas pueden presentar dolor articular prolongado”. Los síntomas suelen aparecer entre 2 y 12 días después de la picadura del mosquito, aunque la mayoría de los pacientes mejora en una o dos semanas.
Las complicaciones graves son poco frecuentes, pero pueden afectar a adultos mayores, personas con afecciones crónicas, niños pequeños y embarazadas.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico se basa en la combinación de síntomas y antecedentes de exposición en zonas donde circula el virus.
Existen pruebas de laboratorio, como la RT-PCR y estudios serológicos, que permiten confirmar la infección, especialmente durante la primera semana de enfermedad.
La OMS indicó que “el virus chikungunya se puede detectar directamente en muestras de sangre extraídas durante la primera semana de enfermedad”. Ante síntomas compatibles, las autoridades aconsejan consultar al médico y evitar la automedicación.
¿Cuál es el tratamiento para el chikungunya?
Actualmente, no existen antivirales específicos ni una vacuna de uso generalizado para tratar el chikungunya.
El enfoque terapéutico se centra en el alivio de los síntomas mediante el uso de antipiréticos y analgésicos, hidratación y reposo.
Mayo Clinic recomendó evitar el uso de antiinflamatorios no esteroides hasta descartar dengue, debido al riesgo de hemorragias. La mayoría de los pacientes se recupera completamente, aunque algunos pueden experimentar molestias articulares persistentes.
¿Cómo prevenir? Eliminación de criaderos y protección personal
La principal estrategia para prevenir el chikungunya es la eliminación de criaderos del Aedes aegypti.
La OPS recomendó “evitar la recolección de agua en recipientes al aire libre, cubrir tanques y depósitos, y desechar objetos que puedan acumular líquidos”. El uso de repelentes, ropa que cubra la piel y mosquiteros en puertas y ventanas también reduce el riesgo de picaduras.
Durante brotes, las autoridades pueden aplicar insecticidas y controlar larvas en cuerpos de agua. La OMS subrayó la importancia de la participación comunitaria: “La movilización de las comunidades es fundamental para reducir los criaderos, vaciando y limpiando una vez por semana los recipientes que contengan agua”.
¿Qué acciones realizan Salta y Tarija ante el brote de chikungunya?
El operativo binacional impulsado por el Gobierno de la Provincia de Salta y el SEDES Tarija incluyó inspecciones en sectores críticos, mapeo de criaderos, aplicación de insecticidas y capacitaciones conjuntas.
“La situación epidemiológica requiere una respuesta articulada, ya que se trata de una región con circulación constante de personas”, sostuvo Claudia Montenegro, jefa de Epidemiología del SEDES Tarija, en declaraciones recogidas por el Gobierno de Salta.
El director general de Coordinación Epidemiológica de Salta, Francisco García Campos, resaltó la importancia de “fortalecer el trabajo conjunto entre salud y los municipios de ambas localidades, con intercambio permanente de información y planificación coordinada”.
Las autoridades acordaron reforzar la vigilancia epidemiológica en la frontera, además de campañas educativas y acciones específicas para el control de neumáticos y otros reservorios potenciales. El seguimiento permanente permite detectar rápidamente nuevos casos y evitar que la enfermedad se propague hacia otras regiones.