La vegetación urbana no solo embellece las ciudades: puede marcar la diferencia entre la salud y la enfermedad cardíaca. Un nuevo estudio revela que la presencia de árboles en los entornos urbanos se asocia con menores tasas de infartos y accidentes cerebrovasculares, mientras que los barrios cubiertos principalmente por césped podrían incluso elevar el riesgo cardiovascular.
Estos hallazgos desafían la creencia de que cualquier “espacio verde” es igual de beneficioso y obligan a repensar las estrategias de planificación urbana, especialmente en un contexto de cambio climático y crecimiento acelerado de las ciudades.
Árboles urbanos: un escudo para el corazón
No todos los espacios verdes urbanos ofrecen los mismos beneficios para el corazón. Según un estudio presentado por el portal especializado StudyFinds, la presencia de árboles urbanos visibles se asoció con tasas un 4% más bajas de enfermedades cardiovasculares, mientras que las zonas donde predominaba el césped mostraron un 6% más de casos.
La investigación, liderada por Peter James, de la Universidad de California, Davis, realizó un seguimiento durante 18 años a 88.788 enfermeras residentes en diversas regiones del país, tanto urbanas como rurales.
Los hallazgos, difundidos el 9 de febrero de 2026, ponen en evidencia que no toda vegetación urbana aporta los mismos efectos a la salud pública.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores llevaron adelante un estudio observacional de gran alcance. Analizaron el historial médico de las participantes y emplearon inteligencia artificial para examinar 350 millones de imágenes de Google Street View. Así, mapearon con exactitud la cantidad relativa de arbolado urbano y césped alrededor de los domicilios, permitiendo conocer el entorno que las personas ven en su vida diaria.
Comparación entre árboles y césped: diferencias clave
El análisis demostró que una mayor cobertura de árboles urbanos en un radio de 500 metros se relacionaba con menos infartos y accidentes cerebrovasculares. Este efecto positivo persistió incluso al considerar otros factores de riesgo, como el tabaquismo, la alimentación, la actividad física, el nivel de ingresos y la contaminación atmosférica.
Por el contrario, vivir en áreas dominadas por césped no solo no ofreció beneficios, sino que se vinculó con un aumento de enfermedades cardíacas.
Las explicaciones propuestas por los investigadores señalan que los árboles ofrecen mecanismos de protección: proporcionan sombra durante olas de calor, filtran partículas contaminantes y atenúan el ruido del tráfico, factores todos relacionados con una menor carga para el sistema cardiovascular.
Además, las calles arboladas favorecen el tránsito peatonal y promueven el contacto social. El césped, en cambio, filtra poco la contaminación, ofrece menor sombra y suele estar relacionado con barrios de mayor uso del automóvil y menor actividad física.
Implicancias para la planificación urbana
El mantenimiento frecuente del césped genera ruido y contaminación, efectos ausentes en áreas con árboles maduros. Como advierte StudyFinds, los autores del estudio coinciden en que agrupar todos los espacios verdes bajo una sola categoría puede conducir a interpretaciones erróneas.
“Agrupar los espacios verdes en una sola categoría de exposición limita la investigación epidemiológica y las posibles intervenciones para aumentar los espacios verdes que promueven la salud”, señala James.
Frente al cambio climático y presupuestos limitados, los investigadores proponen priorizar la plantación y conservación de árboles por sobre el mantenimiento extensivo del césped, ya que aumentar la cobertura arbórea podría tener un impacto más significativo en la salud urbana.
Los autores aclaran que la muestra incluyó solo mujeres, en su mayoría blancas, lo que restringe la generalización de los resultados. Además, el estudio no prueba causalidad directa ni descarta por completo otros factores urbanos o sociales.
El análisis también muestra que las imágenes satelitales tradicionales no detectaron la relación con la salud cardiovascular, a diferencia de las imágenes a nivel de calle, lo que resalta la importancia de observar el entorno tal como lo perciben los habitantes.
Para StudyFinds, los datos del estudio invitan a repensar las inversiones en el entorno urbano. Plantar un árbol urbano emerge como una acción sencilla y asequible que podría aportar beneficios concretos para el corazón y la salud cardiovascular de la comunidad, más allá del aspecto visual de los paisajes.