La vitamina B6, también denominada piridoxina, interviene en procesos fundamentales como el mantenimiento de la salud del sistema nervioso, la regulación de los niveles de glucosa en sangre y el metabolismo de proteínas y aminoácidos. Durante el embarazo y la infancia, resulta indispensable para el desarrollo cerebral y la función cognitiva.
La vitamina B6 se encuentra en alimentos como aves, pescados, hígado, papas y frutas no cítricas. Además, la industria la incorpora en productos procesados, cereales, barritas energéticas y multivitamínicos. El consumo global de productos enriquecidos con B6 ha aumentado en la última década, elevando los casos de intoxicación en Estados Unidos. Muchos desconocen la cantidad total que ingieren, ya que está presente en diversos productos diarios.
Mecanismos de toxicidad y síntomas
El organismo no elimina con rapidez el exceso de vitamina B6, lo que favorece su acumulación en los tejidos y puede causar daño nervioso. Los primeros síntomas suelen ser entumecimiento y hormigueo en pies y manos, junto con sensaciones anormales de frío o calor. Si la exposición continúa, pueden aparecer dolor nervioso, debilidad muscular, alteraciones de la presión arterial, fatiga y náuseas persistentes.
Estos signos avanzan de forma gradual, dificultando un diagnóstico temprano. Según estimaciones citadas por expertos de StatPearls, Harvard Health y la Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, entre el 5% y el 10% de los pacientes con neuropatía periférica presentan niveles elevados de vitamina B6 en sangre.
Un estudio publicado en el Journal of the Peripheral Nervous System advirtió que la exposición prolongada a dosis elevadas de vitamina B6 se asocia con neuropatía sensorial y daño a las neuronas, lo que puede derivar en alteraciones neurológicas persistentes, especialmente cuando el consumo excede ampliamente las recomendaciones diarias.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico de intoxicación suele requerir un análisis de sangre específico para verificar niveles anómalos de vitamina B6. La detección temprana es clave para evitar daños irreversibles, aunque en algunos casos, el daño nervioso puede persistir incluso tras suspender la ingesta. El tratamiento consiste en la interrupción inmediata del consumo de suplementos o productos que contengan vitamina B6, junto con seguimiento médico para evaluar la recuperación.
Las autoridades sanitarias han establecido límites diarios para el consumo de vitamina B6, aunque estos varían entre regiones. En Estados Unidos, el máximo recomendado para adultos es de 100 miligramos al día; en Europa el límite es de 12 miligramos y en Australia de 50 miligramos.
A partir de 2027, Australia solo permitirá la venta libre de suplementos con hasta 50 miligramos por dosis diaria, mientras que aquellos que superen los 200 miligramos requerirán prescripción médica. Esta disparidad refleja las distintas evaluaciones sobre el umbral de seguridad y la necesidad de regulaciones más uniformes.
Factores individuales de susceptibilidad
La tolerancia a la vitamina B6 varía considerablemente entre las personas. Factores como el metabolismo, la dieta, la predisposición genética y el uso de ciertos medicamentos pueden modificar la forma en que el organismo procesa y elimina este nutriente. Existen individuos especialmente sensibles, en quienes incluso dosis dentro del rango recomendado pueden desencadenar síntomas adversos. Esta variabilidad ha sido señalada por especialistas en nutrición y respaldada por recientes investigaciones clínicas.
La presencia de vitamina B6 en múltiples productos, bajo formas químicas como piridoxina, piridoxal o piridoxamina, complica aún más su control. El riesgo aumenta cuando se combinan suplementos, bebidas energéticas y alimentos fortificados, ya que resulta fácil superar el límite seguro sin advertirlo.
Además, condiciones médicas como enfermedades hepáticas o renales, así como la interacción con ciertos fármacos, pueden afectar la capacidad del cuerpo para gestionar cantidades elevadas de esta vitamina.
Para minimizar el riesgo de intoxicación, los expertos recomiendan revisar cuidadosamente las etiquetas de los productos, sumar el aporte total de todas las fuentes y evitar la combinación innecesaria de suplementos. Es fundamental consultar con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier suplementación. Frente a síntomas compatibles con toxicidad, la interrupción del consumo suele mejorar la situación, aunque en casos graves la recuperación puede ser lenta o incompleta y requiere seguimiento médico.