“Se aceleran los tiempos. No nos puede pasar que logremos una expresión electoral que pueda ganar las elecciones y después tengamos dificultades para gobernar. Hay que tratar de perder el menor tiempo posible en internas y discusiones que no nos llevan a ningún lado. Hay que hablarle a todo el mundo y escuchar mucho. Se trata de sumar. Se trata de militar”.
En un manifiesto de campaña evidente, y decidido a pararse arriba del acelerador del Clio virtual que sobrevive en la memoria política del peronismo, Axel Kicillof ratificó, sin decirlo explícitamente, su vocación de ser candidato a presidente de la Nación y construir un proyecto político nacional fundado sobre las bases de su gestión en la provincia de Buenos Aires.
En el Aula Magna de la facultad de Ciencias Exactas de la UBA, donde se vivió un clima de campaña adelantado, el Gobernador volvió a hablar de “nuevas canciones” -esa frase que tantos problemas le trajo en la interna del PJ Bonaerense- e insistió sobre una idea que ya expuso el 24 de marzo en la Plaza de Mayo: “A la experiencia de Milei le quedan menos de dos años”.
El acto en el que se presentó MDF Universidad y Ciencia se convirtió en un nuevo punto de partida en el camino hacia la elección del año que viene. Kicillof cambió el tono de su discurso, rodeó de audacia sus definiciones políticas hacia adentro del peronismo y asimiló, autocrítica mediante, que la oposición debe luchar contra el desencanto y el enojo que ellos mismos generaron durante el último gobierno de Frente de Todos.
Durante todo el desarrollo del acto, el Gobernador insistió sobre la necesidad de que la militancia y la dirigencia de la oposición comprenda que una gran parte de sociedad argentina no está atrapa en la lógica de la batalla cultural que ha intentado imponer Javier Milei. “No es que colonizaron las cabezas de todo el mundo”, sostuvo. Y agregó: “No es verdad que los argentinos están en contra de la soberanía, de la universidad pública, de las obras. Nos quieren convencer de eso pero no es así”.
“Hay que mirarse en el espejo y preguntarse qué tenemos que hacer nosotros con los que están desmotivados, con aquellos a los que cuesta entusiasmar. Eso es el MDF”, explicó el mandatario, que estuvo acompañado por los principales ministros de su gabinete. En primera fila estaba Carlos Bianco, Cristina Álvarez Rodríguez, Gabriel Katopodis y Javier Rodríguez. Caras repetidas de un entorno político que está estructurado y activo en el armado nacional.
El mandatario bonaerense volvió a ser muy duro respecto a la gestión de Milei, definió al actual como “un tiempo oscuro” y se mostró seguro de que el Presidente está llevando adelante “un plan de destrucción masiva”, que va más allá del ajuste iniciado en diciembre del 2023 y que está direccionado “a la universidad pública el sistema tecnológico argentino”. En ese sentido, y planteando un escenario futuro de un eventual gobierno, consideró que “no le puede pasar más a la Argentina que su sistema científico intelectual resulte estar ajeno de la experiencia de gobierno”.
Kicillof habló de pasado, presente y futuro. Cambió la marcha de su andar y rompió el primer caparazón de la lógica de sus últimos actos, menos efusivos, menos arriesgados desde lo discursivo y más destinados a sostener los capítulos de la historia que se decidió a escribir. Porque el economista está convencido de ser candidato a presidente y actúa en consecuencia, pero los tiempos del calendario y la atomización del peronismo nacional lo obligan a conservar la cautela.
Su círculo político está atravesado por la convicción de que “hay algo” que cambió en la calle. Y ese “algo” está vinculado a un enojo en crecimiento con la gestión libertaria y una necesidad incipiente, pero marcada, de que haya una oferta electoral nueva de la oposición. Alguien o algo que impida que el ciudadano no se defraude cuando mire a un costado y busque respuestas en el equipo que no tiene camisetas violetas.
“Hay una tarea enorme. El fenómeno de Milei es particular, en un momento particular. Así como en la época de Macri parecía que se iban a quedar mil años y después...”, planteó Kicillof, recordando la etapa del triple gobierno de Cambiemos (Nación, PBA y CABA) en el que había cierto consenso sobre el sistema político de que el macrismo tenía buenas chances de expandirse y prorrogar su supremacía cuatro años más. Todo lo que no sucedió.
En el acto de este jueves se cantó en varias oportunidades “Axel Presidente”, un tema que empieza a ganar volumen con el pasar de las semanas. Kicillof advierte que es el momento de imprimirle otro ritmo a su recorrida pero, sobre todo, a algunas de sus apariciones públicas. Después, con el pasar de los días, tendrá que encontrar el tono con el que le dará continuidad a sus actos. El gobernador bonaerense entiende con claridad que debe imprimirle un mayor vértigo a esta etapa de construcción política. Pero debe también encontrar el equilibrio entre las necesidades reales del electorado y las presiones implícitas de la política.
La vicedecana de la Facultad de Ciencias Exactas, Valeria Levy, describió la malaria del sistema universitario y científico en el comienzo del acto. Apuntó sin titubear contra Milei y sus políticas públicas. Antes de darle la palabra, miró al economista, a quien conoce hace tiempo, y le dijo: “Hoy venís como gobernador. Quizás en un tiempo vengas como presidente”. Kicillof esbozó una sonrisa y se puso con los brazos hacia abajo, tiesos y extendidos. Como una señal de incomodidad mezclada con satisfacción. Todos en ese auditorio sabían que en su cabeza, en ese mismo momento, estaba dando vueltas la idea de ser candidato a presidente de la Nación,