Mauricio Macri en el debate celebrado en 2015 (Adrián Escandar)
Mauricio Macri en el debate celebrado en 2015 (Adrián Escandar)

Mauricio Macri llega a este debate presidencial en un escenario que jamás había imaginado. Nunca pensó que su situación electoral sería tan precaria ni que su principal competidor sería Alberto Fernández, un dirigente que prácticamente no conoce y que, en las primarias, le ganó el centro político. Sin embargo, en esto de los debates tiene gran experiencia.

Macri no es el único de los candidatos que ya participó en otro, el de 2015. Entonces también fue de la partida Nicolás del Caño, el candidato presidencial del FIT. Pero sí es el que más veces participó en debates, en su caso a Jefe de Gobierno, donde compitió en 2003, 2007 y 2011. La primera vez, perdió esas elecciones. Y a partir de 2005, cuando compitió como candidato a diputado nacional, ganó siempre, aunque en las elecciones a cargos ejecutivos solo en segunda vuelta.

Es bueno recordar que hace cuatro años, Cambiemos sacó en las PASO 34.15% y Scioli 37.98%, apenas 4 puntos de diferencia a favor del favorito porque el peronismo fue dividido por la candidatura de Sergio Massa, que obtuvo 21.39%. Ya en la segunda vuelta, Macri alcanzó 51.34 % contra 48.66% que logró Scioli, una victoria con apenas 2.68% más.

 El final del debate del ballotage en el 2015, cuando se enfrentó a Daniel Scioli.
El final del debate del ballotage en el 2015, cuando se enfrentó a Daniel Scioli.

Lo concreto es que Macri es el candidato más acostumbrado a este tipo de escenarios, que para muchos expertos carecen de sentido, porque en general no son capaces de cambiar el voto de los decididos ni de empujar a la decisión de los que aún saben o no contestan en las encuestas, pero que no dejan de tener un margen de riesgo sobre todo para el que va ganando, o tiene segura la elección.

En 2015, Macri no estaba seguro de participar en esa instancia organizada por Argentina Debate, una ONG creada a los efectos de darle mayor institucionalidad a la contienda democrática, para la que el marco de reglas acordadas entre las distintas fuerzas políticas se constituya en la representación de una plataforma de lanzamiento a una democracia más sólida, con mayores consensos, y abierta a la ciudadanía.

Pero como Scioli había decidido no participar, el equipo de comunicación de Macri pensaba que no valía la pena el esfuerzo donde, finalmente, terminaría disputando la escena con Massa que quedó tercero en esas elecciones y con quien ya tenía una mala relación. Fue un asunto muy discutido entonces, y casi se frustra su participación. Pero Macri terminó inclinando la balanza a favor de estar presente.

Así, el todavía Jefe de Gobierno llegó al balotaje posicionándose como alguien que seguía las reglas, aunque no siempre lo beneficiaran. Por eso Scioli no tuvo más remedio que aceptar participar en el debate del balotage, claramente ganado por Macri, su contrincante. Ahora, la situación es distinta: Macri conocía a Scioli tanto como ahora desconoce a Fernández.

Sin embargo, con su equipo volvió a prepararse a fondo. Un gran equipo trabajó en el contenido, Julieta Herrero, Hernán Iglesias Illa, Iván Petrella, Alejandro Rozichner y Daniela Brocco, más una veintena de asesores que fueron recorriendo las oficinas públicas buscando información y contexto para explicar del modo más resumido posible las políticas públicas que son bien valoradas por el electorado, desde la lucha contra las mafias y la corrupción, hasta el transporte y el ordenamiento institucional, incluyendo la política exterior y la promoción de las exportaciones.

Mauricio Macri y Daniel Scioli en el debate presidencial de 2015 (NA)
Mauricio Macri y Daniel Scioli en el debate presidencial de 2015 (NA)

Pero quizás lo más innovador del Macri que se verá esta noche en el auditorio de la Universidad Nacional del Litoral es el rol que ocupará en el escenario. Es el Presidente, pero todo indicaría que le dejará ese lugar simbólico a Fernández, que en las encuestas ya tiene la elección ganada, y se pondrá en el lugar de un joven utópico, casi un hippie que se permite soñar, aunque hoy parezca imposible.

Para eso, Macri se fue preparando en las caravanas que fue realizando por todo el país, donde se fue sacando el peso de la responsabilidad de la gestión, para entregarse a disfrutar el contacto con la multitud, algo que no se había permitido hasta entonces.

Esta nueva experiencia política, un contacto emocional y participativo con manifestantes que no conoce, donde tiene que abandonarse y confiar en que su seguridad no está en peligro y que, si lo está, finalmente nada grave podrá pasarle, supuso una reconfiguración de su personalidad decidida cuando ya no quedaban muchas mas alternativas para llegar al 27 de octubre en condiciones competitivas y el círculo rojo lo daba por terminado.

Para llegar a este punto, el equipo de comunicación analizó las grandes movilizaciones que cambiaron el rumbo de la historia. Se entusiasmó leyendo la marcha de la sal que protagonizó Mahatma Gandhi entre marzo y abril de 1930, cuando desafió al imperio británico que tenía el monopolio de la producción de sal en ese país.

También sobre la que lideró Martin Luther King en 1963, cuando los afroamericanos marcharon sobre el gran mall de Washington contra la discriminación racial y más de 200.000 personas conmovieron al mundo que vio por televisión ese famoso discurso, “yo tengo un sueño”. Y se entusiasmaron con la llamada “revolución cantada” de Estonia, las manifestaciones que se realizaron en junio de 1988 donde se cantaban canciones patrióticas para reivindicar la independencia del país.

Trascendió que a Macri le fueron llegando fotos de esas y otras experiencias de movilizaciones populares, donde a nadie se le pide documento para participar como en los actos 360º que se hicieron para las PASO, y se fue contagiando con la energía social que le llegaba de sus propios electores, que esperaban una empatía de su líder político que, hasta ese momento, nunca había sentido.

Específicamente para el debate, además, tiene preparados algunos trucos. Uno parece obvio, “hacerlo calentar” a Fernández, un político que tiene esa debilidad de saltar rápido cuando algo lo enoja. El otro no es lo tanto. Se supo que se le preparó una información sobre el paso del candidato del Frente de Todos cuando estuvo frente a la Superintendencia del Seguro y se produjeron casos de corrupción que fueron oportunamente denunciados por el periodista Julio Nudler, para ser exhibidos “solo en caso de que sea necesario”, según explicó una fuente involucrada. O sea, “si Fernández repite latiguillos sobre el Correo y cuestiones de ese tipo para la que ya está preparado”.

Igual, piensan que todo va a estar tranquilo. Lo interesante, si sucede, será para la segunda vuelta. Pero se trata de un objetivo que hoy solo puede provenir de un milagro, ya que ninguna encuesta lo dice.

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