Ernesto Calvo (Sandra Cartasso)
Ernesto Calvo (Sandra Cartasso)

El Gobierno no podía haber hecho una campaña muy diferente a la que hizo, tratando "de tapar todos los agujeros por los que la gente percibía su estado de vida cotidiana", dice este profesor argentino radicado en Estados Unidos.

"La política que llevaron adelante durante estos tres años los puso en una situación inexplicable para el votante", agrega, en referencia al hecho de que el Gobierno agravó todos los problemas económicos que había prometido resolver.

En esta charla con Infobae, Ernesto Calvo explica que el 'estamos mal pero vamos bien' pudo funcionar en 2017, cuando Cambiemos sólo llevaba dos años en el Gobierno, pero no ahora, cuatro años después, y con una crisis, un casi default y una inflación galopante en el medio.

También advirtió sobre la necesidad de que no dilapide recursos manejando la crisis en clave de campaña.

Ernesto Calvo es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Northwestern (Estados Unidos) y profesor del Departamento de Gobierno y Política de la Universidad de Maryland-College. Nacido en Argentina, vive en ese país desde 1993.

En esta entrevista, Calvo analiza el resultado de las PASO, la campaña que hizo Cambiemos y su futuro como fuerza política tras una derrota en octubre que considera irreversible. También los distintos escenarios posibles en función de la inestabilidad económica y el rol de Cristina Kirchner en un posible gobierno con Alberto Fernández de presidente.

Calvo publicó este año el libro Non-Policy Politics: Richer Voters, Poorer Voters, and the Diversification of Electoral Strategies, en autoría con la politóloga argentina Victoria Murillo, no traducido aún al español, pero cuyo su título sería "Más allá de la Política Pública: votantes ricos, votantes pobres y la diversificación de las estrategias electorales". En ese texto, analizan los beneficios no relacionados con las políticas públicas que los votantes consideran al decidir su voto, y los tipos de ofertas electorales según su nivel de ingresos.

– Cuando ganó Cambiemos en 2015, todo indicaba que el kirchnerismo había cumplido su ciclo, como pasó en su momento con el menemismo. Sin embargo, Cristina Kirchner conservó una alta adhesión popular, aún en medio de un cúmulo de causas judiciales, y el Frente de Todos hizo el domingo una excelente elección. ¿Cómo lo explica?

– El peronismo siempre ha pasado a cuchillo a sus anteriores conducciones. La renovación se hizo sobre (Ítalo) Luder y la vieja guardia del peronismo. El menemisno hizo lo propio con el cafierismo, y el duhaldismo y el kirchnerismo hicieron lo mismo con el menemismo. Entonces, es atípico que un ciclo que había concluido como el del kirchnerismo, y que había perdido en la anterior elección, sea continuado por una facción del peronismo que lo recupera como grupo. Cristina Fernández gana en las PASO porque logra mantener íntegra a una facción del partido, y después cede el espacio político a una dirección alternativa para que lo lidere.

– ¿En el 2015 Cambiemos se quiso presentar como un cambio cultural que no fue tal?

– Los partidos que tuvieron buenas elecciones y representaron un nuevo movimiento como el alfonsinismo, el menemismo, el kirchnerismo, y también Cambiemos, buscaron arrogarse que ellos eran un cambio democrático y representaban algo nuevo. Pero hay muy pocos momentos en la historia en que eso pasó. Con el radicalismo a principios del siglo XX y con el peronismo a mediados de los años '40 y principios de los '50. No volvió a pasar con otro movimiento. Sí ha cambiado mucho el peronismo como partido político.

-Si se analizan los números, Mauricio Macri no perdió tantos votos respecto de elecciones generales de 2015 por lo que podría decirse que retuvo un electorado que puede considerar propio. Sin embargo, en estas PASO, la diferencia con el candidato peronista fue mucho mayor…

-El macrismo perdió unos 800.000 votos, que no es desdeñable, pero tampoco es un número enorme. La diferencia está en los casi 3 millones de votos que ganó Alberto Fernández respecto de (Daniel) Scioli. Se deben a que en 2015 el peronismo había ido dividido y había mucho más para repartir en el balotaje. Si uno piensa en la cantidad de votos que tienen que cambiar de manos para que el resultado sea otro en las generales, ya no hay mucho para que eso suceda, el 8% de (Roberto) Lavagna y no mucho más. La diferencia significativa, esta vez, fue que el peronismo se volvió a unificar.

– En función de los resultados del domingo, ¿hubo una subestimación del factor económico por parte del Gobierno?

– En el gobierno pensaron que la imagen de la economía que ellos podían proyectar a futuro podía suplir y compensar los costos reales de la macroeconomía en la vida de la gente. ¿Era desquiciada esa suposición? No. En los primeros dos años de gobierno, cuando en las encuestas se le preguntaba a la gente como estaba, decían "mal". Pero cuando se le preguntaba cómo creían que le estaba yendo al país, decían "bien". Este desfasaje es poco común. En general, hay mucha congruencia entre el estado personal y la visión del futuro, y la percepción del rendimiento del Gobierno. Esos dos números estuvieron notablemente separados en los dos primeros años del gobierno de Cambiemos.

– ¿Cómo se explica?

– Buena pregunta. Porque el Gobierno llegó al 2017 como una mala imagen de la economía y, sin embargo, ganó. Aunque entonces el peronismo estaba dividido. Y no hay que olvidarse que entre 2017 y el momento actual, tuvimos una pérdida importante del valor del peso, un casi default que derivó en la negociación con el FMI, y una situación económica que se volvió mucho más grave rápidamente.

– Cambiemos apostó a la polarización extrema con el kirchnerismo, al espejo de Venezuela y al temor del regreso al pasado. ¿Fue una estrategia equivocada?

– Ellos hicieron lo que tenían que hacer para ganar la elección. No se conocen muchos casos en los que una economía como la de Argentina actualmente pueda tener un oficialismo que renueve. ¿Qué hubiera pasado si hubieran hecho otra campaña? ¿Hubieran ganado? No. ¿Había una campaña mejor? Creo que no. Los errores no tienen que ver con la campaña, si no con con la economía y los bolsillos de la gente.

– Entonces, ¿el oficialismo hizo la mejor campaña posible?

– Tuvieron una campaña ordenada. Sabían que para ganar tenían que dividir al peronismo y tener al kirchnerismo como el objeto al que iban a golpear, con lo cual hicieron la campaña que tenían que hacer. El error es la política que llevaron durante estos tres años, que los puso en una situación que es inexplicable para el votante. Uno entiende lo que pasó con la economía, pero ¿cómo le explicás a la gente que un país que tenía ciertos problemas, agudizó esos problemas y por poco llegó al default? Hacer una campaña que fuera más exitosa, dadas las condiciones, implicaba darle una narrativa al votante de que el mundo en el que estaban viviendo era otro del que estaban viviendo.

– ¿El Gobierno se confió en el uso de Big Bata y la segmentación de los mensajes que impusieron Marcos Peña y Jaime Durán Barba?

-Esa estrategia fue exitista, y en cierto punto naif pensar que podían ganar solo haciendo eso. Mucha gente creyó esa halo de invencibilidad que fue creado justamente por una campaña buena y ordenada. Los recursos que utilizaron fueron los apropiados. Pero el escenario era totalmente en contra, por los errores políticos y económicos que cometieron. El Gobierno hizo, en campaña, lo mejor que podría haber hecho, y eso es lo que que explica que se sorprendieran cuando llegó el resultado. Porque tuvieron una campaña que trató de tapar todos los agujeros por los que la gente pudiera percibir su estado de vida cotidiana.

-¿Cómo se explica que haya habido tanta diferencia entre lo que vaticinaban las encuestas y el resultado de las PASO?

– La razón por la que las encuestas funcionan bien en Estados Unidos es porque las hacen las universidades y los medios de comunicación, que invierten en hacer un análisis de cuál es el estado de la política entre los votantes. En la Argentina, los que realmente invierten en encuestas son los partidos, que hacen un tracking continuo para su campaña. Pero esos datos no se usan para el público. Posiblemente en el oficialismo tenían números que les anticipaban una derrota y no los creyeron. Pero no creerlos y no tenerlos son dos cosas distintas.

-¿O sea que al interior de los partidos tenían datos que mostraban la diferencia que arrojaron los resultados?

– Un político amigo me dijo después de la elección: "A nosotros los números nos estaban dando 12 por ciento, pero no los creímos". También se dio que los actores políticos no querían difundir los números que manejaban para no generar un cimbronazo económico. El peronismo no quería decir esos números porque no quería ser acusado de desestabilizar la economía, porque si gana la presidencia tiene que vivir con esa economía. Y el Gobierno no tenía incentivo para mostrar esos números porque para hacer una elección que fuera viable, los números de las PASO debían estar más o menos cerca.

– ¿Qué debería hacer el Gobierno después de su derrota en las PASO?

– Lo primero que se le tiene que exigir al gobierno es responsabilidad, y responsabilidad significa que no dilapide los recursos económicos del Banco Central y del FMI para producir una estabilización ficticia cuando después no hay recursos para sostener esa estabilización. El gobierno tiene que ser responsable y debe manejar la crisis económica como tal, y no como una crisis de campaña.

Alberto Fernández y Mauricio Macri hablaron por teléfono pero aún no se encontraron
Alberto Fernández y Mauricio Macri hablaron por teléfono pero aún no se encontraron

– ¿Un encuentro entre Alberto Fernández y  Macri ayudaría a la inestabilidad económica actual? ¿O si acordaran algunas políticas para iniciar una transición ordenada?

– Alberto Fernández no tiene nada para hacer porque no es un candidato electo. No hay posibilidad de diseñar una política pública por parte de alguien que no está en el gobierno. El Gobierno tiene que decidir si es Gobierno o es un partido que está detrás de una elección.

– El Gobierno apuesta a recuperar votos en octubre y llegar a balotaje. ¿Tiene chances?

-No, ninguna. El 47% que obtuvo Alberto Fernández va a ser cerca de un 51-52% en la primera vuelta, porque se excluyen en el conteo los votos en blanco. O sea que va a estar casi 7 puntos arriba de ganar en primera vuelta. El Gobierno puede tener la expectativa de ganar 4 o 5 puntos, pero Fernández tendría que perder 7 puntos respecto de las PASO, para llegar a un balotaje. Y si se llegara a eso, después el Gobierno tiene que subir 10 puntos más.

– Entonces las recientes medidas que anunció el Gobierno para inyectar dinero en el bolsillo de la gente, ¿ llegan tarde?

– El hecho de que el Gobierno dilapide recursos, no pensando en un plan de estabilización, si no solo en cómo ganar la elección, me parece extremadamente irresponsable. Esos recursos son críticos para estabilizar la economía a partir de enero del año que viene. El mercado internacional está pensando en un posible default, independientemente de quien sea el candidato electo en las generales. En este momento en Estados Unidos, la presunción no es que con un candidato hay default y con el otro, no. El mercado cree que va a haber algún de tipo de renegociación por la imposibilidad de cumplir con los compromisos acordados, para salir de esta crisis sin que la economía colapse.

– ¿Puede sobrevivir Cambiemos como fuerza política si pierde en octubre? ¿Puede volver a ser competitiva?

– Creo que sí. El 2020 va a ser muy difícil en lo económico y Cambiemos puede tener una narrativa que, si ellos hubieran seguido siendo gobierno, hubieran hecho las cosas distintas. Haber terminado con un apoyo electoral cercano al 30% pone a Cambiemos como la principal oposición y le permite pensar en el 2023. Siempre que la economía no colapse y Cambiemos no pase a ser el gobierno que produjo otro 2001. Garantizar que el próximo gobierno pueda estabilizar la situación económica y salir de la actual crisis sin una debacle es absolutamente clave, también para la supervivencia de Cambiemos como principal partido de la oposición. No sé que clase de futuro político podría tener Cambiemos si la economía argentina colapsa y el gobierno pierde todas las perillas de control.

– ¿Alberto Fernández puede generar una identidad propia que permita surgir el "fernandismo" en desmedro del kirchnerismo?

– El peronismo siempre tiene alguien que maneja el colectivo, pero nadie es el dueño. ¿Alberto Fernández puede ser la persona que conduzca ese colectivo y no sea disputado como el conductor de ese colectivo? No lo dudo. Eso siempre ha pasado en el peronismo. Incluso con Néstor Kirchner cuando asume con posición muy débil y como una creación política de (Eduardo) Duhalde, y en dos años de gobierno tomó las riendas del gobierno y unificó a los sectores que se habían fragmentado. Alberto Fernández va a estar en la presidencia, y será quien asigne los recursos presupuestarios y defina las políticas claves después de enero, mientras que la vicepresidencia no tiene recursos institucionales. La presunción de que hay un control telepático por parte de de Cristina Kirchner para imponer sus preferencias a un presidente cuando éste tiene la suma del poder institucional, es un mote de campaña. Fernández va a tener la posibilidad de negociar con todos los sectores y, si bien va a tener mucho conflicto para disciplinar a todas las fuerzas dentro del peronismo, va a tener todo a favor para manejar el partido con unidad.

– En esta línea de razonamiento, ¿cuál va a ser el rol de Cristina Kirchner si el Frente de Todos gana las elecciones?

– Mucho menor que el que la mayoría de la gente piensa y el que el Gobierno ha intentado atribuirle. No está en el interés de nadie debilitar la figura de Alberto Fernández, que va a ser el futuro presidente si gana, y va a tener un bajo perfil como en la campaña, al menos durante un tiempo. En este momento, el peronismo tiene dos facciones: el kirchnerismo y el peronismo más tradicional. Pero el kirchnerismo sabe que cualquier tipo de gobierno, para poder funcionar, necesita de un peronismo ampliado y eso solo se puede sostener sobre Alberto Fernández, no sobre Cristina.

– ¿Eso puede durar en el tiempo?

-Va a depender mucho del estado de la economía en 2020 y cuáles son los márgenes de maniobra para paliar las consecuencias sociales de las crisis que este gobierno ha disparado. Por otro lado, la viabilidad política del gobierno de Alberto Fernández depende de que no haya una ruptura interna. Cristina es una política con mucha experiencia y no va a hacer lo que hizo "Chacho" Álvarez de romper una coalición de gobierno. Hacerlo en Argentina implica desestabilizar al poder político y producir consecuencias económicas serias.

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