Marcos Novaro
Marcos Novaro

Marcos Novaro tiene una intensa vida académica, sin embargo, se da el tiempo para participar de los debates en los medios y de escribir, de tanto en tanto, libros enfocados en explicar asuntos complejos de nuestro pasado y nuestro presente, como Peronismo y democracia o El caso Maldonado. El sociólogo, investigador principal del CONICET y profesor de Teoría Política Contemporánea de la UBA, ahora publicó Dinero y poder. Las difíciles relaciones entre empresarios y políticos en la Argentina, un riguroso ensayo donde ilumina sobre mitos y prejuicios, buscando reconstruir los lazos que ataron cada etapa para hacerse las preguntas que lleven a despejar caminos. En los últimos días, además, firmó junto a más de 150 personalidades de la cultura, la ciencia y la academia un documento pidiendo el voto para Mauricio Macri en estas elecciones. "Creo que hay expectativas ciertas de que el segundo gobierno sea mejor que el primero", dijo para resumir los motivos de su adhesión.

– Arranca el libro citando una frase de Enrique Pescarmona, quien dijo que los empresarios argentinos están obligados a adaptarse a cada tiempo, porque aquí siempre está primero la política y la economía. ¿A dónde apuntó Pescarmona?

– Fue en IDEA y estuvo muy sincero, reflejó un estado de animo de ls empresarios que en la era Kirchner extremaron esa relación donde la política tenía que imponerse a la economía y no al revés, a la que se fueron adaptando. Se fundaba en una lectura de los 90, según la cual había pasado lo opuesto, o antes, desde 1976, cuando el poder económico impuso el neoliberalismo. Los Kirchner vendrían a corregir eso y los empresarios tuvieron que acomodarse, y lo hicieron hasta que la radicalización y los malos resultados determinaron que los costos fueran demasiado altos y los beneficios cada vez más escasos. Recién ahí abandonarían esa adaptación que, en rigor, se fue dando a lo largo de casi un siglo en nuestro país, en el sentido de que la economía argentina siempre estuvo muy politizada, solo que en tiempo de los Kirchner hubo un grado inédito de control y subordinación que generó más y más conflictos.

– ¿Es verdad ese mito que dice que los empresarios brasileños son mejores que los argentinos en términos de defensa de los intereses nacionales y de su vocación competitiva?

– Es un mito que esconde varias confusiones, a pesar de que es compartido por mucha gente, incluso buena parte de los propios empresarios. Hay más similitudes entre algunos empresarios argentinos y algunos brasileños, que entre distintos grupos argentinos. Porque hay muchas diferencias entre distintos tipos de empresarios argentinos, y los mismos empresarios se comportan distinto en distintas actividades y situaciones. El contexto es casi siempre determinante, porque si algo saben los empresarios locales es olfatear los cambios que se vienen, las oportunidades que se obren o se cierran. Lo aprendieron después de décadas de inestabilidad. Por ejemplo. El primer ministro de la producción de Macri, Francisco Cabrera, salió a denostar a los empresarios locales por su falta de espíritu inversor y emprendedor. Y, al poco tiempo, el reemplazante, Dante Sica, los reivindicó como sobrevivientes de todo tipo de tormentas y desgracias, casi héroes. La verdad está un poco en el medio o, mejor dicho, los dos tienen razón. Aldo Ferrer decía que si traemos empresarios alemanes y los implantamos acá, en dos meses están comprando dólares.

El último libro de Marcos Novaro.
El último libro de Marcos Novaro.

– ¿Y el mito de que el empresario argentino es rentista porque nació de tierras que distribuyó Julio A. Roca?

– Desde los estudios de Jorge Sábato y Jorge Schvarzer se habla del rentismo que atribuyen a la clase terrateniente, o a la oligarquía, que luego heredaron los industriales que imitaron esos comportamientos. Hay una parte de verdad, porque esa clase terrateniente original había tenido que adaptarse a la fuerte fluctuación de los precios de sus exportaciones. Pero en estudios de historia económica más reciten, se demostró que en el agro la tasa de inversión fue relativamente alta desde un principio y hasta hoy se mantiene más alta que en otros sectores. Así que yo no diría que el agro contagió el rentismo, más bien nos heredó la adaptabilidad o flexibilidad que, en un  ambiente cada vez más desfavorable para las inversiones de riesgo, luego se convirtió en prácticas rentistas.

– ¿El peronismo le hizo bien o mal al empresario argentino?

– Es otro de los temas de discusión interminables, tanto en la academia como en la política. Fue un proceso muy complicado que, sin duda, arrojó resultados desfavorables en varios aspectos, entre ellos la generalización de relaciones particularistas y prebendarias, lo que se llama capitalismo político. También, cierre de la economía y búsqueda de autarquía, esfuerzo por sostener las condiciones extraordinarias que habían regido en la guerra y habían permitido que floreciera la producción de casi cualquier cosa en el país. Pero por sobre todo, un régimen laboral y sindical que el propio Perón intentó infructuosamente desmontar desde 1950, y no pudo. Les legó el problema a los gobiernos posteriores y hasta hoy sigue siendo un gran nudo gordiano.

– Pero, ¿el peronismo impulsó o no un proceso de industrialización?

– Lo impulsó, sin dudas, aunque ya venía de antes, y con fuerza. Pero las tareas que estaban pendientes para una economía competitiva no fueron resueltas por el peronismo. El triángulo entre una sociedad salarial muy regulada y onerosa, regímenes especiales y protección para muchas ramas de la industria y un estado que administraba compensaciones específicas con discrecionalidad, en perjuicio de las regalas de juego generales y la estabilidad económica, es lo que nos legó el peronismo. Y no difiere demasiado de lo que nos heredó hace poco el kirchnerismo.

– ¿Cuándo se entendieron mejor política y empresa?

– Yo lo que trato de analizar en el libro es cómo se entendieron en distintos momentos, y diría como conclusión que siempre encontraron la forma de resolver sus problemas, aunque en ocasiones con perjuicios considerables tanto para la macro como para las reglas de juego generales. También es interesante reconstruir, y yo lo intento para varios momentos críticos de nuestra historia, los momentos de máximo entendimiento, cuando gobiernos y empresas se entusiasmaron con los mismos proyectos. Sucedió al comienzo de varios experimentos autoritarios, que a poco de andar se revelaron muy destructivos, como sucedió entre 1966 y 1969, y de nuevo entre 1976 y 1980. Y sucedió con gobiernos democráticos, con Menem y la convertibilidad, y de nuevo con Duhalde y en el comienzo de Kirchner.

– ¿Cómo se llevaron los empresarios con Kirchner?

– Hago una reconstrucción de ese ciclo distinguiendo etapas. Una primera como decía recién de descubrimiento y entusiasmo, que dura al menos hasta 2005, luego de una consolidación del proyecto kirchnerista y adaptación empresaria, que para algunos se interrumpe en 2008 y para muchos otros sigue hasta 2012. Y una receta de radicalización y pérdida de dinamismo económico, en que los empresarios, sobre todo la cúpula, va pasando de los "negocios sin voz a la voz sin negocios".

Hombres de empresas salen de una reunión con Macri el pasado 22 de abril. Novaro dedica un capítulo a analizar la relación entre el Presidente y los empresarios. (Adrián Escandar)
Hombres de empresas salen de una reunión con Macri el pasado 22 de abril. Novaro dedica un capítulo a analizar la relación entre el Presidente y los empresarios. (Adrián Escandar)

– ¿Macri entiende el mundo de las empresas o lo estigmatiza más que ningún otro presidente?

– Sobre la experiencia de Macri me detengo en el último capítulo del libro y trato de analizar por qué el llamado "gobierno de los ricos" se llevó tan mal con buena parte de los ricos. En parte, creo que tuvo que ver con el regeneracionismo que animó al primer Macri, la idea de que entre los defensores del statu quo, el llamado círculo rojo, había muchos empresarios, sobre todo los mejor organizados. Y por tanto, a ellos, que eran los promotores del cambio, les convenía no relacionarse mucho con ellos, mantener las distancias y crear vínculos personales y radiales con "nuevos empresarios", los "emprendedores", los unicornios. Por suerte, la crisis los obligó a revisar alguna de esas premisas ingenuas y esquemáticas.

– ¿El círculo rojo tiene posición tomada en estas elecciones?

– Creo que así como el Gobierno se vio obligado a revisar sus tesis a raíz de la crisis, también los empresarios se asustaron de lo que ella podía provocar, un regreso a la peor versión del populismo, y por tanto reactivaron al menos en parte su actividad asociativa, que había sido muy intensa al final del kirchnerismo. Pero luego decayó, un poco por la falta de interés del Gobierno en promoverla, o siquiera prestarle atención. Hoy diría que, de todos modos que los empresarios, igual que buena parte de la sociedad tiene un diagnóstico bastante realista y moderado de lo que puede resultar de estas elecciones. Si gana Macri, habrá probablemente iniciativas reformistas, pero no es seguro que vayan a tener éxito. Y si ganan los Fernández es incierto qué dirección quieran o puedan tomar, pero es evidente que no podrán escaparle a la continuidad del ajuste, así que tampoco es que lo se teme es el regreso del populismo, más bien creo que el temor principal es al desorden. Y con razón.

– Cuando Cristina habla de que hubo capitalismo en su gobierno, ¿de qué está hablando?

– Creo que es una discusión interesante, de lo poco que se puede decir interesante en esta campaña, y no es casual que la haya disparado Pichetto, cuando puso en palabras algo que en tres años y medio los macristas no pudieron explicar: nosotros queremos una economía capitalista, en cambio los kirchneristas no, o no se sabe, porque juegan con fuego. La verdad es que Cristina también tiene un poco de razón, ellos no son socialistas como Chávez. Son capitalistas, solo que de un capitalismo políticos que hemos visto ya cómo funciona, lo que puede ofrecer, también es cierto además, que juegan con mantener abierta una puerta anticapitalista creyendo que con esa amenaza pueden disciplinar al capital. Eso ya lo intentaron, y lo único que lograron fue fuga de capitales e inversión por el piso, incluso en sectores de alta rentabilidad.

 

– Es uno de los firmantes del documento de intelectuales que piden el voto a la fórmula Mauricio Macri-Miguel Angel Pichetto, ¿Vio la cantidad de agresiones que sufrieron muchos por expresar esa adhesión? ¿Lo esperaba?

– Bueno, yo soy reincidente en esta adhesión a Macri, no es la primera vez que lo hago. Es cierto que por la crisis económica sea el momento más difícil para expresar un apoyo al Gobierno, pero me parece que las críticas son más moderadas que en otros momentos, cuando Macri no estaba tan mal y la oposición estaba muy desorientada y los ánimos más caldeados que ahora. Llegaron a decir que Macri era la dictadura y es algo que ahora no se dice. Yo creo que el kirchnerismo se dio cuenta que si seguía por un camino agresivo como fue en el 2017 iba a seguir perdiendo y, en alguna medida, está actuando como un colchón de contención de la crisis. Como la gente que está dispuesta a hacer despelote cree que el kirchnerismo puede ganar, no hace despelote y es más bien propensa a mostrarse moderada y no dar expectativas revolucionarias o ridiculizadas.

– ¿Y a qué se debe, entonces, que repita su adhesión?

– El Gobierno no la hizo tan mal, más allá de los evidentes errores que cometió. Aprendió a corregirlos en términos de la gestión económica, de su excesivo voluntario, pasó de una apuesta a una gestión muy chiquita a algo más amplio. Creo que hay expectativas de que el segundo gobierno de Macri puede ser mejor que el primero.

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