— ¿Cómo trabaja esta Agencia y desde cuándo trabaja?
— La Agencia Colombiana para la Reintegración es una entidad que existe hace 13 años, se fundó el 2003 y desde esa época lo que hacemos es acompañar a las personas que han dejado las armas en el tránsito de hombres combatientes a hombres ciudadanos, un tránsito difícil, pero posible. Hemos ido perfeccionado una modelo de atención que nos permitió tener un éxito del 76 por ciento de personas que han ingresado voluntariamente. Solo atendemos mayores de edad, por encima de los 18 años.
— Tantos guerrilleros como paramilitares, por lo que estuve leyendo.
— En Colombia se han desmovilizado en los últimos 13 años 59 mil guerrilleros y paramilitares, 36 mil de las autodefensas, 22 mil de las guerrillas, 18 de FARC y 4 mil del ELN. De esas personas, voluntariamente entraron al programa 49 mil, y nosotros atendemos a los tres grupos.
— ¿Qué quiere decir atenderlos? ¿De qué se trata el trabajo que hacen?
— Lo hacemos con cuatro componentes. Primero, atención psicosocial, la estabilización emocional. En promedio son chicos que han durado 15 años en la guerra, el 46 por ciento de los que ingresaron dicen haber sido reclutados como menores de edad, es decir, son víctimas. Probablemente es lo único que han visto en su vida producto de la desatención y lo que hacemos es acompañarlos. También hacemos alfabetización, educación primaria y secundaria para adultos.
— ¿Hay casos de analfabetos?
— El 75% de los que recibimos llegan como analfabetos funcionales. Hoy el 82 por ciento no es analfabeta. Tercer componente, formación para el trabajo, técnicos, complementarios, tecnólogos. Logramos que 26 mil personas tengan un oficio o profesión. Hoy el 74 por ciento de los 49.000 que entraron a nuestro programa están trabajando, produciendo, mejorando sus condiciones de vida para ellos, sus familias y su comunidad.
— ¿Por impulso de quién o de qué se creó esta agencia? Quiero decir, ¿qué proceso histórico estaba viviendo Colombia cuando arrancó esto?
— Esta agencia es de la presidencia de la República, trabajo directo para el presidente, mi jefe directo es el presidente y la presidencia. Este trabajo arranca en el 2003, cuando el presidente Uribe empieza la conversación con los paramilitarles y se decide romper con el modelo anterior que implementamos para el M-19 y otros grupos que se desmovilizaron a finales de los 80 y principios de los 90, que fue un proceso de transición que cambió la cultura política colombiana. Se decide cambiar ese modelo y hacer un plan de corto plazo, sería de 24 meses. Rápidamente nos dimos cuenta de que esa atención de corto plazo no funcionaba y fuimos profesionalizando este esquema metodológico para llegar a la robustez de este modelo que manejo yo hoy en día.
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— Infobae América (@InfobaeAmerica) 7 de octubre de 2016
— Debe ser un modelo único en el mundo.
— Es absolutamente único, es el mejor modelo de reintegración, no dicho por mí, sino por quienes han manejado procesos de desarme, movilización y reintegración en el mundo las Naciones Unidas, Banco Mundial y la Comisión Europea. Es un programa de largo plazo, no es asistencialista, sino que genera oportunidades desde la dignidad y la humanidad para transformar los comportamientos violentos.
— ¿Y, dígame, se sorprendió con el resultado del plebiscito del domingo?
— Absolutamente, no me lo esperaba, pensé que iba a ganar el sí, por estrecho margen, pero que iba a ganar. Afortunadamente veo que la dirigencia política ha generado una respuesta de consenso, de llamado al diálogo. El liderazgo del presidente Santos, un verdadero demócrata, tenemos una democracia que funciona, el proceso electoral está auditado en forma independiente. Muchos creían que se iban a robar los votos y se demostró que no. Vi gente manifestándose a favor de esta nueva etapa.
— ¿Es optimista con relación al proceso de paz? ¿Habrá un nuevo acuerdo, tal vez?
— Yo espero que sí. Veo la mayor disposición del presidente, vi con sorpresa y con agrado las alocuciones tanto del ex presidente Pastrana como del ex presidente Uribe. El llamado de la dirigencia es a la calma, a pensar con cabeza fría y a encontrar soluciones prontamente.
— ¿Por qué cree que la sociedad colombiana se pronunció de ese modo?
— Primero, la participación que tuvimos en Colombia es la histórica, un 70 o 75 por ciento de abstención es lo habitual. La sorpresa es el estrecho margen. De últimas es la respuesta a un conflicto de más de 50 años. Los que menos han padecido la guerra tuvieron el temor a entrar a la dimensión de la paz, del respeto a otro, de romper con la indiferencia que fue funcional para sobrevivir en la guerra y la confrontación. Ahora hay que fundar nuevos valores ciudadanos, la solidaridad, el entendimiento del otro. Me parece que la sociedad está planteando que tenemos que resolver esto, el conflicto más antiguo de América Latina, el más violento, el más profundo. A pesar del resultado negativo, creo que se enfatizan varios mensajes, una democracia sólida que valora un presidente democrático, y una clase dirigente que se da cuenta de que tiene una responsabilidad con el futuro de Colombia.
— ¿Está prevista una participación de la ACR en este nuevo proceso de paz?
— No hay país en el mundo con la capacidad que Colombia ha desarrollado para construir escenarios de paz, incluida la Agencia que tengo el privilegio de dirigir. Yo estuve varias veces en La Habana conversando con el equipo negociador colombiano, tuve conversaciones con los miembros del secretariado de las FARC y estoy convencido de que la experiencia que tiene la Agencia será fundamental para materializar en el largo plazo el acuerdo.
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