El pie diabético puede avanzar de una lesión imperceptible a una amputación si no recibe atención médica a tiempo. Esta complicación aparece en personas con diabetes que presentan daños en los nervios y en los vasos sanguíneos de los miembros inferiores. La pérdida de sensibilidad puede ocultar una herida pequeña, mientras que la reducción de la irrigación limita la capacidad del cuerpo para repararla.
El cirujano vascular, angiólogo y especialista endovascular Jafar Abudaba Rondón, de la Clínica San Pablo, explicó que el problema puede comenzar con una ampolla, una rozadura o una úlcera que el paciente no identifica por falta de dolor. Si los niveles de glucosa permanecen fuera de control, la lesión puede infectarse y comprometer tejidos cada vez más profundos.
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El especialista definió el pie diabético como la presencia de inflamación, infección o úlceras en los miembros inferiores de una persona con diabetes. La afección combina dos factores: el deterioro de los nervios, que disminuye la sensibilidad, y la enfermedad de los vasos sanguíneos, que impide que la sangre llegue en cantidad suficiente a la zona afectada.
La falta de dolor puede retrasar la detección de una herida
La neuropatía diabética altera la capacidad de percibir dolor, temperatura o presión. Por ese motivo, una persona puede caminar con una piedra dentro del zapato, sufrir una quemadura o lastimarse con una costura sin advertirlo. Cuando detecta el problema, la herida puede haberse convertido en una úlcera de mayor tamaño.
La disminución del flujo sanguíneo agrava el cuadro. La sangre transporta oxígeno, nutrientes y células que intervienen en la reparación de los tejidos. Si una arteria está comprometida, la cicatrización se vuelve más lenta y el riesgo de infección aumenta. Una herida que parece menor puede extenderse si no recibe tratamiento oportuno.
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Abudaba Rondón señaló que los gérmenes pueden ingresar por la piel dañada y avanzar hacia tejidos blandos, huesos o articulaciones. En esos casos, el abordaje médico busca controlar la infección, retirar el tejido afectado y recuperar la circulación cuando exista una obstrucción arterial. La rapidez de la consulta influye en las posibilidades de preservar el pie.
El cuidado cotidiano comienza con un control adecuado de la diabetes y una revisión diaria de ambos pies. El paciente debe observar la planta, los talones, los espacios entre los dedos y las uñas. Si tiene dificultades para hacerlo, puede utilizar un espejo o pedir ayuda a un familiar. La búsqueda debe incluir zonas rojas, cambios de color, ampollas, hinchazón, cortes, callosidades o secreciones.
La revisión diaria y el calzado adecuado reducen el riesgo de úlceras
El uso de zapatos adecuados forma parte de la prevención. El médico recomendó elegir calzado cómodo, con espacio suficiente para los dedos y sin costuras internas que generen fricción. Si un zapato provoca dolor, presión o una lesión en la piel, debe dejar de utilizarse antes de que cause una úlcera.
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Las plantillas de descarga también pueden ser necesarias en pacientes con zonas de presión elevada. Estos dispositivos distribuyen el peso corporal y reducen la carga sobre áreas que presentan deformidades, callosidades o lesiones previas. La indicación debe realizarla un profesional, porque un elemento mal adaptado también puede ocasionar daños.
Durante la temporada de calor, los hábitos cotidianos requieren mayor atención. Las piscinas, las playas, las sandalias y el caminar descalzo exponen los pies a golpes, cortes, quemaduras o infecciones. Para Abudaba Rondón, la educación del paciente es una herramienta central: conocer los riesgos permite actuar antes de que una lesión evolucione hacia un cuadro de mayor complejidad.
La consulta médica debe ser inmediata ante cualquier herida, aunque no genere dolor. También se recomienda buscar atención si el pie presenta aumento de temperatura, inflamación, enrojecimiento, mal olor, cambio de coloración o salida de líquido. El dolor no es un requisito para que una lesión sea grave en una persona con diabetes y daño neurológico.
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El tratamiento requiere especialistas para preservar la extremidad
El manejo del pie diabético demanda la participación de un equipo multidisciplinario. Cirujanos vasculares, traumatólogos, endocrinólogos, enfermeras especializadas en curaciones y cirujanos plásticos pueden intervenir en distintas etapas, según el estado de la herida, la circulación y la presencia de infección.
La prioridad es conservar la extremidad con procedimientos que limiten el daño. Cuando es posible, el equipo recurre a curaciones, antibióticos, limpieza quirúrgica de los tejidos afectados y medidas para descargar presión del pie. Si existe una obstrucción arterial, puede ser necesario realizar una revascularización para restablecer el flujo sanguíneo.
El especialista sostuvo que una amputación menor, como la de un dedo, puede ser necesaria para impedir que la infección avance. Sin embargo, remarcó que el objetivo es evitar amputaciones de mayor nivel. A medida que aumenta la extensión de la amputación, disminuyen las posibilidades de sobrevida del paciente, según explicó.
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