En distintas culturas, el tótem representaba identidad, protección y cohesión del grupo. Derribarlo era, por tanto, mucho más que tumbar un objeto: suponía desafiar aquello que simbolizaba.
Algo parecido intentó el pasado 2 de septiembre el senador Humberto Morales, de Juntos por el Perú, durante la presentación de Julio Velarde ante el Senado para su ratificación al frente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Lo que bien pudo ser una oportunidad para reconocer una de las pocas instituciones públicas peruanas cuyo prestigio trasciende gobiernos e ideologías terminó en un peculiar intento por desmerecer sus resultados.
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Al escuchar los reconocimientos a Velarde, Morales sentenció que simplemente había cumplido el trabajo encomendado “y punto”. Curiosa manera de minimizar una trayectoria de casi veinte años al frente del BCRP, atravesando seis presidencias, recurrentes crisis políticas, una crisis financiera internacional, una pandemia y el mayor episodio inflacionario global de las últimas décadas.
Cumplir el trabajo, por cierto, no es poca cosa en el Estado peruano. Algo que, paradójicamente, no todos quienes hoy ocupan una curul podrían exhibir con la misma tranquilidad.
Velarde preside el BCRP desde octubre de 2006. Durante buena parte de ese período, la inflación peruana se mantuvo alrededor del rango meta. Incluso después del choque internacional que llevó la inflación de fin de período a 8.5% en 2022, esta retrocedió a 3.2% en 2023, 2% en 2024 y 1.5% en 2025.
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La pandemia ofrece otro ejemplo. Frente al desplome económico de 2020, el BCRP redujo rápidamente su tasa de referencia hasta 0.25% y desplegó instrumentos extraordinarios para garantizar liquidez. A través de las operaciones vinculadas a Reactiva Perú se adjudicaron más de S/55,000 millones, mediante subastas competitivas que permitieron canalizar créditos a tasas excepcionalmente bajas hacia empresas en uno de los momentos más difíciles de nuestra historia reciente.
Luego vino el desafío contrario. La recuperación mundial, las disrupciones logísticas y el aumento internacional de alimentos y energía dispararon la inflación. El BCRP endureció oportunamente su política monetaria, llevando la tasa de referencia hasta 7.75%. La inflación regresó posteriormente al rango meta.
Los resultados tampoco han pasado inadvertidos fuera del Perú. Velarde fue elegido por The Banker, del grupo Financial Times, Banquero Central del Año a nivel mundial en 2015 y Banquero Central de las Américas en 2020 y 2022. Global Finance también le otorgó su máxima calificación como banquero central en 2021.
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Pero sería un error convertir esto únicamente en una historia sobre Julio Velarde. Detrás existe una institución con equipos técnicos altamente calificados, reglas claras, autonomía y una cultura organizacional construida durante décadas. Precisamente allí radica el verdadero valor del BCRP: haber conseguido algo demasiado escaso en el Perú, que una institución sea más fuerte que la coyuntura política.
Por eso resulta llamativo el empeño de algunos sectores por desacreditarla. Morales intentó cuestionar a Velarde con argumentos sobre la inflación estadounidense. Bastaron respuestas breves para recordarle que la inflación de Estados Unidos no tiene por qué trasladarse mecánicamente al Perú si el Banco Central hace correctamente su trabajo.
Tampoco es la primera vez. A fines de 2024, congresistas de Perú Libre increparon a Velarde por empleo, salarios y demandas sociales, evidenciando un preocupante desconocimiento de las funciones constitucionales del Banco Central.
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Cuestionar instituciones y funcionarios es indispensable en una democracia. Nadie debe ser inmune al escrutinio. Pero cuestionar exige argumentos, conocimiento y evidencia, especialmente cuando se pretende desacreditar una institución cuyos resultados pueden medirse.
Para tumbar un tótem cimentado en autonomía, capacidad técnica y resultados se necesita bastante más que ideología y grandilocuencia.
Una vez más, lanzaron la piedra. Y una vez más, terminó rebotándoles.
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