¿Por qué seguimos tratando la salud bucal como un tema aislado del bienestar general, cuando la evidencia científica indica todo lo contrario? En Bangkok, Tailandia, representantes de los países miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se reunieron por primera vez en su historia para discutir exclusivamente sobre salud bucodental. De ese encuentro surgió una frase que resume décadas de evidencia científica: “No hay salud sin salud bucodental”.
Las enfermedades bucodentales no son un problema menor ni aislado, según la OMS, son la condición de salud más prevalente a nivel mundial. La evidencia vincula la enfermedad periodontal con condiciones sistémicas como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares1 y el deterioro cognitivo asociado al Alzheimer.
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En el Perú, ese panorama se refleja con crudeza: nueve de cada diez personas ha tenido caries alguna vez en su vida, y hasta más de un 80% presenta algún grado de enfermedad periodontal. ¿Seguimos tratando la boca como un órgano aislado del resto del cuerpo, cuando la ciencia demuestra justamente lo contrario?
Frente a este panorama, la odontología como ciencia no se ha quedado atrás. Estamos viviendo una transformación tecnológica que hace apenas cinco años era impensable, la odontología digital ha reemplazado, en muchos consultorios, el clásico molde de yeso por escáneres intraorales que capturan la boca del paciente en segundos y permiten imprimir el modelo en 3D. Se trata de un avance especialmente valioso para nuestro país, ya que hoy la clínica que escanea al paciente y el laboratorio que diseña o fabrica la prótesis pueden estar en regiones distintas, trabajando en simultáneo y a distancia.
Sin embargo, toda esta tecnología es, en el fondo, solo una herramienta; su verdadero impacto depende de quién esté detrás de ella. Ahí está el verdadero reto, saber quién forma a los cirujanos dentistas capaces de operar ese flujo digital, incorporando la inteligencia artificial como eje central de su formación. La respuesta recae, inevitablemente, en las instituciones educativas. La calidad de esa formación determinará si el Perú logra cerrar, o seguir ampliando, la brecha entre lo que la ciencia ya puede hacer y lo que efectivamente llega al paciente.
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Son cifras que ubican a la Odontología peruana en una posición de liderazgo dentro del panorama regional, y que confirman que el camino trazado va en la dirección correcta.
Ese es, en el fondo, el estándar que la Declaración de Bangkok fijó como meta para el año 2030, integrar la salud bucal en la cobertura sanitaria universal. Cumplirla no depende de un solo actor, sino de que el gobierno, las instituciones educativas y el sector salud sigamos apostando, todos, por formar profesionales que entiendan la salud bucodental como lo que realmente es, una pieza inseparable de la salud de todo el país.
La ciencia ya demostró que puede hacerlo. La pregunta que nos queda es si el resto del sistema está dispuesto a acompañarla al mismo ritmo.
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