En 2025, la economía de Lima Metropolitana creció 3.3% y mantiene casi dos años seguidos de crecimiento continuo, según el INEI. Este mayor dinamismo permitió que las empresas ampliaran sus actividades y generen más empleo. Sin embargo, este mecanismo no llegó a todos por igual, pues miles de jóvenes aún encuentran dificultades para acceder a un trabajo y construir una trayectoria laboral.
Así, mientras el total de la población ocupada aumentó, el empleo de los jóvenes de 14 a 24 años cayó 9.5% durante el 2025 y sigue sin recuperar los niveles prepandemia, según la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN). A esto se suma que 7 de cada 10 jóvenes ocupados trabajan en la informalidad, una situación que limita su acceso a beneficios laborales como gratificaciones y acceso a seguros de vida y salud.
Parte de esta realidad se explica por la falta de capacidades debido a una desconexión entre lo que los jóvenes estudian y lo que necesita el mercado. Según el Sistema de Información Universitaria (2026), cerca del 20% de los universitarios estudia Derecho o Psicología, cuando las carreras más solicitadas están vinculadas a Sistemas y Ciencias de la Tierra. En cuanto a profesionales técnicos, la situación tampoco mejora, pues el mercado solicita especialidades como Mecánica y Metalurgia pero estas apenas representan el 5.6% de los estudiantes de instituto en Lima Metropolitana.
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Además, según un estudio realizado por Oswaldo Molina (2025), los empleadores consideran que algunas de las razones por las que los jóvenes no logran acceder a un empleo formal son la falta de experiencia laboral y las carencias de habilidades blandas.
En línea con ello, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2022), mientras más tiempo esté un joven en situación de desempleo, tiene menos oportunidades de acumular experiencia laboral y aumenta la probabilidad de que termine en el sector informal, lo cual limita aún más sus oportunidades de desarrollo y las de sus familias futuras.
Por ello, es necesario promover espacios que brinden orientación vocacional y talleres que permitan a los jóvenes conocer las carreras y especialidades más demandadas por el mercado laboral. ‘Asimismo, se debe fortalecer la educación superior y organizaciones estudiantiles en donde los jóvenes puedan desarrollar sus habilidades blandas.’ Por último, se deben ampliar los programas de prácticas, experiencias formativas como los Cursos de Extensión y reforzar el esquema de formación dual, en el que los jóvenes combinan sus estudios con experiencia laboral en empresas, de modo que puedan adquirir experiencia.
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Las próximas autoridades nacionales y locales deberán priorizar estas medidas para facilitar la inserción laboral juvenil y permitir que la región de Lima Metropolitana pueda aprovechar mejor su capital humano. Esto contribuiría a elevar la productividad, reducir la informalidad y fortalecer la competitividad de la región. Solo así el crecimiento económico podrá convertirse en una verdadera oportunidad para las nuevas generaciones.
(*) Kenny Condori Vicente es estudiante de Economía en la UNMSM, practicante preprofesional de investigación en Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) y es Embajador de la Red de Jóvenes Líderes del Instituto Peruano de Economía (IPE) de la región Lima.
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