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Evitemos el segundo golpe después de El Niño

Hay una dimensión menos visible y decisiva: evitar que miles de pequeños negocios pierdan acceso al crédito justo cuando más lo necesitan

Trabajos de prevención en el Callao por Fenómeno El Niño. (Foto: Gob.pe)

Jorge tiene una pequeña empresa que vive entre la formalidad y la informalidad. Paga cuando puede, cumple cuando puede y crece cuando el entorno lo permite. Hoy está preocupado por el próximo Fenómeno de El Niño. Sigue las noticias y los pronósticos con la sensación de que algo grande se viene, pero sin saber cuánto podrá resistir.

Ya pasó por ediciones anteriores. Sabe que las lluvias no solo traen agua: traen caminos cortados, clientes que dejan de comprar, proveedores que no llegan, mercadería que se malogra y días en los que abrir el negocio no tiene sentido.

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También sabe algo más: apenas aparece la amenaza, la financiera que normalmente le presta para capital de trabajo se vuelve más cautelosa y endurece el acceso al crédito. La entiende. Ha visto a vecinos quebrar no porque quisieran dejar de pagar, sino porque el desastre les cerró el negocio de golpe.

Cuando hablamos de mitigar las consecuencias de El Niño solemos pensar en defensas ribereñas, maquinaria, alimentos, bonos o reprogramaciones de deuda. Todo eso puede ser necesario. Pero hay una dimensión menos visible y decisiva: evitar que miles de pequeños negocios pierdan acceso al crédito justo cuando más lo necesitan.

Proteger a una empresa como la de Jorge no es proteger una razón social en abstracto. Es proteger el ingreso de una familia, el empleo de dos o tres trabajadores, la cadena de proveedores del barrio y la relación de confianza que una entidad financiera construyó durante años. Si esa empresa cae, el costo social supera largamente el saldo de su préstamo.

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El problema es que, ante la incertidumbre, el sistema financiero tiende a tomar una postura defensiva. Ante el riesgo de mayores moras, menos ventas y mayor incertidumbre, suelen reducir montos y volver más exigentes los requisitos para acceder a financiamiento. Jorge queda así atrapado en una posición compleja: necesita liquidez para prepararse y resistir, pero el crédito se escasea antes de que empiece la emergencia.

Una respuesta inteligente sería diseñar un producto de financiamiento combinado, o blended finance, que junte tres piezas: crédito, garantía y seguro catastrófico.

El crédito le da a Jorge capital de trabajo oportuno. La garantía parcial permite que la financiera siga prestando sin cargar sola con todo el riesgo. Y el seguro se activa si El Niño produce un impacto severo y medible, como lluvias extremas, inundaciones o interrupciones significativas en la zona donde opera el negocio.

La lógica es simple. Antes de las lluvias, Jorge recibe la renovación de su línea de crédito para comprar inventario, proteger mercadería, reforzar su local, asegurar transporte alternativo o digitalizar parte de sus ventas. La financiera no cierra la llave porque una garantía comparte el riesgo. Y si el evento catastrófico ocurre, el seguro cubre una parte previamente definida de las obligaciones o pérdidas, evitando que Jorge caiga automáticamente en mora y pierda su historial crediticio.

La clave es no pretender que un solo instrumento financiero cargue con todos los riesgos. Cada capa de riesgo requiere una herramienta distinta. El crédito permite actuar a tiempo. La garantía mantiene abierto el canal financiero cuando aparece la incertidumbre. El seguro protege frente al evento extremo que ninguna pequeña empresa puede absorber por sí sola. Cada instrumento hace una parte del trabajo; juntos pueden evitar que un shock climático se convierta en una crisis de crédito.

El Perú suele llegar tarde a sus emergencias. Primero esperamos que pase el huaico, luego contamos los daños y recién entonces improvisamos alivios. Pero en el caso de los pequeños negocios hay un riesgo adicional: que después del golpe climático venga un segundo golpe financiero. Si el crédito se cierra justo cuando las empresas necesitan recuperarse, la catástrofe no termina con la lluvia; continúa en la ventanilla de la financiera.

Una política pública moderna no debería limitarse a reconstruir después del desastre. Debería impedir que el sistema financiero, por razones comprensibles pero costosas, amplifique el daño. El Niño no se puede evitar. Pero sí podemos evitar que sus consecuencias financieras arrasen, como un huaico silencioso, con miles de pequeños empresarios.

Eduardo Morón, presidente de Apeseg

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