Cada cambio de gobierno reabre la discusión sobre las prioridades del país. Hablamos de crecimiento económico, productividad, empleo, infraestructura y seguridad. Sin embargo, rara vez colocamos en el centro de esa conversación un asunto que condiciona el avance de todos los demás: la formación de talento científico.
El Perú aspira a diversificar su economía, generar mayor valor agregado e impulsar una transformación productiva basada en la innovación. Pero no alcanzaremos ese objetivo únicamente mediante la incorporación de nuevas tecnologías. Necesitamos personas capaces de comprenderlas, desarrollarlas y adaptarlas a nuestra realidad. Usar tecnología no es lo mismo que entender la ciencia que la hace posible. En esa diferencia se juega nuestra capacidad de pasar de consumidores de innovación a productores de conocimiento.
El sistema científico nacional ha registrado avances, aunque todavía enfrenta brechas importantes. Según el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica, el Perú cuenta con alrededor de 15 mil investigadores residentes. Es una comunidad que ha crecido en los últimos años y constituye una base valiosa; sin embargo, cuando observamos con mayor detalle la composición de esa base científica, aparece un reto todavía mayor.
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De acuerdo con el Colegio de Físicos del Perú, existen menos de mil físicos registrados a nivel nacional, cifra que resulta especialmente elocuente para un país que aspira a diversificar su economía, generar mayor valor agregado y sostener una transformación productiva basada en la innovación. Es decir, queremos, y necesitamos, competir en una economía impulsada por el conocimiento, pero todavía contamos con una base reducida de profesionales formados para comprender, adaptar y producir buena parte de ese conocimiento.
La física ocupa una posición particular en este ecosistema porque forma profesionales capaces de modelar sistemas complejos, trabajar con grandes volúmenes de datos, desarrollar instrumentación y trasladar principios fundamentales hacia nuevas tecnologías.
Esta transformación responde a una tendencia global. La UNESCO ha señalado que las ciencias básicas constituyen la base de innovaciones que impulsan sectores estratégicos como la energía, la salud, los materiales avanzados y las tecnologías digitales. En otras palabras, “detrás de buena parte de las soluciones que hoy impulsan la competitividad de las economías existe una sólida formación científica.”
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Por ello, fortalecer el talento científico no debería verse únicamente como una tarea del sistema educativo. También es una política de desarrollo económico. Significa consolidar carreras STEM, promover una formación basada en fundamentos sólidos, impulsar la investigación aplicada y fortalecer los vínculos entre universidades, centros de investigación y empresas para acelerar la innovación.
En ese contexto, ampliar las oportunidades de formación en ciencias básicas deja de ser una decisión exclusivamente académica. Es una apuesta por desarrollar las capacidades que el Perú necesitará para responder a los desafíos de las próximas décadas y competir en una economía donde el conocimiento es el principal motor de crecimiento.
El talento científico no se improvisa cuando una crisis lo vuelve necesario. Requiere continuidad, visión y una apuesta que sobreviva a los ciclos políticos. Menos de mil físicos no es solo una cifra: es una señal de la distancia que todavía debemos recorrer para construir una economía capaz no solo de adoptar tecnología, sino también de generar el conocimiento y las soluciones que necesitará en el futuro.
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