Las empresas peruanas ajustan sus presupuestos y revisan el costo de sostener oficinas vacías

En el segundo semestre de 2026, los directorios vuelven a medir alquiler, mantenimiento y servicios, mientras los esquemas de trabajo siguen cambiando y obligan a recalcular cuántos metros se requieren y por cuánto tiempo

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Las empresas peruanas revisan con mayor rigor el costo de mantener una oficina vacía en el segundo semestre de 2026. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El costo de mantener una oficina vacía —alquiler, mantenimiento, servicios y metros subutilizados— se convirtió en una variable que las empresas peruanas revisan con mayor rigor en el segundo semestre de 2026, cuando los presupuestos se ajustan y los modelos laborales siguen en transición.

La pregunta que domina la agenda corporativa ya no es cuántos metros cuadrados ocupa una compañía, sino cuántos necesita realmente y con qué velocidad puede modificar esa decisión si la operación cambia.

En Lima, el mercado de oficinas Clase A registró una vacancia de 10,71% al cierre del primer trimestre de 2026 y una absorción neta de 17.763 m², según la consultora inmobiliaria Binswanger. El dato confirma demanda activa, pero también una selección más exigente: las empresas ya no evalúan solo el precio por metro cuadrado, sino la ubicación, los servicios incluidos, la conectividad y la capacidad de ajustar el espacio sin quedar atadas a estructuras poco funcionales.

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La agenda corporativa en Perú se centra en cuántos metros cuadrados necesita realmente cada empresa y con qué velocidad puede ajustar esa decisión.

El costo de la rigidez inmobiliaria

Durante años, el mercado corporativo operó bajo una lógica predecible: contratos largos, metrajes fijos y oficinas pensadas para equipos que asistían todos los días. Ese modelo convive ahora con compañías que crecen por proyecto, áreas que se reorganizan con mayor frecuencia y equipos que no trabajan de manera presencial en forma permanente.

En ese escenario, una mala decisión inmobiliaria puede convertirse en un gasto difícil de corregir. Una oficina sobredimensionada presiona los costos fijos. Una demasiado limitada puede frenar el crecimiento. Y una poco adaptable obliga a asumir compromisos que no acompañan el ritmo real del negocio.

El 48% de los trabajadores en Perú ya labora de manera completamente presencial, pero el modelo híbrido sigue siendo el preferido por el 54%. (Andina)

Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica, sostiene que el mercado regional atraviesa una etapa en la que la flexibilidad inmobiliaria gana peso no solo por los cambios en la forma de trabajar, sino también por la necesidad de las empresas de preservar margen de maniobra. “Cuando el mercado ofrece alta certeza, muchas empresas pueden optar por contratos inmobiliarios tradicionales de largo plazo. En escenarios de mayor incertidumbre, en cambio, los formatos flexibles permiten ajustar espacios, plazos y configuración de equipos sin comprometer la operación futura. Esa capacidad de adaptación es precisamente el valor que hoy buscan muchas compañías”, señaló.

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La flexibilidad, en este caso, no aparece solo como un atributo laboral: también entra en la discusión financiera, ya que permite modificar metros y plazos sin que cada cambio operativo represente una carga adicional para la empresa.

Presencialidad recuperada, pero con otra lógica

La tensión sobre el uso de las oficinas se profundiza por un dato del mercado laboral. El estudio IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral, elaborado por WeWork y la consultora de recursos humanos Michael Page, indica que el 48% de los trabajadores en Perú ya labora de manera completamente presencial, frente al 16% registrado en 2023. Sin embargo, el modelo híbrido continúa siendo el preferido por el 54% de los encuestados.

WeWork Latinoamérica afirmó que la flexibilidad inmobiliaria permite ajustar espacios, plazos y equipos sin comprometer la operación futura.

Ese contraste transforma el cálculo empresarial. Aunque la presencialidad recuperó terreno, no lo hizo bajo el mismo modelo de antes. Si una parte de los equipos asiste solo algunos días y ciertas tareas pueden resolverse fuera de la oficina, el espacio físico debe responder a usos más específicos: reuniones estratégicas, mentoría, colaboración, integración, atención a clientes o capacitación. Menos metros por costumbre y más espacios pensados para funciones concretas.

Hidalgo describe ese cambio como una reconfiguración del rol de la oficina dentro de la estrategia operativa. “Para algunas compañías, el reto será no sobredimensionarse; para otras, asegurar espacios que puedan ajustarse a equipos híbridos, áreas por proyecto o cambios en la operación. En ambos casos, la rigidez termina convirtiéndose en un costo”, advirtió.