Mientras el Perú espera la proclamación oficial de un resultado electoral que se define por un margen mínimo, el Ranking Aequales 2025 muestra qué tan cerca están las empresas peruanas de garantizar los derechos de su personal LGBTIQ+, sin depender de ningún gobierno.
Esa espera prolongada tiene un costo que rara vez se nombra: la incertidumbre institucional que no se distribuye igual entre toda la población. Pesa más sobre las poblaciones cuyos derechos aún no están plenamente institucionalizados (personas con discapacidad, adultos mayores, mujeres, pueblos indígenas, población LGBTIQ+, entre otras), porque para estas la garantía depende todavía de coyunturas y ciclos políticos, y no de una estructura que las proteja por sí misma, sin importar quién gobierne.
Ahí aparece la pregunta que de verdad le compete a una empresa: ¿Cuáles de las garantías que hoy ofrece a su personal LGBTIQ+ dependen todavía de la coyuntura o del liderazgo de turno, y cuáles ha construido para que no dependan de ella? El Ranking Aequales Perú 2025 permite responder con datos dónde hay avances reales en esa gestión y dónde la intención todavía no se traduce en estructura.
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El primer dato, dentro del contexto, es alentador. El 57% de las empresas participantes prioriza la diversidad sexual y de género dentro de su estrategia organizacional. El 64% reconoce explícitamente a las familias homoparentales o monoparentales en sus beneficios de bienestar; sin embargo, aquí es cuando debemos observar con atención. Solo el 55% extiende de forma explícita a su personal LGBTIQ+ los mismos beneficios que ya existen para todo el equipo, como la póliza de salud para la pareja o los días libres por matrimonio. Es decir, hay más empresas dispuestas a reconocer que esa familia existe que empresas dispuestas a darle, en la práctica, lo mismo que a cualquier otra.
Algo parecido ocurre con el nombre social y los pronombres: 53% lo garantiza, pero solo 16% lo respalda con un protocolo formal. Esta es otra señal de que el
Ahí está la oportunidad y no depende de una segunda vuelta. La incertidumbre política, venga de donde venga, seguirá siendo una variable que las empresas no controlan. Lo que sí controlan es esa brecha: entre la estrategia y el resultado, entre el reconocimiento cotidiano y la estructura que lo sostiene, entre incluir a todo el personal en la conversación y dejarla pendiente.
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El Perú seguirá esperando el resultado electoral oficial. Las empresas, mientras tanto, ya tienen sus propios resultados sobre la mesa. Cerrar esa brecha no depende de ningún gobierno, depende de lo que decidan hacer al respecto.